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Historia de Hank, el perro condenado por parecer un pitbull







Leonard Collins y Joanne Meadows son los humanos de Hank, un perrito de 2 años, cruza de staffordshire bull terrier y labrador. A Hank le encanta correr, perseguir su cola, y ladrar. De hecho, sus humanos lo están entrenando para que ladre un poco menos.



Aparte de eso, es un perro completamente adorable, sin una pizca de maldad. Sin embargo, Hank y su familia viven en Irlanda del Norte, donde la ley prohibe la tenencia de perros de la raza pitbull, y el problema es que Hank parece un pitbull.




Una ley lamentable y un proceder que lo es más aún




A raíz de un llamado anónimo, la policía se llevó a Hank de su casa, sin avisarle a sus dueños y dejando solamente una nota en la que explicaban que podrían volver a ver a su perro solamente luego de que se tomara una decisión. Las autoridades consideraban, en primera instancia, que Hank era un pitbull y, por ende, pretendían eutanasiarlo.



¿Cómo pueden probar que es un pitbull? Nadie sabe realmente. ¿Cómo determinar que el perro es un "peligro para el público"? Nadie sabe tampoco. Claramente, la precisión y la lógica no están a la orden en este tipo de leyes que pretenden mantener el orden público pero que, al menos en esta historia, no hacen más que aterrorizar a personas en sus propias casas.




Las redes sociales al rescate





Los dueños de Hank intentaron defender a su perro, diciendo que no era un pitbull, que estaba estirilizado, vacunado y que hasta tiene un microchip electrónico. Pero nada. El único apoyo político que la familia recibió fue de la parte del partido ecologista de Irlanda del Norte.



Durante todo este proceso, Collins y Meadows no podían ver a Hank ni podían saber dónde éste se encontraba. Así lo estipula la ley.




A pesar de no tener amplios recursos económicos, la pareja buscó ayuda en las redes sociales y, así, estableció una petición online (que casi llega a las 300 mil firmas) y una página en Facebook para que la historia tuviera lo máximo de atención posible.







Y la mediatización tuvo éxito, ya que las autoridades locales decidieron, el jueves 28 de julio, liberar a Hank. ¿El veredicto? Los expertos que lo midieron determinaron que era un pitbull pero que a pesar de eso, Hank no era nada peligroso. ¿Qué sentido tiene eso en relación a lo que la ley estipula? Sería justo decir que el rol de los medios no fue nada negligente en este caso, y es muy posible que las autoridades, bajo la lupa de la atención pública, hayan preferido no empeorar el caso. Tal vez se trate de una buena ocasión para poner en tela de juicio la ley en cuestión, mostrando la falta de lógica de su aplicación.

Esto mismo quieren fomentar Collins y Meados, que buscan ahora provechar del ruido que ha generado su caso para llamar la atención sobre las leyes que pretenden legislar sobre las razas de perros.
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