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Evangelio del día 2-Acepto opiniones y respondo todo comment



Hola, ésta es la continuación de mi post anteriór (El de ayer). Vuelvo a decir mis intenciones: quería hacer este post para saber cuáles son sus opiniones acerca de Dios, Jesus, o en lo que sea que crean. Acepto todos los comentarios/opiniones de todos, siéntanse libres de comentar su religión! (O su no religión) Si quieren pueden leer solo la "Explicación", solo el Evangelio o directamente comentar. Respondo todos los comentarios que crea que se necesita una respuesta.



Lean la lectura, y después miren los comentarios de este otro post (el de ayer): http://www.taringa.net/posts/offtopic/18199768/Evangelio-del-dia-Acepto-opiniones-y-respondo-todo-comment.html

Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,47-54):

En aquel tiempo, dijo el Señor: «¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros. Por algo dijo la sabiduría de Dios: "Les enviaré profetas y apóstoles; a algunos los perseguirán y matarán"; y así, a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas derramada desde la creación del mundo; desde la sangre de Abel hasta la de Zacarías, que pereció entre el altar y el santuario. Sí, os lo repito: se le pedirá cuenta a esta generación. ¡Ay de vosotros, maestros de la Ley, que os habéis quedado con la llave del saber; vosotros, que no habéis entrado y habéis cerrado el paso a los que intentaban entrar!»
Al salir de allí, los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras.


Una MINI-Explicación, para los pajeros que no tienen ganas de leer el más largo:

Evangelio. No nos podemos salvar solamente observando leyes y confiando en nuestras prácticas religiosas. Nos salvamos sencillamente por la bondad de Dios que se nos reveló en Cristo Jesús. Incluso nuestra fe es don de Dios, y esta fe nos librará del pecado y nos hará participar de la bondad y el amor de Dios. A los escribas -legalistas del tiempo de Jesús- les resulta difícil entender esto, como también ahora a los legalistas de nuestro tiempo. No pueden entender que todo es gracia...



En todas nuestras naciones hay muchos monumentos a los personajes principales de su historia. Eso no significa que fuesen reconocidos en su época como tales. Más bien, en muchos de los casos, sucedió exactamente lo contrario. El reconocimiento llegó después de su muerte. Eso no pasa sólo en las naciones, en el mundo civil. Ha pasado también en nuestra querida Iglesia Católica. Pienso ahora en los teólogos condenados o puestos en cuestión poco antes del Concilio Vaticano II y actualmente reconocidos incluso por la misma Santa Sede: Teilhard de Chardin, Henrio de Lubac, Marie-Dominique Chen, Jean Danielou, Yves Congar, Von Baltasar. Algunos de ellos recibieron de los papas posteriores al Concilio el birrete cardenalicio.
¿A dónde voy con todo esto? Algo muy sencillo: no somos mejores que nuestros padres. Lo que hicieron ellos es muy probable que lo volvamos a hacer nosotros. Los profetas, los que nos traen nuevas perspectivas, los que nos sacan de nuestras casillas, siempre lo tienen difícil. Nos incomodan y por eso suelen terminar mal. Le pasó a Jesús. Le pasó a muchos de sus seguidores. ¿Por qué no le va a pasar también a los profetas de nuestros días?
¿Qué podemos hacer? Muy sencillo: abrir bien los ojos y los oídos para escuchar la palabra de Dios que está presente en los textos sagrados pero también en la voz de nuestros hermanos y hermanas y en los acontecimientos de nuestro mundo. Cuando algo nos incomode gravemente, nos haga sentir mal, no rechazarlo por principio sino abrir el corazón. Quizá sea Dios mismo que nos está llamando a cambiar de vida.
Pienso en Monseñor Romero, obispo de San Salvador, asesinado. Era un hombre muy sencillo, tradicional. No pretendía ni quería hacer grandes cambios. Pero cuando llegó a su diócesis escuchó la voz de su pueblo, fue sensible a su sufrimiento. Y actuó en consecuencia. No se dejó llevar por la tradicional prudencia eclesiástica. Y denunció con valor a los que causaban ese dolor innecesario e injusto. Le costó la vida. Pero es que seguir a Jesús tiene eso: hay que entregar la vida para resucitar con Él.

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