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Estos son los seis peores padres del mundo animal lince




El Demonio de Tasmania




Aun si sólo conoces al demonio de Tasmania de las caricaturas de Warner Bros., puedes adivinar que su vida familiar no es una maldita pintura de Norman Rockwell. Libra por libra, los demonios de Tasmania tienen la mordida mamífera más fuerte en el mundo. Lo comen todo hasta los huesos, y después se comen los huesos… y después las ropas y zapatos. Son unos malvados malditos glotones que masticarán a través del metal si están de humor para eso.

Reciben su entrenamiento en badasserío animal desde temprano, pues su primer acto en la vida es básicamente un duelo a muerte en la Cúpula del Trueno donde menos de 1 de cada 10 sobrevivirá. El problema es que la madre dará a luz hasta a 50 cachorros… pero sólo tiene 4 dispensarios de lactación (alias pezones) con los cuales alimentarlos.

Y los demonios de Tasmania no comparten una mierda. Porque hay sólo 4 espitas de leche, sólo 4 cachorros sobrevivirán. Así de simple. Tan pronto como nacen, hay una carrera para ver quien consigue una de las boquillas de alimentación de mami. Quien sea que llegue primero y pueda agarrarse gana.

Los restantes 46 se mueren de hambre en horas.

En resumen, la naturaleza pasa por los problemas de crear 50 recién nacidos que se retuercen y después deja que el 92% de ellos mueran casi inmediatamente por ninguna razón aparte de enfatizar el argumento de que compartir es para perdedores.

El Pez Aguja




Puedes estar consciente de que los caballitos de mar machos dan a luz: es uno de esos factoides peculiares con el que tratan de llamar tu atención en la clase de ciencias de cuarto grado. Pues, es lo mismo para el pez aguja (que es miembro de la misma familia que el caballito de mar). Las hembras pasan los huevos al macho, quien los guarda en su vientre hasta que crecen. Naturalmente hace a los peces aguja sonar como los padres más devotos en la tierra. Pero después los científicos notaron algo bastante extraño: a veces los bebés faltaban.

Para resolver este misterio, los científicos rociaron a la madre con aminoácidos ligeramente radioactivos. Desafortunadamente, el experimento fue un fracaso estrepitoso, porque el pez aguja mamá no desarrolló ningún súper-poder. No obstante, les dejó rastrear los huevos y descubrir que papá estaba comiéndoselos como palomitas de maíz embriónicas. Ahora, puedes decir que esto no es tan extraño en cuanto a animales se trata: los animales son estúpidos, después de todo, y un día a papá probablemente sólo le dio hambre y estaba como "¡Hey! ¡Alguien dejó unos huevos aquí!"

Pero los investigadores también descubrieron que los machos se comerían más de los embriones de hembras pequeñas o poco atractivas. A veces abortarán/comerán hasta a la mitad de las crías de una pareja feúcha. Al restringir el flujo de nutrientes al marsupio, los bebés son dejados para que luchen por los escasos recursos. Sólo los fuertes sobreviven… y papá consume al resto. Lo que tiene sentido. Si vas a tener hijos feos, ¿por qué no sólo comérselos antes de que salgan?

La ciencia especula que el pez aguja hace esto porque simplemente no quiere desperdiciar recursos en crías que no son genéticamente aptas (léase, las feas). Y sí, devoran bebés y son superficiales.

El león




Uno, ya sabe que un león macho que se convierte en jefe de la manada, por lo general va a matar a todos los cachorros engendrados por el líder anterior. Uno podría pensar que son los peores padrastros del reino animal, pero también, son muy buenos padres de sus propios cachorros. Lo que hace que los leones sean tan malos padres es una combinación de avaricia y pereza. Papá león pasa la mayor parte de su día tirado a la sombra, esperando a que una de sus esposas le lleve algo que comer. La hembra hace todo: caza para comer y se ocupa de casi la totalidad de la crianza de los hijos. El trabajo del hombre es proteger su territorio de otros animalejos carroñeros como las hienas. Una vez que la leona trae a casa la comida, el león macho es siempre el primero en comer y deja las sobras para el resto de la manada, incluyendo a cualquiera de sus hijos recién destetados. Si la temporada de caza viene mala, un macho alfa dejará que sus esposas e hijos mueren de hambre.

El oso pardo




Es raro que un padre del reino animal se coma a los hijos cuando no está desesperado por comida, pero el oso pardo se caga en el amor filial y hace precisamente eso. Estos “papitos” son muy protectores de su territorio, que puede abarcar hasta 3 kilómetros. Estos osos son cazadores oportunistas, dispuestos a matar y comer todo lo que se cruce en su camino, incluso a sus propios cachorros. Eso significa que mamá osa, tiene que ser archi sobreprotectora, no sólo asegurarse de poder alimentar bien a sus cachorros y enseñarles cómo sobrevivir por sí mismos, sino también asegurarse de que sus pequeñitos no se metan en el territorio paterno.

El gobio




Del mismo modo, el gobio sabe perfectamente cómo proteger a sus huevos de los depredadores, pero aunque tenga un montón de comida de sobra, seguro se va a comer alrededor de un tercio de su cría. Se realizo una investigación para saber cómo elige que huevos comer y cuales salvar y la respuesta fue que el tamaño importa: los gobios macho tienden a comerse los huevos más grandes. En muchas especies, los bebés grandes significan una mayor probabilidad de supervivencia, y por lo tanto, son los miembros más protegidos de la familia, pero el gobio sabe que los huevos más grandes toman más tiempo para salir del cascarón.

La vinchuca




Con un nombre como así, nadie esperar que este insecto sea un dulce, pero el canibalismo filial sigue siendo bastante desagradable. El papá se encarga de la protección de sus huevos hasta que eclosionan. Su táctica para la supervivencia, consiste en comer los huevos en los bordes, de esta manera protege a los del interior que tienen más probabilidades de ser víctimas de las avispas parásitas. Esta estrategia defensiva es tan natural, que los insectos lo hacen, incluso en entornos de laboratorio desprovistos de cualquier tipo de peligro. Los científicos creen que esto se debe a que el macho, no sólo protege a las crias contra los parásitos, sino que también proporciona a la vinchuca, con abundantes nutrientes para cuando el alimento escasea. Curiosamente, estos bichos tienen un lado bondadoso y al igual que los hombres son algunos de los poquisimos insectos que están dispuestos a adoptar crías de otros padres.


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