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“Hago lo que no quiere hacer un argentino”

encontré esta nota a un paraguayo y queria compartirla con los taringueros:



Aurelio Peña tiene 41 años. Llegó con el objetivo de estar tres meses y ya hace quince años ininterrumpidos que vive en Argentina. Vino con un oficio pero las necesidades lo forzaron a aprender otros, vinculados todos a la construcción. Aquí formó su familia, su otro orgullo.
-¿Llegaste con o sin trabajo a Argentina?

En realidad también laburé en Paraguay. Trabajaba como peón y no me alcanzaba ni para vestir y si no trabajaba un día me cagaba de hambre. Un paisano me dijo que si venía acá, a la Argentina, podía tener trabajo. Yo tenía una carpintería y tenía clientes argentinos que me decían “por qué no te vas para allá, porque si vos laburás así vas a tener trabajo”. Yo nací en el campo, en Concepción, teníamos una chacra. Estaban mi vieja y mis hermanos. Dejé la escuela porque tuve que laburar con el carro desde chico, desde que tenía 12 años. Aunque trabajé de apenas empezar a caminar, para rebuscar. Después de los 12 años trabajé en carpintería donde aprendí el oficio. Después vine acá y me costó. Me costó porque no tenía conocimientos, no tenía nadie que me pudiera recomendar. Sí sabía hacer los muebles. No me cagaba de hambre pero quería hacer un poquito más. El día que llegué a La Plata, directamente de Paraguay, vine con otros 5 compañeros. De la Terminal nos fuimos caminando a la casa del pariente de uno de ellos, porque no teníamos más plata. Yo había traído para unos días pero la tuve que prestar a los demás para hacer los documentos para salir de Paraguay; ellos me la iban a devolver cuando consiguieran trabajo acá. Fuimos a vivir a una casilla todos juntos. A los pocos días ya se habían regresado tres de ellos porque no habían conseguido nada de trabajo. Yo no conseguía tampoco pero no tenía plata para volver, si conseguía me compraba el boleto de vuelta. Apenas conseguí hacer unos arreglos de mecánica de moto y auto pero no me alcanzaba. Pasé como un mes así y no tenía ni para comer. Una vecina me dijo que me podía conseguir trabajo en una panadería pero como yo no sabía nada de eso entonces no podía entrar. Entonces me prestó una bicicleta, porque estábamos alejados del centro, y me dijo que vaya a la obra donde trabajaba el marido y vea si hacía falta alguien. Fui pero no había lugar; después pasé por otras obras en construcción pero en ninguna había vacante.

"Entonces pasé por una plaza, la plaza Malvinas, que estaban haciendo mucha construcción y escuché a un hombre hablar en guaraní. Le fui a preguntar si tenía algo para mí, pero me dijo que tenía que volver al otro día para hablar con el contratista. Yo le dije que me quedaba igual, aunque sea a cargar baldes; estaba desesperado"


Me quedé y al rato vino el contratista, que también era paraguayo, y el otro me presentó y le contó mi caso. Empezamos a joder que yo era el cuñado y que tuviera en cuenta, y así me quedé a trabajar. En la plaza estuvimos unos meses y después con el mismo contratista nos fuimos a una obra a Bella Vista. Éramos como cincuenta, en una obra de un hospital como de 7 pisos que estaban ampliando al lado de una sala o algo así, de primeros auxilios. Ahí trabajaba también los sábados y los domingos porque desde el viernes a las 12 h te pagaban doble. Así hacía una diferencia. Cada quince días volvía a mi casa, porque si no, no me convenía. Para aguantar y estar mejor hacíamos guisos, jugábamos al fútbol, guitarreábamos, hablábamos en guaraní y hacíamos chistes. Una olla enorme hacíamos para juntarnos todos.

-Venías con alguna referencia desde allá, entonces.

Sí, yo tenía un cliente que me dio su dirección anotada en un papel. Me dijo que dé su nombre, que vaya recomendado como me mandaba él. Ese cliente era de acá, de La Plata. Pero perdí el papel y no tenía ningún dato. Así que me fui cinco años de nuevo al campo a trabajar, a San Pedro, allá en Paraguay. Pero no se podía. Entonces decidí venir. Te digo que algunos me decían "no tenés que ir a trabajar allá, acá tenés todas la máquinas” pero es que no me alcanzaba para nada. Cuando llegué también me dijeron para qué me había venido.

"Quería probar y dije “voy a ir tres meses de tiempo, juntar unos pesitos y comprar mi maquinaria y volver para trabajar particularmente”. Quería tener mi propia maquinaria. Vine en 1994 y me enganché en la construcción y ahí arranqué"


-¿Y cómo te llegó nuevamente el nombre de la ciudad de La Plata?

