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Google, el enemigo a batir

La compañía del buscador ha crecido demasiado. Tanto y se ha metido en tantos campos que da miedo, y no solo a los usuarios; las empresas que antes la veían como el David que se enfrentaba al Goliat Microsoft, ahora la ven como un proyecto de Goliat al que hay que parar los pies.

Aún recuerdo los días en los que Google era aquella simpática empresa nacida de los dormitorios de dos estudiantes; por aquel entonces yo estaba en la universidad, con todo lo que ello comporta (juventud, inexperiencia, rebeldía, algunas fiestas y la creencia de que con sólo ser una persona justa y noble se triunfa en la vida), y veía en aquellos chicos a mis héroes que habían conseguido lo que yo soñaba con alcanzar, y ello enfrentándose al poder establecido de Microsoft, la compañía a la que todos criticábamos alegremente.

Con el paso del tiempo las cosas se ponen en su sitio, y la realidad se ve de otra forma; Google es una empresa, con una estructura como cualquier otra, como la de Microsoft, Nokia, Oracle, General Motors o IBM, con su CEO, sus directivos, abogados, contables y toda la demás parafernalia. Su tan famoso y cacareado alto nivel de vida laboral también se empaña por las largas jornadas y una dedicación casi absoluta a la empresa, pese a que la libertad para llevar a cabo proyectos paralelos puede ser mayor que en otras corporaciones (y, a fin de cuentas, esto también le conviene a Google).

Una empresa más significa un rival más si ofrece productos similares a los tuyos. Y eso es lo que es ahora Google. Si anteriormente Apple, Motorola, Nokia o Sun Microsystems la veían como un posible y deseable aliado en la causa común por derribar a Microsoft, empresa que les pasaba (y pasa aún en muchos casos) la mano por la cara a algunas de ellas y con las demás lo intentaba, ahora la ven como una empresa que se ha metido sin contemplaciones en su terreno de juego intentando robarles el balón. Malo, feo y no debe permitirse.

Google era el buscador. Ahora es Android, Chrome, Chrome OS, Go!, diversos servicios en línea, publicidad,... Apple tiene el iPhone, a cuyo mercado puede afectar tarde o temprano el gran éxito que están experimentando los terminales basados en Android. Es por ello que no debería extrañarnos que sean ciertos los rumores de que la compañía de Cupertino y Microsoft están en conversaciones para que Bing sea el motor de búsquedas por defecto en el teléfono de Apple.

A fin de cuentas, no sería la primera vez que Apple y Microsoft hacen tratos y, si les conviene, tampoco será la última. Si no tengo mal entendido, Apple ha sobrevivido hasta nuestros días gracias a una inyección económica de la misma Microsoft y al port de Office e Internet Explorer, que dieron el balón de oxígeno justo a la plataforma de Cupertino para que la compañía de Bill Gates (por aquel entonces aún a los mandos del gigante que había ayudado a crear) pudiera presentarla como el ejemplo de que ellos no monopolizaban el mercado y que había opciones (vida más allá de Microsoft).

La coyuntura les fue útil entonces, y como en las series de televisión de acción, el “malo” y el “bueno” (¿cual es cual aquí?) se unieron para el beneficio mutuo. ¿Y luego? “la próxima vez ya se verá” como acostumbran a rezar los guiones de estas series.

Los fabricantes de terminales de telefonía veían en Android una opción a Symbian, plataforma que siempre había tenido un fuerte influjo de Nokia pero que había acabado cayendo definitivamente en las manos de este fabricante finlandés. Es lógico ponerse en la piel de Motorola o Sony Ericsson y que a uno le den reparos por utilizar un sistema operativo cuya empresa responsable es una división operativa de su principal rival. Así, no es raro que Android fuera presentado al mundo en un momento muy oportuno para que los fabricantes que no eran Nokia lo recibieran con los brazos abiertos.

Pero, he aquí que Google cometió el grave pecado de lanzar un terminal bajo sello propio fabricado por la compañía con la que mejor se ha llevado todos estos años, la taiwanesa HTC. Craso error, pues los amantes de Google tienen ya un icono que adquirir, como los fans de Apple tienen el iPhone. Motorola, Sony Ericsson y las demás tienen otra marca a batir en este duro mercado.

En consecuencia, cabe ver cual será el futuro de Android en un mercado que va a fragmentarse más, pues el énfasis está pasando a marchas forzadas de las plataformas a los servicios, y lo que va a haber en cada teléfono solamente va a ser un trampolín hacia Internet y lo que la cada vez más ubicua Red ofrece.

¿Y que decir de los datos? De creerse a pies juntillas el “Don't be evil”, los usuarios finales han pasado a mirárselo con escepticismo, a poner en duda este leitmotiv y a quejarse de que la compañía guarda demasiados datos personales y durante demasiado tiempo de los internautas, y que a medida que crece su importancia, este peligro se acentúa.

Google también se ha metido en el terreno de la geolocalización y los mapas, lo que la ha enfrentado con aquellas compañías que ofrecían estos servicios a terceros, y que tienen miedo de lo que Google pueda hacer dentro de poco en el terreno del hardware para GPS. Y, una de sus últimas apuestas la hace entrar de lleno en el terreno de los sistemas operativos desktop, en el que se enfrenta a su antes valedora Apple, a su sempiterna rival Microsoft e incluso a Oracle ahora que esta va a heredar el Solaris de Sun.

En definitiva, Google ya no es aquella compañía con la que cualquier CEO se sentía confortable haciendo negocios, sino que se ha convertido en un rival demasiado poderoso. Y es que ya venía a decirlo Maquiavelo en el Príncipe: un buen gobernante no puede nunca permitir que una potencia extranjera mayor se involucre en su país, pues eso a largo plazo solo significará la subyugación del más débil. Debe, por el contrario, aliarse con otra nación a la que pueda controlar, convirtiéndose a su vez en su posible -y probable- subyugador.

Google solamente tiene un punto en contra respecto a lo que ha significado y significa Microsoft: mientras que los de Redmond han sido imprescindibles pasado un punto, Google aún se encuentra en un estadio en el que no se depende de sus plataformas y servicios. Y este factor puede ser el que contribuya a clavar el primer clavo en su ataúd.

Fuente: http://www.imatica.org/blogs/evangelista/2010/01/260153792010.html

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