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Filosofía básica en medio minuto




La filosofía tiende a ser reducida a la conexión con bustos de mármol de hombres con barba y toga. Sin embargo, esta disciplina es el equivalente a ejercicios cardiovasculares para el cerebro: más que el aprendizaje de libro de texto de lo que dijeron unos o pensaron otros, la filosofía es, como bien lo dijera David Ogilvy, una manera de “amueblar el cerebro”. ¿Qué se aprende en la filosofía? O más bien, ¿qué pretendían enseñar y aprender los grandes filósofos, con cuyas ideas se aprende a pensar? Stephen Law, filósofo y académico inglés, trata de contestar estás preguntas básicas de manera fácil en la introducción al libro editado especialmente para la serie “30-second“:

La filosofía responde las que llamamos “grandes preguntas”, que incluyen temas morales (“¿qué hace que algo sea bueno o malo?”), las cosas que podemos saber y entender- si es que existen (“¿se puede saber si el mundo a nuestro alrededor es real, y no una realidad virtual generada por alguna computadora?”); sobre la naturaleza de la existencia humana (“¿Somos nuestro cerebro? ¿Tenemos almas?”); y sobre la naturaleza de la realidad (“¿Por qué existen las cosas?”).

Es común hacerse estas preguntas. Algunas personas acuden diferentes religiones para contestárselas y de hecho, en algunas áreas la filosofía y la religión se traslapan, aunque el enfoque que usan para llegar a las respuestas sea diferente. La filosofía enfatiza el uso de la razón para la búsqueda de respuestas. Pero, ¿para qué sirve? Es útil si se quiere identificar falacias (tal y como le gustaba enseñar a Lewis Carroll en sus clases de lógica) y según Stephen Law, para ser más sucintos y precisos en la expresión de ideas- ambas habilidades sumamente valiosas para la vida en general.
A pesar de que ningún atajo es sustituto del camino real (como dijimos cuando hablamos de los clásicos para gente con prisa), es posible hacer el intento de exponer la contribución más básica de los principales filósofos  a modo del trailer de una película: no sustituye la obra completa, pero da una idea que ojalá, deje con ganas de más. He aquí las ideas de la filosofía que sirven para aprender a pensar (abordaremos las que aplican a la ética- para aprender a vivir- y las que aplican a la política- para aprender a convivir- en otros posts).


Platón y la caverna

Su contribución más importante fue la caverna, un símil con el que intentó explicar la realidad de la condición humana: la humanidad está sentada en una caverna oscura mientras observan sombras en la pared, pensando que las sombras son la realidad. Si una de estas personas saliera a la luz del día, al principio estaría tan vislumbrada que no podría ver. Con algo de tiempo, podrían ver a su alrededor y ver la fuente de luz: el sol. Si volvieran a entrar a la caverna y explicaran a aquellos que no salieron lo que vieron, no solo serían sujetos a la burla general sino probablemente, a la intolerancia y a la muerte. Esta metáfora es facilísima de aplicar: los pobladores de la caverna son las masa, las sombras aquellos objetos particulares e intrascendentes (no cosas eternas o universales de las que lo mundano es solo una imitación). Quienes escapan de la cueva son los filósofos y el sol representa al “bien”, la fuente de la verdad. La muerte del filósofo es en alusión a la ejecución de Sócrates.


Sócrates y su método

De él se decía que era el hombre más sabio de Atenas, precisamente porque sabía que no sabía nada. En sus diálogos con Platón, Sócrates intentaba esparcir conocimientos a través de preguntas: comenzaba preguntándole a la gente qué pensaba sobre un tema en específico y continuaba hasta hacerlos contradecirse. En un diálogo, Sócrates preguntó qué era la justicia y Céfalo contestó que era decir la verdad y pagar deudas. Sócrates le preguntó entonces que si alguien le prestaba una espada, era debido devolverla. ¿Pero qué hacer si el dueño de la espada se ha vuelto loco? Céfalo admitió que tenía que haber excepciones. Con esto Sócrates hizo a Céfalo contradecir su primera respuesta y con eso, demostrarle que en realidad no sabía nada. Este método, que puede parecer frustrante, aún lo aplican muchísimos profesores y los resultados tienden a ser que lo aprendido a través del método socrático, no se olvida jamás.


Aprendiendo a pensar con Aristóteles

Fue quien señaló que hay inferencias (movimientos mentales que van desde una premisa hacia una conclusión) en las que es imposible que la premisa sea cierta y la conclusión sea falsa. Si “todos los hombres son mortales” y “todos los mortales temen a la muerte”, entonces “todos los hombres temen a la muerte”. En la filosofía moderna, las inferencias anteriores serían deductivamente válidas, pero para Aristóteles la forma importaba tanto como el fondo. Aristóteles desarrolló una serie de fórmulas que llamó silogismos que al aplicarse, permiten saber si se puede deducir ciertas conclusiones basadas en ciertas premisas. Lo de Aristóteles fue solo un primer paso, pues con el desarrollo de la lógica y los avances matemáticos se encontraron muchas más inferencias válidas. Otras de sus contribuciones importantes fueron “las cuatro causas”, herramientas intelectuales con las que descubría nuevas disciplinas. Para cada “por qué” que podamos preguntarnos sobre cualquier cosa, decía Aristóteles que hay cuatro tipos de respuesta o explicaciones que pueden identificarse. Usando el ejemplo aristotélico, la pregunta “¿Por qué es eso una estatua?” puede contestarse de cuatro maneras: 1. Porque está hecha de lo que están hechas las estatuas (causa material), 2. Porque es el tipo de cosa que consideramos estatua (causa formal), 3. Porque la hizo un escultor (causa eficiente) o, 4. Porque está haciendo lo que hacen las estatuas (causa final). Si sabemos las cuatro causas, tenemos por seguro que conocemos tanto el fin y propósito como los atributos físicos de una cosa.
¡Espera más posts en esta serie!


Fuente: 30-second Philosophies, de Barry Loewer
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