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Falta un dia para el #13N





Falta un día para que miles de ciudadanos salgan a la calle, para hacer escuchar sus reclamos.
Pedidos contra la inseguridad, la inflación, la corrupción y los deseos del poder político de perpetuarse en el poder, vapuleando las instituciones, se harán sentir de forma masiva.
El Gobierno K, y particularmente la presidente Cristina Kirchner, siguen demostrando la misma soberbia. Y en sus discursos intenta construir un país que sólo puede existir en su imaginación. Actualmente, la mitad de los chicos que cursan el secundario abandonan la escuela (hay más de un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan). Y la mayoría de aquellos que logran graduarse cuando llegan a la Universidad muestran que no tienen la mínima formación elemental en contenidos como Matemáticas como para poder superar un examen de ingreso de carreras relacionadas con las ciencias duras.






Obviamente, para el desarrollo estratégico de un país, una profesión como la ingeniería es fundamental. Pero en la Argentina, los planes estratégicos brillan por su ausencia desde hace décadas, la economía depende exclusivamente de las exportaciones de commodities con poco o nulo valor agregado y la industria se reduce a ser una mera ensambladora de partes que se construyen en otros países del mundo.
Asimismo, las escuelas técnicas aún sienten el cimbronazo de la nefasta reforma educativa de los años ‘90, aplicada por el menemismo y apoyada por los Kirchner, que en aquel entonces gobernaban Santa Cruz. Esa reforma convirtió a la escuela pública, que era considerada como el lugar de transmisión del saber por excelencia, en un mero comedor, donde miles de chicos reciben lo que puede llegar a ser su único alimento del día.






Hasta sectores muy humildes hacen un esfuerzo descomunal para pagar una cuota para poder mandar a sus hijos a escuelas privadas, porque saben que el sistema educativo estatal, salvo algunas honrosas excepciones, lamentablemente no está brindando las herramientas para que los jóvenes puedan desenvolverse en el complejo mundo que nos toca vivir.
La soberbia extrema del Gobierno se puso de manifiesto, además, con las declaraciones del senador Aníbal Fernández, uno de los principales lameculos de la administración K, que no se puso colorado al calificar a los ciudadanos que pacíficamente salen a reclamar, de ser parte de una suerte de conspiración de la “ultraderecha”.
De ultraderecha, en realidad, es la política económica de un gobierno que permite y avala que un puñado de multinacionales sigan saqueando nuestros recursos naturales, contaminando algunas de las fuentes de agua dulce más importantes del mundo; de ultraderecha es hacer que millones de compatriotas estén condenados a tener que sobrevivir con las limosnas del Estado y del clientelismo político, en lugar de generar las condiciones para que haya empleo genuino y progresar socialmente en virtud del esfuerzo y del trabajo realizado.
No existe conspiración alguna. La inmensa mayoría de los ciudadanos que han decidido movilizarse para pedir cambios son profundamente democráticos, y quieren que se cumpla a rajatabla con el orden constitucional. Eso implica que Cristina Kirchner deje de ser presidenta en diciembre de 2015.





El famoso “que se vayan todos”, que tanto se escuchó en la crisis de 2001, nada tiene que ver con el actual contexto político. Pero ello no implica quedarse con los brazos cruzados mientras flagelos como la inseguridad, el narcotráfico, la inflación y la corrupción siguen generando muerte y miseria en nuestro país, que aún conserva todo su potencial para volver a la senda del progreso y el desarrollo sostenido. Un año es tiempo más que suficiente para, al menos, sentar las bases de un cambio.
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