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Gordura, soledad y bullying...La vida de un diamond infantil

Estoy pensando en como contar una anecdota de mi infancia sin victimizarme, sin dramatizar mi vida que de por si no ha sido ni un lecho de rosas ni un infierno. Y me resulta difícil. Porque no quiero que mi dolor justifique el dolor de nadie, ni engrandezca una nobleza de la que no me he ufanado jamás.
Siempre fui una persona por fuera de la normalidad. Esto es un hecho, no una opinión. Sin llegar a ser un genio simplemente no aprendía ni al mismo ritmo ni de la misma manera lineal de los demás que me rodeaban. Alguna vez un psicólogo me dijo que tengo un pensamiento tridimensional, que me permite acceder a a la información que dispongo de una manera eficaz. Digamos, lo que en mi pueblo se llama guitarrero. Amé la literatura desde que, segun mis padres, aprendí espontáneamente a leer ante de los cuatro años; recuerdo llevar al baño el diccionario para aprender palabras aun antes de recordar ir al jardín de infantes. Salvo un problema perenne que tengo con nombres y rostros, el hecho es que mi memoria me permite fácilmente introducir y analizar datos a una velocidad que muchos han comparada con una "computadora" toda mi vida.
Pero siempre he estado, o al menos me he sentido, solo. Huérfano de la sociedad. Y esto no es ataque a mis padres, quienes, soy consciente, hicieron lo que pudieron ante un hijo que no era como los demás, con necesidades y procesos con los que no podía identificarse más allá de todo el amor que me tuvieran.
Siempre me he sentido solo, y peor aún, abandonado. Cuando por mi sobrepeso, (situación emblemática de mi vida, no importa cuantas habilidades tenga, desde poeta a filosofo, abogado político, locutor, curandero, siempre soy conocido como el gordo) he sufrido lo que ahora llaman bullying, generalmente la respuesta institucional y social ha sido: "no les hagas caso" o, más frecuente de lo que ustedes puedan creer, "revisa tu comportamiento que provoca ese rechazo". Tengo grabado en mi memoria una maestra de mi escuela diciéndome después de que me cascotearon a la salida de la escuela que tenía que cambiar, dejar de querer demostrar lo que sabía. Entonces, me inculcaron, era mi culpa. SI TODOS REACCIONABAN MAL CONMIGO, DEBÍA SER YO EL EQUIVOCADO. UNA ESPECIE DE DEMOCRACIA DEL TERROR.
Permití entonces que se aprovecharan de mi; dejé que los demás tomaran cosas de mi, con tal de no pasarla solo. Permití que se me convirtiera en una cosa, en vez de una persona.
Permití los insultos, la discriminación. Permití que estuvieran conmigo solo por lo que pudieran sacarme. Eso fue mi normalidad, porque me habían convencido que estar conmigo era algo que soportar, y por tanto tenía que ser retribuido. Con dinero, golosinas, haciendo los deberes, enseñándoles cosas, compartiendo mis méritos. Me sentía usado. Escuchaba como se reian de mi. ERA CONSCIENTE DE TODO. Pero entonces pensaba que eso era mejor a la soledad.
Fui creciendo. Nunca fui tímido, y Dios sabe que si me permiten hablar no iba preso. Me volvi endemoniadamente bueno para ganar dinero, no para ahorrarlo, y seguí comprando afecto. El de mis padres tratando de lograr todos los éxitos académicos posibles, el de mis congéneres luchando por todas las cosas que creía justas, el de las mujeres con regalos, o con una infinita paciencia y permitiendo cosas que nadie debería permitir solo para no estar en soledad.
En mi adolescencia y temprana juventud nada fue mejor. Cada vez más gordo, pasaba por grandes periodos de depresión. Era muy loco, nunca estuve sin pareja, nunca me falto que comer o donde dormir, podía preparar una materia libre literalmente en horas. Pero no me sentía aceptado por nadie. No me sentía exitoso. Hasta quienes me amaban parecían ver en mi solo mis peores defectos.
Una chica, no importa el nombre, quedó embarazada de mi; yo fui tan tonto como para ponerme feliz. Ella no quiso tenerlo, era su cuerpo y su vida argumentaba. Ante mis suplicas, como humillación suprema llego a decirme "quien va a querer tener un hijo con alguien como vos, mirate, ni siquiera vas a poder salir corriendo para llevarme al hospital a tenerlo, sos un monstruo". Ese si no fue el mas grande dolor que senti en mi vida, estuvo muy cerca de serlo. Y eran las fiestas. Ha pasado casi una década, Es el día de hoy que no puedo de forma alguna disfrutar la navidad.
Y siempre vuelvo a esa maestra. Julio, no pueden estar todos equivocados, algo estas haciendo que los provoca.
Si bien no ha sido la única persona que me lo ha dicho, siempre vuelvo a ser ese pibe de 8 años. Y no puedo evitarlo, vuelvo a pensar que ella tiene razón; las pocas personas que me quieren bien me dirían que es increíble que alguien tan inteligente pueda ser tan estúpido. Pero la verdad es que siempre he creído que esa buena mujer tiene razón.
Pero no la tiene. Ser diferente no debería ser algo bueno o malo per se. Debería ser absolutamente irrelevante para conocerme como persona mi peso, mi inteligencia, mi altura, mi religión, mi color de piel. Debería ser conocido por cuanto amo; por las veces que comparto mi pan, que abrazo a un desconocido que está llorando. Debería ser medido no por mis esporádica cobardía, sino por mi actos de valentía. SOMOS LO MEJOR DE NOSOTROS. NO LO QUE LOS OTROS VEN EN NOSOTROS DE SUS PROPIOS DEFECTOS.
La verdad es que ser gordo no es una elección; es una realidad, algo que nos ocurre. No lo que somos. Tener unos puntos más o menos de C.I., un cero mas o menos en nuestros sueldos, nada de eso puede definirnos. Y nadie tiene el derecho a hacerlo.
Podría decir muchas más cosas; hablar de como usé la poesía como un refugio, hablar de las tres o cuatro personas que al menos han intentado ver más allá de lo aparente en mí. Pero estoy cansado. No quiero dar escusas solo despertar conciencia; cuando hablamos con los demás siempre podemos construir o destruir. Nuestras palabras, nuestros actos, nuestro amor, cambian al mundo porque cambian el corazón de las personas que están en el mundo.
La próxima vez que veas a alguien diferente, a alguien siendo lastimado, discriminado, dejado de lado, tendele una mano, podes ser el ángel que esa persona necesita. No se necesita una capa para ser un héroe. A veces para volar no hay que levantar la manos, solo tenderlas.
Y cuidemos a nuestros hijos, a nuestro hermanos, a los más frágiles de entre nosotros. Son lo mejor de nosotros. Son la esperanza de que como especie podamos mejorar. Un mundo triste es aquel en que no podemos ver en un niño todo el potencial de la genialidad humana.
Hablo caro, lo sé. Quiero decirlo más simple. Ámense los unos a los otros, que el amor sea la marca que los diferencie. Quiero ser más simple aún, el amor es un raro tipo de riqueza, la única forma de aumentarla es compartiéndola. Y nunca sabemos cuando una sonrisa puede salvar una vida.
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