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Gracias a esta señora podes limpiar tu parabrisas



Una dama llamada Mary Anderson y nacida en 1866, consiguió nada más y nada menos que en el año 1903 la primera patente por un limpiaparabrisas para un coche. Viajaba en un coche en un frío día en Nueva York y se dio cuenta cómo el conductor llevaba el cristal frontal, el parabrisas, bajado, dejando entrar el aire helado del exterior en el coche porque le era imposible mantener limpio debido al aguanieve que caía. Cuando volvió a su hogar en Alabama se puso manos a la obra para solucionar aquel problema.

Acabado el diseño encargó un prototipo que recibió el número de patente 743801. El sistema no era muy distinto del actual, conceptualmente, aunque más rudimentario. El dispositivo tenía un palanca en el interior del vehículo que permitía mover el limpiaparabrisas propiamente dicho, que estaba en el exterior. Era algo así como una gran horquilla con una parte dentro y otra fuera. La patente duró 17 años y quiso el destino que la industria automovilística explotara una vez caducada la patente.

Por otra parte, hablaba al comienzo de la madre de Florence Lawrence, Charlotte Bridgwood. Ella mejoró el sistema, haciéndolo automático, en 1917. Una importante mejora sin duda del diseño básico de Mary Anderson. Esta señora y su hija, la actriz, crearon una compañía para explotar el invento pero el negocio no fue todo lo bien que esperaban.



as investigaciones mencionan que Mary se quedó pensando en la imagen de ese conductor bajando de su máquina, escenas que volvió a notar también en los contados autos con vidrio en la Gran Manzana. Un día después del primer paseo bosquejó un diagrama del dispositivo de barrido elemental. Y de regreso a Alabama, empezó a idearlo.

Según el informe sobre mujeres inventoras del Instituto de Filosofía de Madrid, consiguió una lámina de goma resistente y la unió a un brazo metálico por medio de resortes. Ingenió una conexión para poder accionarlo desde el interior mediante una palanca. Cuando ésta fuera tirada, las láminas se desplazarían a través del vidrio una y otra vez hasta la posición original, como sucede con los actuales más convencionales, aunque la diferencia se basa en la ubicación y el número de brazos. Su sistema tenía un único brazo sostenido en la parte superior y en el centro del cristal.

Luego de hacer varios diseños preliminares, ella misma lo probó, pero no en un auto sino en un tranvía.

Le llevó casi dos años convencerse de registrar esta idea mientras seguía con sus pruebas en los vehículos. Sobre todo cuando se vio abrumada por las advertencias de sus allegados y los rechazos categóricos de "supuestos especialistas" de la incipiente industria automotriz, que profetizaban que el movimiento de los limpiaparabrisas "distraerían con facilidad a los conductores y que provocarían accidentes".

En medio de su lucha para obtener la patente apareció en escena Henry Ford quien se interesó por el invento y probó el limpiaparabrisas en el modelo de automóviles Ford T. Desde el año 1908, el dispositivo del limpiaparabrisas fue incluido en todos los coches de la marca Ford, y a partir del año 1916, se incorporó en todos los automóviles estadounidenses.

En 1905, a fuerza de pruebas superadas, se hizo justicia cuando se reconoció la patente, de la que existe poca documentación detallada y, se presume, se perdieron datos importante. Lo que sí confirman los investigadores es que esta mujer tenía 39 años cuando lo inventó y no utilizó su creación para obtener réditos.

Murió en 1953 a los 87 años en su querida Alabama.

Anderson tenía el deseo de ayudar a ese motorman del tranvía que la llevaba a New York, sin quererlo su creación cambiaría la visibilidad y la seguridad en la conducción del mundo.

Al parecer el reconocimiento es una deuda para con esta mujer, al menos de aquellos que se sientan a contar la historia del automóvil.

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