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Hegemonía, Kirchnerismo y sujeto político - Por C. Yasenza

Hegemonía, Kirchnerismo y sujeto político. La brecha de la historia



La construcción de un sujeto político con conciencia de clase y capacidad crítica es de vital importancia para afrontar el embate de la derecha neoliberal. Ese sujeto político no puede dejar de lado a los trabajadores en cuanto clase. Los gobiernos populares vigentes en la región y los que han perdido el poder, deben contemplar esta articulación tanto para sostenerse en el gobierno como para recuperar el poder. Volver o permanecer implica elaborar dialécticamente la construcción de hegemonías populares.

Por Conrado Yasenza*

Los tiempos para sentir y decir

Desde su aparición el 7 de junio de 1810, el periódico La Gaceta de Buenos Aires llevó como epígrafe la cita del historiador y gobernador del imperio Romano, Cornelio Tácito. "Tiempos de rara felicidad,/son/ aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo". La cita fue escogida por Mariano Moreno y todos los números de la Gaceta la contienen. Los jacobinos del sur del Río de la Plata tenían claro un objetivo: El pueblo no debía contentarse con que sus gobernantes obrasen bien; debían aspirar a que nunca pudieran obrar mal.



Podemos afirmar que durante los gobiernos kirchneristas la unión entre el deseo de felicidad y la posibilidad lícita de expresarlo, dio inicio al complejo desarrollo de la potencia del ser unida a la relación solidaria con un Otro colectivo enlazado al despliegue del deseo. El trágico tiempo de aquel 2001que aún reverbera en el filamento sensible del alma social, aró el suelo para sembrar esa rara pasión alegre, reparadora.



El tiempo es una flecha que la historia orienta o desvía. Las formas en que se obra también direccionan el curso de esa flecha y su historia. Cuando nos preguntamos qué es lo que ocurrió para que el bloque ideológico de la derecha neoliberal haya trastocado ese tiempo de rara felicidad, tendríamos que volver a los actos, los gobernantes y los sujetos colectivos implicados en el despliegue de ese deseo de transformación.



El neoliberalismo no es una hegemonía sino una agresiva plataforma ideológica para la toma del poder. Lo hegemónico cobra dimensión en la dialéctica abierta, inconclusa, de su propia construcción. El neoliberalismo concibe lo ideológico como una construcción política cerrada en la cual las diferencias son diluidas bajo la lógica de la asimilación, que concluye en negar lo diverso. Un ejemplo extremo es la idea de totalidad: Cuando algo lo representa todo se torna un absoluto que esfuma las diferencias, los matices, para transformar ese todo absoluto en objeto de dominación y sujeción. La derecha neoliberal, bajo el ropaje de la colaboración global y coordinada para la obtención de un fin benéfico para la sociedad de consumo, oculta los grados de explotación y degradación social e individual que confluyen en la producción de ese bien que se nos ofrece como el justo consumo. La publicidad oficial de cómo se elabora una empanada, grafica con claridad el carácter de ese absoluto que funde lo diverso en su potencia de asimilación hasta transformarlo en una totalidad mentida. Hemos llegado a la construcción de sentido. El más común; el más eficaz por el daño que realiza.