Y, a La Plata llegué porque había un paisano que tenía un pariente acá. Llegué un 7 de mayo, con mucho frío. La pasé muy mal. Me acuerdo que con las mangas de un pullover que traje de Paraguay me hice unas medias porque en la obra de la plaza hacía un frío bárbaro. Los que me veían en Paraguay me decían “anda allá” porque sabían cómo yo laburaba, pero mi compatriota que estaba en esta ciudad me decía “¿qué viniste hacer acá?, si no laburás te vas a morir de hambre”. Yo sabía carpintería y no sabía de la construcción pero le dije a ese paisano “si vos me enseñas yo voy a aprender”, “¡Ah, no! Tengo un montón de gente que no sirve, ¿para qué quiero otro más?”. Bueno, de ahí arranqué, igual me metí en la construcción, en la plomería, en la electricidad. Todo aprendí. Y conocí un montón de gente que ha sido de diez.

-¿Cómo es que no te volviste a los tres meses como habías planeado?

Enganché el trabajo de la obra grande y no pude irme más porque tenía esa responsabilidad de tener laburo y en esa época estaba buena la plata: estaba el 1 a 1. Empecé a comprar las herramientas y arranqué. Cobraba por día como si te dijera 20 pesos, a mí sobraba ya con eso si con 5 pesos tenía para mis cosas, hasta el asado, y con lo otro compraba las herramientas. Cuando terminé esa obra tenía todas las herramientas para la albañilería, para la pintura y para la carpintería también.

-¿Enviabas dinero a Paraguay?

No. Yo directamente me dedicaba acá. Estaba solo acá, era soltero. En mi caso yo invertí todo acá. No es mucha cosa pero para mí sí, gracias a Dios, es muy importante porque yo gané honradamente, laburando. Y hay mucha gente que me ayudó mucho acá.

-¿Siempre trabajaste con compatriotas acá?

Sí, sí, sí, siempre.

-¿Trabajaste con argentinos?

No, no. Los que sí tenían mucha paciencia conmigo eran los formoseños, correntinos (Formosa y Corrientes son provincias limítrofes con Paraguay. N. del a.). Hablaban bien guaraní y entonces me querían mucho y nos llevábamos bien y ellos me enseñaban un montón a mí. También trabajé con un tano, un argentino hijo de italiano, que me enseñó un montón de cosas: albañilería, colocación, plomería.

-¿Observás que acá buscan a extranjeros en vez de argentinos para trabajar en la construcción?

Siempre busco a algún paisano. Ahora estoy trabajando particularmente y busco a mis paisanos porque es más fácil para explicar, hablamos guaraní y le explico bien cómo es la cosa; tengo mejor expresión. En guaraní le explico enseguida y en castellano tengo que esforzarme el doble.

-¿Con la documentación cómo te fue en el trabajo?

No tuve ningún problema. Como trabajo por recomendación no piden ni un papel, nunca. Y hace dos años que tengo mi documento y nadie me lo pide. A veces me trajo problemas para tener el registro con el auto. Pero en el trabajo no, te piden el nombre y apellido y nada más. A mí me pasaba que los documentos se me vencían siempre porque estaba todo el tiempo trabajando y otra cosa que me pasaba era que no sabía a dónde ir. La gente que te contrata te lleva del trabajo a tu casa y entonces yo no conocía adónde se hacía el trámite. Cuando vos lo querías hacer ya tenía todo atrasado.

-¿Tuviste vos o algún compañero un accidente laboral? ¿Qué sucede si no tienen los documentos en regla?

No, yo gracias a Dios no tuve ningún accidente. La mayoría trabaja en negro, si pasa algo directamente el tipo (el capataz) lo lleva al hospital y trata de solucionar así, sin ningún juicio, sin nada. Le paga su día para que no tenga juicio, todo eso. Yo, gracias a Dios, no tuve nada porque me cuido mucho, pero a alguno le pasa: se cae de lo alto.

-¿Por qué crees que tienen lugar los trabajadores paraguayos, bolivianos, o de otros lugares, para trabajar en la construcción?

Yo digo una cosa, puede ser que me equivoque, yo hago lo que no quiere hacer un argentino. Vos le decís a un argentino “levantáme una pared acá” y un argentino no quiere hacer eso porque prácticamente se prepara para el trabajo en una oficina, o para manejar una computadora, pero sin embargo yo no estoy preparado para eso. Porque me falta el estudio, hay veces que uno apenas cumple su primaria, entonces el que no está preparado tiene que hacer eso. Eso es lo que yo estoy haciendo, por ahí yo estoy preparado pero por algún motivo no pude terminar. Y por ahí vos escuchás a alguno y al final te dice que los malos somos nosotros, “porque vos me sacás el trabajo”. Yo no le saqué; son así y es así. El tema es que no quieren hacer ese trabajo.

-¿Tuviste algún período sin trabajo acá?

Puede ser un mes, pero después todos los días tuve trabajo. Y a veces trabajo a la noche también: después de la construcción, a las 5 de la tarde, vengo a casa y me pongo a hacer muebles.

-¿Volviste a Paraguay?

