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Gamuza de cebollitas hoy

Aunque ya tiene 25 años, los rasgos de su cara no cambiaron casi nada. Por eso, a Brian Caruso lo siguen reconociendo por el papel que interpretó a los 8 y que marcó su vida: el de Gamuza, el simpático y querible nene callejero de Cebollitas.
Gamuza – su nombre real era Diego Cuchuffo, pero nadie lo llamaba así – entró tarde al exitoso programa infantil futbolero que emitió Telefe entre 1997 y 1998. Pero, a los pocos capítulos, se convirtió – hablando de fútbol – en todo un "golazo": el público adoró a ese nene de gorrita en la cabeza, cuyo apetito insaciable le hizo inmortalizar la frase “Vengan milanesitas con Gamucita”. Un año después, Brian repitió el personaje en Muñeca Brava, junto a Natalia Oreiro y Facundo Arana.

Con el tiempo, el muchacho – que llegó a ganar un Martín Fierro por ese papel – se alejó de la tele, pero no de la actuación. Incluso, en 2008 participó de Todos Contra Juan, la comedia de Gastón Pauls, donde hizo de sí mismo y se burló de su “falta de pantalla”. Es que él se toma la fama con tranquilidad y no se desespera por estar en los medios.
Ahora, en San Isidro – distrito en el que se crió –, le escapa al triste destino que persigue a los niños actores que dejan de ser niños. En FM Simphony (91.3), cuenta con su propio ciclo radial, “Somos como somos”, los sábados de 22 a 24. “Siempre me gustó hacer radio, y este proyecto lo venía gestando hace dos años, en charlas con amigos. Finalmente, decidí hacerlo con un equipo en el que también está mi hermano. En la emisora les interesó la temática, porque no hablamos de la actualidad de la semana, sino de informes copados y dinámicos”, cuenta Brian en charla con 24CON.
¿Estás podrido de que te pregunten por Gamuza?
No me molesta para nada que me digan Gamuza. El personaje pegó tanto que ya lo tengo incorporado, y gracias a él hoy en día soy conocido. Todavía se dan vuelta en la calle, me paran y me hacen preguntas. Eso se dio también porque en el exterior (Ecuador, Costa Rica, Grecia, Rusia) el programa se pasó mucho. En Grecia, el nombre se tradujo “Taruza”, entonces me mandan mensajes por Facebook que dicen: “Hello, my friend. You are Taruza!”. En Ecuador todavía repiten Cebollitas cada dos meses. Gente de mi edad me dice “a mi hermana le encanta tu programa y tiene 10 años”.
Después hiciste el mismo personaje en Muñeca Brava…
Sí, porque en 1999 yo tenía una propuesta para irme a trabajar a Pol-Ka, a Gasoleros. Adrián Suar me había llamado, pero Telefe no me quiso largar y entonces me metió en Muñeca Brava. El canal también vendía las camisetas de los Cebollitas con el nombre de Gamuza y el del “Colo” Diego Vicos, pero yo no vi un peso (risas). Es más, el único nombre y personaje que se registró del programa fue Gamuza. Para volver a hacer el personaje, tengo que pedirle permiso a Telefe.
¿Cómo entraste a Cebollitas?
Entré cuando el casting ya estaba cerrado, de caradura. Hablé con Feliciano Torres, el hijo de Enrique Torres, el autor, y al pibe le gustó mucho mi manera de ser. Entonces lo llamó al padre para que fuera a verme. Él no quería, pero el hijo le insistió y lo convenció. Quique se vino del Centro a Martínez, donde en ese momento yo vivía, y cuando me vio quedó boquiabierto. Al otro día me tomaron el casting. Me hicieron estudiar dos papeles y, como tengo mucha memoria, me los aprendí bien. Así que me agregaron en el cuarto capítulo, como el pibe de la calle que se quería ganar su lugar en los Cebollitas y siempre pedía titularidad.
¿Vos jugás al futbol?
Sí, soy bueno. Siempre me gustó, y en la semana trato de jugar cinco veces. Pero, en la época del programa, el fútbol era algo muy tranquilo para mí. Mis compañeros tenían 14 años y yo 8, entonces me gustaba el fútbol, pero jugaba más con los muñecos y los autitos.

