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Hunza, el pueblo que no envejece y vive hasta 120 años

Imagina llegar a los 85 años de edad y no aparentar más de 45, ¿acaso no sería genial? Y mujeres que siguen procreando después de llegar a la tercera edad sin ningún tipo de problema, ¿qué piensas de eso? ¿Una utopía, el guion de Elysium, un cuento de hadas? Nada de eso, se trata de argumentos perfectamente normales para los habitantes del Valle de Hunza.



Ubicado entre las montañas del Himalaya, en el extremo norte de la India, donde convergen las tierras de Cachemira, India y Pakistán, se encuentra el Valle de Hunza, un sitio que llamó mucho la atención cuando, en 1916, un grupo de ingleses que hacían una actualización de la cartografía de la región descubrieron este pequeño e inusual reino, que rápidamente fue apodado el “Oasis de la Juventud” en el planeta Tierra.

Son poco más de 30 mil habitantes en un paradisiaco valle a 2,500 metros de altitud, en las montañas del Hindu Qūh que hablan un idioma autóctono (el Burushaski) sin relación con ningún otro conocido.



Los habitantes se hicieron famosos por tener una comunidad feliz, simpática, siempre alegre y activa, en la que diversos individuos viven tranquilamente más de 110 años – algunos llegan hasta los 120 –, y con un detalle enigmático: no sufren enfermedades graves ni problemas serios de salud – prácticamente un milagro en nuestros días.

¿Cuál es la explicación aquí?



Según la opinión del médico escocés Dr. Mac Carrisson, quien descubrió al pueblo por curiosidad y terminó viviendo con ellos durante siete años, el secreto de la salud de los Hunza se encuentra en su alimentación, siempre a base de cereales integrales, frutas (principalmente el chabacano, considerado un fruto sagrado en la región), verduras, frutos secos, queso de oveja y el inusual pan de Hunza, siempre respetando un restricción calórica de 30%.

Y predomina una notable diferencia: todo es 100% orgánico, sin vitaminas sintéticas (las producidas en los laboratorios), ni pesticidas o fertilizantes químicos, que son extremadamente comunes en buena parte del mundo y que acaban por matar el organismo humano en un promedio de 75 años, lo que podría explicar los crecientes índices de cáncer y derrame cerebral en el planeta



Además, los Hunza sólo hacen dos comidas por día, la primera de las cuales la dan hasta el mediodía. Es decir, pasan sus buenas horas en ayuno, pero nunca estancados, comportándose como sedentarios. Cuando no duermen, siempre están haciendo diversas actividades físicas. Las carnes no están totalmente excluidas de la dieta, pero solamente son consumidas en ocasiones especiales, y siempre en pequeñas cantidades.

Además, es interesante informar que cualquier tipo de ejercicio realizado en ayuno propicia los mayores efectos de inducción enzimática en las enzimas antioxidantes, superóxido dismutasa citoplasmática y mitocondrial.

Érase una vez un paraíso…

El Valle del Hunza tiene un sistema social basado en la monarquía, aquí gobierna el rey Khan Jaman, un monarca que adora revolcarse en montañas de dinero y que acabó permitiendo que los ingleses y americanos se asentaran en el lugar a partir de la década de los 20, lo que dio inicio a la destrucción de este paraíso terrenal.



Con esto, las nuevas generaciones abandonaron gran parte de las viejas costumbres y pasaron a alimentarse de una forma frenética con hamburguesas, a tomar Coca-Cola y a instruirse en una formación académica tradicional, convirtiéndose en un parte más del sistema. En la actualidad existen diversas escuelas inglesas en los alrededores de Hunza, como Tajik, Susto o Chapursan, donde los niños aprender a ser “civilizados” por la maquinaria del sistema.



Así las cosas, los jóvenes empezaron a morir a edades más tempranas de una década para acá, con apenas 70 y 80 años como promedio. Actualmente, quedan pocas familias que mantienen la tradición original de longevidad que marcó al pueblo de Hunza durante su historia.
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