No, desde que vine hace quince años no volví. ¿Sabés qué pasa?, allá necesitan también y yo tengo que terminar mi casa acá y no puedo ir con las manos vacías, es feo. La familia te espera con un regalo o algo así. La idea mía es terminar la casa, comprar un auto más o menos bueno, ir allá y llevar un regalito a cada uno. No me falta mucho, ya estoy terminando acá.

-¿Hacés aportes para la jubilación?

No, no, nada. Ahora tengo que hacer eso. Tengo que hacer eso para más adelante. Ahora tengo que terminar mi casa primero y después tengo que arreglar los papeles del terreno, todo eso para el día de mañana.

-¿Cómo son las condiciones de trabajo para los extranjeros dentro de lo que conocés?

Yo, mirá, gracias a Dios, no me puedo quejar. Porque, la verdad, en Paraguay trabajé el triple de lo que trabajé acá y no tenía ni camisa, nada. No te rinde, nada más que para comer. Ahora creo que ni para comer te sirve. La gente de campo puede que no coma si hay sequía. Allá es importante que le vaya bien al campo porque de ahí sale la comida, circula más plata; es como acá la construcción. Si se para la construcción, chau. Acá cuando paró la construcción no tuve ni para comer, pero después arrancó todo. Empezó la cadena de nuevo y me metí a trabajar también con las inmobiliarias en la reparación de las casas para alquilar una vez que se van los inquilinos y van los nuevos. Todo ha sido la recomendación, si vos hacés trabajo es por eso. Y porque hago de todo, entonces así te tienen en cuenta.

-¿Recomendás a tus compatriotas?

Hay veces que los chicos faltan mucho. A veces te faltan porque están enfermos o tienen que hacer documentos. Atrasan mucho el trabajo. Algunos reciben su quincena y se la gastan, y otras veces se echan a vagos. A ellos yo les digo cómo es la cosa y les digo qué es lo que tienen que hacer.

-El sindicato del ramo ¿qué relación mantiene con los paraguayos?

Bien. Conmigo ningún problema. Cuando vienen les digo cómo estoy trabajando. Les explico que estoy haciendo una changa, no venimos de una empresa ni nada. Nada más que para mantener una familia.

-¿Y observan que tengas los elementos de seguridad para trabajar?

Sí, tengo todo.

"Hay que cuidarse, por ahí vos estás seguro pero algún día tenés un mareo allá y te podés caer. Hay algunos, algunas empresas que no te dan nada y vos los tenés que comprar. Hay algunos que tranzan con el sindicato, entonces. Yo conozco empresas grandes que hacen eso"


Entonces por más que vos hagas juicio, como tranzan y son gente de mucha plata… Pero yo no, gracias a Dios no. Por eso me gusta más hacer trabajo particular, por recomendación. Les explico cómo es y si lo hago el trabajo lo hago como para mí: tiene que quedar impecable. Entonces a la gente le gusta antes de hacerlo explicarle, ver si ellos tienen una idea. Es difícil que te salga mal.

-¿Dialogás mucho con la persona a la que le vas a hacer la obra?

Sí, claro. Casi la mayoría, parecemos una familia. Y me expreso mucho. Yo, como soy del campo, no hablaba así, me costaba mucho. Pero después, conociendo mucha gente, me dijeron: “Aurelio, tenés que hablar para que conozcan qué clase de persona sos vos”; para que la gente tenga confianza. Y por ahí si vos hablás la gente te ayuda. Allá, en el campo, son muy cerrados, por ahí la gente se está muriendo de hambre y no te dice. Porque son así, hay mucha vergüenza allá, no es cómo acá. Gracias a Dios aprendí un montón de cosas. Yo siempre les explico a los clientes cómo empecé y adónde estoy ahora.

-Tenemos este espacio para enviar un mensaje a los dirigentes y compatriotas de Paraguay, ¿tenés algo para decirles?

Sí, claro que sí. Más o menos la mitad de mi vida crecí, conocí la ciudad y el campo y sé muchas cosas para decirles. A los gobernantes porque antes de subir te prometen de todo, pero cuando suben se olvidan, ni te conocen. Hay mucha gente que se está muriendo de hambre, peor que un perro. A mí me pasó eso. Por eso yo me quedo acá, porque estés indocumentado, a veces a los argentinos se los deja de lado y atienden a un extranjero.

"Allá lo que falta es eso: que se pongan más pilas y ayuden a la gente pobre. Que lo acaricien a uno y que le digan “¿cómo estás, te falta algo?”"


Siempre falta, allá falta de todo. Allá labura la gente, y la gente está prácticamente un esqueleto porque no se alimenta bien. Y si no se alimenta ¿cómo hacen? Allá la gente muere joven, no es como antes, la gente se está muriendo de hambre y más los chicos. Yo conozco mujeres que vienen a parir acá y los chicos son argentinos y tienen derecho a vivir acá, ¿y cómo puede ser eso? ¿Los gobernantes no piensan en esas cosas?
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