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Femen, verdades al desnudo




FEMEN al desnudoHoy mismo (10 DE FEBRERO) Femen ha protagonizado una protesta con tres activistas frente al exjefe del FMI y exdirigente del PSF Dominique Strauss- Kahn, a su llegada al juicio al que se enfrenta acusado de proxenetismo. Sin embargo, aún siendo de las que considera el feminismo como absolutamente necesario y admitiendo acciones de protesta coherentes en este movimiento, continúo manteniendo mis reticencias hacia el mismo.

Cuando Femen hizo su primera incursión en Túnez, comencé a escribir artículos sobre este movimiento femenino de origen ucraniano para el periódico digital MUNDIARIO. Mucho interés suscitaba por aquel entonces en el público, la irrupción de unas chicas jóvenes “de buen ver” que protestaban en topless en Túnez durante la Primavera Árabe, en el mes de mayo de 2013. Casi al tiempo, una célula de Femen se creaba en España, liderada por una jovencísima estudiante universitaria asturiana llamada Lara Alcázar. Fue en aquel momento cuando me encargaron escribir un libro sobre Femen, movimiento que en principio me resultaba desconcertante y al que me esforzaba por intentar comprender e, incluso, apoyar.

Durante muchísimo tiempo me dediqué a investigar y recopilar información y, conforme avanzaba en este proceso, menos entendía su auténtica base y estructura, ni tampoco a sus integrantes ni sus propósitos. Personalmente, en un principio, traté de justificar el modo de protesta, que en sí mismo podría tener sentido, revirtiendo el significado patriarcal del desnudo femenino y lo hice desde una perspectiva de interpretación psicológica del juego de significados y simbologías, partiendo de una paradoja intrínseca: desnudarse con fines políticos, cumpliendo además, casi a la perfección, con los estándares de belleza occidental.

En todo momento, me planteé escribir, no tanto para el público general, sino que siempre he visto en Femen un movimiento de nuevo cuño con potencial enorme para explorar cuestiones académicas que se plantean en los estudios de feminismo, psicología, sociología, ciencia política, opinión pública, medios de comunicación de masas y la sociedad digital 2.0, que facilitan las nuevas tecnologías de la información.

El contexto sociopolítico de Ucrania, país donde se gesta incialmente Femen, constituye una de las claves que me lleva a empezar a contemplar al movimiento con algo de recelo: una animadversión manifiesta hacia el presidente ruso Vladimir Putin y hacia el entonces presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich. Fueron varios hitos los que motivaron que pasase de un entusiasmo incial al recelo absoluto: la presencia sumamente calculada de Femen en la Primavera Árabe, a través de la activista tunecina conocida como Amina Tyler junto a otras activistas europea; pero sobre todo, el estreno del documental “Ucrania no es un burdel” en septiembre de 2013, donde trascendió que un politólogo llamado Victor Svyatski había sido el creador de Femen y que seleccionaba a las activistas desde una óptica totalmente heteropatriarcal; y, por último y no menos importante, lo sucedido en las protestas ucranianas que derrocaron al gobierno de Azarov y obligaron a huir al presidente Yanukovich, durante el Euromaidán a principios de 2014. A finales del pasado año, la Muestra internacional del documental de Bogotá, promocionaba el documental con una frase de uno de mis artículos:






11 febrero, 2015 de Administrador
Femen, verdades al desnudo

FEMEN al desnudoHoy mismo (10 DE FEBRERO) Femen ha protagonizado una protesta con tres activistas frente al exjefe del FMI y exdirigente del PSF Dominique Strauss- Kahn, a su llegada al juicio al que se enfrenta acusado de proxenetismo. Sin embargo, aún siendo de las que considera el feminismo como absolutamente necesario y admitiendo acciones de protesta coherentes en este movimiento, continúo manteniendo mis reticencias hacia el mismo.

Cuando Femen hizo su primera incursión en Túnez, comencé a escribir artículos sobre este movimiento femenino de origen ucraniano para el periódico digital MUNDIARIO. Mucho interés suscitaba por aquel entonces en el público, la irrupción de unas chicas jóvenes “de buen ver” que protestaban en topless en Túnez durante la Primavera Árabe, en el mes de mayo de 2013. Casi al tiempo, una célula de Femen se creaba en España, liderada por una jovencísima estudiante universitaria asturiana llamada Lara Alcázar. Fue en aquel momento cuando me encargaron escribir un libro sobre Femen, movimiento que en principio me resultaba desconcertante y al que me esforzaba por intentar comprender e, incluso, apoyar.

Durante muchísimo tiempo me dediqué a investigar y recopilar información y, conforme avanzaba en este proceso, menos entendía su auténtica base y estructura, ni tampoco a sus integrantes ni sus propósitos. Personalmente, en un principio, traté de justificar el modo de protesta, que en sí mismo podría tener sentido, revirtiendo el significado patriarcal del desnudo femenino y lo hice desde una perspectiva de interpretación psicológica del juego de significados y simbologías, partiendo de una paradoja intrínseca: desnudarse con fines políticos, cumpliendo además, casi a la perfección, con los estándares de belleza occidental.

En todo momento, me planteé escribir, no tanto para el público general, sino que siempre he visto en Femen un movimiento de nuevo cuño con potencial enorme para explorar cuestiones académicas que se plantean en los estudios de feminismo, psicología, sociología, ciencia política, opinión pública, medios de comunicación de masas y la sociedad digital 2.0, que facilitan las nuevas tecnologías de la información.