¿Te pagaban un buen sueldo?
Eso siempre lo administraban mis viejos. Creo que, en relación con lo que se paga ahora, era muchísimo menos. Pero en ese momento se vivía bien con eso. Igual mis viejos no vivían con esa plata, ellos laburaban de lo suyo y, lo que yo ganaba, lo guardaban para mí, por si quería ir al parque de diversiones o comprar algo. Nunca me usaron la plata, como le pasó a Macaulay Culkin.
Hablando de eso, en general los niños actores suelen terminar mal en sus vidas. ¿Vos te considerás una excepción?
Fui la excepción, porque me crié en una familia conservadora que jamás jugaría con eso. Jamás fui una persona de no dar notas o autógrafos, aunque en la época de Cebollitas iba al Unicenter y no me dejaban ni caminar. Y eso es porque mi familia me crió así, yo me metí en esto porque quise. Tampoco soy una persona que, si no estoy en el medio, el mundo se termina. Eso lo asumí desde el primer día, lo vivo con mucha naturalidad y los humos nunca se me subieron.
¿Cómo hacías para trabajar e ir al colegio?
La escuela era bastante flexible, pero tampoco podía faltar a clases porque era conocido. Hubiera perdido el año igual, aunque las maestras se sacaban fotos conmigo para los diarios. Siempre estuvieron muy orgullosas de mí, porque trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, y me iba bien, tenía facilidad para aprender las cosas. Lo vivía muy intensamente: me levantaba a las 7 para ir al colegio, salía a las 12, me iba a grabar y terminaba a las 8 de la noche. Llegaba a mi casa, comía, me bañaba, y estudiaba el guión para el día siguiente, más algo de la escuela. Y los sábados de 8 a 3 de la tarde grabábamos los partidos.
¿Estudiaste algo después de terminar la escuela?
Seguí estudiando teatro y tomé clases de canto por cinco años. Pero nada que no tuviera que ver con lo mío. Uno nace con lo que se llamaría un “don”, y a mí me gusta mucho la actuación. Veo mi vida como una gran película, todo el tiempo voy tratando de asimilar las situaciones de la vida con algo que he visto en cine, televisión o teatro. Cuando tenía 6 años, quise actuar porque veía las películas de Olmedo y me divertía, aunque no las entendía. Le dije a mi vieja: “Quiero hacer eso”, y me llevó a una escuela de teatro.
¿Fue un golpe para vos cuando terminó Cebollitas?
No, no lo sufrí para nada. Seguí haciendo series, como Los Buscas y Calientes. Después, durante ocho años, me puse a hacer teatro independiente, producido por mí y por mi familia, en la costa, el Complejo la Plaza y en San isidro. Hice “Harry Potter”, una adaptación escrita por mí. Como era más chico, era muy parecido al personaje, y en ese momento era el auge de las películas, así que el teatro siempre se llenaba. Después me puse a trabajar en la empresa de mi cuñado y largué un poco. Pero tengo en claro que, el día que vuelva a meterme de lleno, voy a dejar cualquier otra cosa que esté haciendo, porque la actuación es una pasión para mí.
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Además de tu parecido con Harry Potter, ¿te confunden con alguien más?
Muchos en Facebook pensaban que yo era Lionel Messi, que Gamuza era Messi. En la vida hay gente para todo, muchos me confundían. Puede ser porque en el programa yo era muy chiquito, tipo “pulga”, y Messi es chiquito también (risas). A veces suben una foto mía y los comentarios son: “Gamuza es Lionel Messi” o “Messi está disfrazado de Gamuza”. Para mí, que me comparen con Messi es un halago.
¿A qué otros jugadores admirás?
Admiro a muchos. Messi es un gran jugador. Me gustan mucho Agüero y Tevez, y Maradona en su época. Yo conocí a Maradona, porque en Cebollitas trabajé con su hija Dalma. Diego me amaba y yo lo terminé amando a él. Compartí mesas de asado, me llevaba a la cancha y me iba a comer pizza con él. Una locura. A esa edad, es una experiencia que no se olvida nunca. Haber recorrido su museo de camisetas y revovérselas, no me lo olvido más.

¿Por el programa conociste a otros futbolistas?
En el programa llevaban futbolistas para que den clases a los Cebollitas. Han ido Farid Mondragón, el Tito Pompei, Palermo, el mellizo Barros Schelotto. En uno de los capítulos, yo soñaba que jugaba con la primera de Boca, y fui el único que pude ir a entrenar con el equipo. En ese momento estaban el Negro Tchamí y el Bambino Veira, que me daba indicaciones. Todos se morían de risa.
¿Las frases famosas de Gamuza estaban guionadas o surgieron solas?
“Vengan milanesitas con Gamucita” fue guionada, pero se convirtió en un hito porque la manera en que yo la decía resultó graciosa. Es lo mismo que Alfredo Alcón cuando decía “la mesa está servida”, y la gente lo aplaudía sólo por decir eso. Fue la frase que le dio vida al personaje. Después, estaba el “gorda pedorra”, que Gamuza le decía a la hermana. Era un latiguillo que, en comparación con lo que dicen ahora en las tiras juveniles, era una inocencia, algo muy infantil. Y a la gente le encantaba.
¿Seguís en contacto con tus ex compañeros de Cebollitas?
Me hablo con algunos, pero cada uno está en su mambo. El Colo Vicos está viviendo en República Dominicana. En Facebook hay gente que a veces sube fotos del equipo, y algunos en los comentarios empiezan a bardear. Y a mí me molesta mucho, porque son incoherentes. Entonces salto a defender al grupo, y les digo que fue un momento hermoso de mi vida.
¿Qué hiciste con el Martín Fierro?
Lo tengo en mi casa, bien cuidado. Fue muy fuerte haber sido el único nominado del programa y haber ganado a tan corta edad, por el carisma que le puse al personaje. Es más, en la presentación del rubro Mejor Actuación Infantil, cuando pasaron el tape con los nominados, al llegar mi turno pusieron “Brian Caruso – Gamuza”. ¡Hasta en los Martín Fierro me llamaron como el personaje!
¿Participarías en un reality show como Bailando por un Sueño?
Cuando se hizo el primer Gran Hermano Famosos, un productor me quiso llevar, pero no se dio porque yo era muy chico, tenía 19 años. Ahora, si me llama Marcelo Tinelli, sí iría, pero no armaría quilombo, porque no soy conflictivo. Así que me iría en la primera semana (risas). Pero daría competencia. Soy una persona preparada: sé cantar, bailar y actuar. Como diría Carmen Barbieri, soy un artista, que muy pocos lo son.






link: https://www.youtube.com/watch?v=2I2v2JH0wK4
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