Volvamos a la falla. Dónde podemos encontrar el origen de la derrota. Aquí las opiniones e interpretaciones son variadas. El planteo que propone este intento de reflexión se centra en la idea gramsciana de hegemonía. El poder se obtiene; la hegemonía se construye antes, durante y luego de haber obtenido el poder. Esa elaboración no puede nunca desentenderse de la aspiración a formar sujetos políticos dotados de criticidad. En ellos reside la garantía de una batalla cultural permanente. Si bien es cierto que el partido político debe ser el factor aglutinante para llegar al poder, éste no puede desarrollar estrategias políticas cuya dirección sea vertical en el sentido de arriba y abajo. La dialéctica de esa hegemonía impone el desafío de impulsar el deseo transformador de los sectores que representa o conduce, aguzar la conciencia crítica que interpele a esa conducción o partido político con relación a sus deseos de realización solidaria. Llegamos a un punto crucial, difícil. Está claro que los gobiernos kirchneristas repararon el tejido social restituyendo y ampliando derechos políticos, sociales, culturales y económicos. La recuperación efectiva de las políticas de derechos humanos es la marca fundante e identitaria de los gobiernos kirchneristas. Sin embargo no es tan sencillo o lineal. El Kirchnerismo no pudo o no supo, tal vez no quiso – duele, pero es una posibilidad – desprenderse de esa conducta errada que llevó a obrar mal, y que terminó obstaculizando la reforma moral, política y cultural que se propuso como fin para constituirse en hegemónico. Hay una causa, siempre la hay. El kirchnerismo fue alejándose de los señalamientos y reclamos de una sociedad amplia y diversa. El concepto de “empoderamiento” obró como el vehículo del dar. La construcción del sujeto político devino en bajada de línea de una estructura política que nunca terminó de unirse y menos de organizarse. El sujeto social kirchnerista, de composición social, ideológica y cultural muy heterogénea, se tornó pasivo o expectante del llamado de la conducción. En ese sentido, las propuestas que el kirchnerismo impulsó adquirieron un direccionamiento vertical cada vez más pronunciado, desde arriba hacia abajo. Es posible oponer a esta argumentación que el poderío de los medios concentrados de comunicación marcó tiempos, agendas y humores en la sociedad, condicionando la capacidad de maniobra del gobierno. Es cierto en parte, ya que la “batalla cultural” se centró casi exclusivamente en la disputa de poder con el Grupo Clarín, dejando de lado deseos y demandas que la sociedad terminó motorizando, como por ejemplo, el Ni Una Menos, o el proyecto de ley de despenalización del aborto, frenado por el gobierno; la reforma impositiva, la discusión sobre el impuesto al trabajo, el impuesto a la renta financiera, la despenalización del consumo de marihuana, y podríamos seguir citando. En este siempre injusto listado de señales olvidadas cabe señalar un hecho fundamental: El descuido en la implementación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la norma socialmente más consensuada. Como señala Natalia Vinelli en una nota publicada en La [email protected] Eñe, Entre la fortaleza y la debilidad: las emisoras alternativas frente a la gestión macrista: “Si la ley se hubiese implementado en su totalidad, parafraseando a Guillermo Mastrini, hoy la comunicación hecha desde abajo tendría mayor fuerza y una dimensión equivalente al consenso que se logró durante la sanción. Como resultado, la lentitud en el ordenamiento de los medios sin fines de lucro se tradujo en debilidad: aunque suene obvio, no está de más señalar que si fueran más los canales y las radios concursados y legalizados, el sector sería mucho menos vulnerable; y que, en todo caso, enfrentaría saludables y nuevos problemas.”




Derrota y atomización

Las elecciones se perdieron. Este es un dato inobjetable aunque se lo minimice con guarismos. Se perdió de modo contundente porque se perdió la Provincia de Buenos Aires, bastión histórico del peronismo. No puede obviarse en este breve comentario la irrupción del factor Massa y el FR. La discusión en torno a la responsabilidad en los errores estratégicos para el armado de listas del kirchnerismo, ha sido abordado por sociólogos, politólogos y encuestadores con rigurosidad en esta publicación.

La derrota aceleró la disgregación hacia el interior del FpV. Quedó claro también que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner es la única líder política con capacidad de convocatoria. La multitudinaria movilización a Comodoro Py lo demostró. Esta capacidad engendra a su vez el propio sino de la desmovilización y atomización. Si CFK no convoca, el vasto espectro de simpatizantes y militantes kirchneristas no se moviliza. Hay sí una suerte de ambiente asambleario cuyo espontaneísmo, o quizás sea más ajustado decir con relativo grado de organicidad, pone de manifiesto no sólo la atomización y falta de articulación entre plazas diversas, sino que revela que ese sujeto político, a cuya construcción se renunció, es el talón de Aquiles del kirchnerismo, o de los espacios que se congregan en torno a la denominación “nacional y popular”.

La forja de ese sujeto político con conciencia de clase y con capacidad crítica es de vital importancia para afrontar el embate de la derecha neoliberal. Ese sujeto político no puede dejar de lado a los trabajadores en cuanto clase.

El veto a la ley antidespidos no produjo reacción social alguna. Ni espontánea, ni organizada. La marcha contra los despidos y el ajuste del 29 de abril, a la cual las burocracias sindicales se vieron forzadas a concurrir, tuvo como respuesta el aciago corolario de ollas populares en lugar de paro general. Esa es la respuesta que las tres CGT le dieron a sus representados. Muy lejos de la histórica sublevación de los ajustados: El Cordobazo.

La multitudinaria movilización de docentes y no docentes parece ya lejana ante una paritaria pobre y un escenario de precarización laboral en las universidades.

El golpe institucional en Brasil, el polvorín a punto de estallar en Venezuela, las sombras imperiales que acechan a Ecuador y Bolivia, dan cuenta de esta necesidad de unión y organización de clases con el trabajo como estandarte.

El partido político que sea capaz de comprender que lo Hegemónico, como bloque histórico de poder, debe contener a estos actores sociales en una dialéctica abierta de construcción popular, será el que restituya el fuego libertario que alguna vez el hombre les robó a los dioses.


Avellaneda, 30 de mayo de 2016


*Periodista y docente en UNDAV

http://www.lateclaene.com/#!conradoyasenza/c1kb1
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