El contexto sociopolítico de Ucrania, país donde se gesta incialmente Femen, constituye una de las claves que me lleva a empezar a contemplar al movimiento con algo de recelo: una animadversión manifiesta hacia el presidente ruso Vladimir Putin y hacia el entonces presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich. Fueron varios hitos los que motivaron que pasase de un entusiasmo incial al recelo absoluto: la presencia sumamente calculada de Femen en la Primavera Árabe, a través de la activista tunecina conocida como Amina Tyler junto a otras activistas europea; pero sobre todo, el estreno del documental “Ucrania no es un burdel” en septiembre de 2013, donde trascendió que un politólogo llamado Victor Svyatski había sido el creador de Femen y que seleccionaba a las activistas desde una óptica totalmente heteropatriarcal; y, por último y no menos importante, lo sucedido en las protestas ucranianas que derrocaron al gobierno de Azarov y obligaron a huir al presidente Yanukovich, durante el Euromaidán a principios de 2014. A finales del pasado año, la Muestra internacional del documental de Bogotá, promocionaba el documental con una frase de uno de mis artículos:

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Fue entonces también cuando tuve acceso al trabajo de investigación del periodista francés Olivier Petcher, que revelaba documentos gráficos donde destacadas activistas de Femen aparecían apoyando pancartas y eslóganes de grupos de ultraderecha nacionalistas, tales como Svoboda y Una Umso, que -conviene recordar- ejercieron una brutal violencia frente a los grupos pro-rusos que se oponían a la firma de un tratado de Ucrania con la Unión Europea.

En ese momento, además, empezaron a circular por las redes sociales unas fotografías donde una activista de Femen celebrada la masacre perpetrada en Odessa.





El eje vertebrador de dicho conflicto era, en realidad un tema de geopolítica, donde confluían intereses tanto de la Unión Europea como de los Estados Unidos.

Durante el período álgido de esta crisis ucraniana, la fijación casi obsesiva de Femen era Vladimir Putin y la ideología anti-rusa. Llegaron hasta Nueva York, donde destrozaron una bandera rusa y pidieron una intervención de Estados Unidos en lo que consideraban una invasión de Ucrania.

Los medios occidentales, por otro lado, nos ocultaban muchísima información acerca del papel de los neonazis en las revueltas del Euromaidan y sus barbaries, y coincidían en este mismo objetivo de demonización del presidente ruso. No me pareció en absoluto casual y así lo reflejé en su día.

Por ende, las plataformas oficiales de Femen jamás condenaron ninguna de las violentas acciones perpetradas por los grupos paramilitares de ultraderecha en Ucrania, hacia comunistas, judíos, musulmanes y ucranianos abiertamente prorrusos. Yo misma, en marzo del pasado año, solicité una condena de este tipo de acciones en la página de Femen Internacional y por respuesta, únicamente recibí improperios. ¿Dónde quedaba el feminismo, entonces?





Simultáneamente, fui tomando consciencia de la poca simpatía que despertaba Femen en diversos sectores feministas de muy diversa orientación teórica. En ese ámbito, encontré una gran cantidad de críticas y suspicacias bastante bien fundamentadas hacia un feminismo poco perfilado, una marca tutelada por un hombre, etnocentrista, xenófobo y de corte global-capitalista. Sin embargo, existen sectores que sí las apoyan.

Sus detractores cuestionaban tanto la falta de argumentario de Femen, como otros aspectos relativos a la financiación económica del movimiento y de quién habría detrás de ellas (las hipótesis pasaban por la CIA, multimillonarios judíos como George Soros o el magnate de la comunicación ucraniana Jed Sunden, un conocido DJ y una multimillonaria empresaria alemana, entre otros).

Al margen del feminismo, es innegable el hecho de que Femen pasó de ser un movimiento de protesta ucraniano a convertirse en un fenómeno global e innovador, presente en muchos países.

Es aquí donde me planteé dar el salto del contexto sociopolítico e histórico de Ucrania, de las cuestiones relativas al feminismo tras la segunda oleada feminista en países occidentales a temas tan dispares como la sociología de la difusión de innovaciones, los nuevos movientos sociales y su expansión 2.0 y, por último, a cómo los medios de comunicación de masas pueden constituir un aliado o un adversario de determinados grupos.

En el caso de Femen, los medios de comunicación han contribuido a la expansión de un feminismo que parece un producto de marketing, relativamente sencillo de introducir en la cultura de masas.

Precisamente, no me extrañó que un publicista como Risto Mejide dedicase un programa a Femen, en el cual partía de un gran escepticismo, sobre todo frente a lo que es Femen España; aunque, finalmente, termina por creerse a la líder ucraniana del movimiento, Inna Schevchenko. Dicho programa fue emitido en Cuatro el pasado mes de septiembre, y repuesto fuera de horario prime time la pasada semana.

En el transcurso del mismo, Risto Mejide hace reiteradas referencias a la estructura jerárquica del movimiento, casi de corte castrense, y a la repetición mecánica de discursos estereotipados.

Pues bien, yo iría más allá, hablando incluso de estructura piramidal e introduciendo algo que Risto obvió, al asumir a Inna como alma mater de Femen, cuando es sabido- y así ha mostrado el documental de Kitty Green- que al frente estaban otros: Victor Svyatski, un politólogo y la economista fundarora, Ana Hustol. Así, más que jerarquía, se podía aventurar una organización piramidal, donde las integrantes de la base, en realidad, desconozcan que el fin último de la organización es otro.


Autora, Victoria Permuy
Doctora en Psicología por la UDC y master en Ciencias del Comportamiento por la Universidad de Leiden. Ha trabajado como docente investigador en la UDC y como psicóloga, impartiendo cursos y desarrollando programas en APACAM.

Fuente MUNDIARIO








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