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Fue a una sesión de fotos que terminó en sexo y te lo cuenta

Por Rai Robledo
Llevo más de ocho años dedicándome a la fotografía de forma profesional. Me siento un privilegiado pudiendo decir que vivo de lo que me gusta.
Los comienzos no fueron fáciles. Hacía books a estudiantes de arte dramático que necesitaban buenas fotos para los castings, a modelos que necesitaban renovar sus fotos, a grupos de música que sacaban discos y había que hacerles fotos de promo.


Estos trabajos los disfrutaba muchísimo, me parecía genial que algo que me gustaba tanto además fuese remunerado. Pero no salían todos los que necesitaba, así que comencé a hacer sesiones de fotos a buenos precios a gente que no se dedicaba al mundo del espectáculo, pero sí que querían buenas fotos para mostrar, por ejemplo, en sus redes sociales.

Es así como contactó conmigo una pareja  de jóvenes recién casados que me pedía “Unas fotos buenas de nosotros, que salgamos guapos”. Cuando haces este tipo de trabajos tienes que tener claro que la gente entiende por una foto buena una foto en la que salga bien, da el igual el resto, si sale guapa o guapo la foto es buenísima, si no, no vale para nada.



Así que una buena tarde me planté en casa de esta pareja con todo mi equipo fotográfico con la intención de hacerles una sesión de fotos en la que salieran super guapos. Me recibieron en su casita de recién casados,  con paredes de colores y muchas fotos de ellos (éstas son las que había que renovar). Nos tomamos un café y me enseñaron los estilismos que habían elegido. Algunos más de sport y otros más elegantes. También me dijeron que querían alguna foto sexy. Hasta ahí todo bien.

Empezamos en el salón, con ellos muy en plan caris, abrazados, mirándose, sonriendo, Posando a lo bestia. Estas fotos en exteriores son más fáciles, pero en una casa no es tan sencillo, sobre todo si quieres que queden naturales, pero ellos querían que saliera su recién estrenada casa, así que ahí seguimos.

Así estuvimos un buen rato, con varios estilismos. En la cocina tomando un café, en la terraza haciendo que regaban las plantas… Yo sugería cosas, pero ellos lo tenían muy claro, así que yo seguía haciendo sus fotos, al fin y al cabo son fotos de encargo, para ellos.

El momento habitación llegó, y aquí él se quitó la camiseta y se quedó  en vaqueros y luciendo abdominales, ella se puso una camiseta ajustada y mini braguitas. Yo muy concentrado seguía haciendo fotos mientras se besaban y él la abrazaba por detrás. Hasta aquí todo era bastante normal, incluso estas fotos tenían sentido dentro de lo que ellos querían. Los besos fueron a más y él le quitó la camiseta mientras seguía besando y cogiendo sus pechos con las dos manos.



Este es el momento en el que paré y les pregunté sonriendo si querían que siguiera haciendo fotos o dábamos por finalizada la sesión, a lo que él me contesto: sigue, tú sigue…
Pues eso, que yo seguí y ellos también siguieron. Ella le quitó los pantalones, luego los calzoncillos, él le quitó las braguitas con el pie, y entre gemidos y sonrisas se pusieron a follar como conejos.

Lo mejor de esto es imaginarse la escena en la que no había música de fondo, ni tele, ni nada. Solo sus besos, susurros, suaves gemidos y el sonido de mi cámara que disparaba sin parar. Cuando me detenía él me miraba y decía que siguiera, y ponía posiciones muy de peli porno con la intención de facilitarme el trabajo y que sacara los mejores planos…



Así que nada, el final de la sesión duró lo mismo que la suya, hasta que acabó de manera muy explicita. Parecía realmente una peli porno porque en algunos momentos a ellos se les veía sobre actuando, pero en cualquier caso el momento en el que me pedían que me uniese a la fiesta no llegó, cosa que me pareció fantástica, porque bastante tenía yo con la responsabilidad de sacar buenas fotos de todo esto como para que me hubiera tenido que unir a la fiesta (en cualquier caso creo que no lo hubiera hecho).

Hice fotos muy chungas, muy porno, pero otras más bonitas, en las que se intuía, pero no se veía nada. Sombras, curvas… Creo que a ellos les gustaron más las que no dejaban nada a la imaginación.

Cuando se vistieron me miraban y se morían de la risa con frases tipo “no te lo esperabas, ¿eh?” o “joder, qué calentón”.  No, desde luego no me lo esperaba…
Lo mejor fue llegar a casa y repasar la sesión. Cuando las editaba y las iba guardando hice carpetas como “salón” “terraza” “cocina” y “polvo en el dormitorio”.  Ellos quedaron encantados con las fotos y me sorprendió que en ningún momento me pidieran que las mantuviera guardadas o que no las publicara en ninguna parte. ¡Les daba igual!
Después de esto entendí que en el trabajo de fotógrafo es importante ser un todoterreno y que hay que adaptarse a todo tipo de personas y a lo que cada uno quiere. Si alguien no lo tiene claro hay que ayudarle y sugerir ideas, pero cuando lo tienen muy claro, lo mejor es hacerlo lo más parecido posible a como se lo imaginan, y eso no es nada fácil.

Por cierto, las fotos no las tengo, las borré hace años y de ellos nunca más volví a saber nada.
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