Check the new version here

Popular channels

Imagina una mujer. Imagina que es 2007. Imagina que vive en

Imagina una mujer. Una mujer normal, casada, con varios hijos, una casa…Pongamos que se llama Salma.

Su familia vive, como muchos de sus vecinos, del cultivo de fresas que luego exportan a Gran Bretaña. Cada día se levanta y prepara el desayuno, y, más adelante, lleva a sus hijos al colegio. Espera que en unos años se vayan fuera a estudiar a la universidad y tengan un buen futuro. A Salma le gusta pasear y le gusta leer por las noches antes de acostarse.

Ahora bien, ella no lo sabe, pero tiene un problema. Algo que va a transformar por completo su vida. Salma vive en Gaza y es 2007, el año en que comenzó el bloqueo.












Ahora vayamos al presente, o más en concreto, a los meses antes de la operación “Margen Protector”. Han pasado 7 años desde que se inició el bloqueo. ¿Qué ha ocurrido con Salma? Ella sigue viviendo en su casa, con su marido y sus hijos. También continúa haciendo la comida, pero esta ha cambiado. No solo porque la cantidad es menor; ni porque sea muy complicado encontrar algo de pescado en el plato, después de que la zona de pesca autorizada a los residentes en Gaza se haya visto reducida de 12 millas de distancia de la costa, a, en este momento, sólo tres; sino porque esa comida ya no procede del dinero que obtienen por el cultivo de fresas. Son alimentos proporcionados por ONGs que trabajan en la ciudad.

La economía de Gaza antes del bloqueo dependía de las exportaciones, pero en la primera mitad de 2014 la venta de productos al exterior se había reducido al 3% de lo que era en 2007. Por eso, Salma ya no puede seguir pagando su comida y la de su familia y tiene que depender de ayuda humanitaria.

De todas formas, ella se siente afortunada, porque, al contrario que muchos de sus vecinos- el 35% de la tierra de labranza de Gaza no se puede cultivar por el bloqueo o solo puede ser cultivada con restricciones- su familia sigue teniendo su terreno y puede seguir produciendo una pequeña cosecha que luego venden en la ciudad. Eso les proporciona unos ingresos con los que no cuentan mucha de los habitantes de Gaza, donde el 40% de la gente está desempleada. Buena parte del dinero lo usan en comprar agua embotellada, porque la del grifo ya no es potable.

Salma ya sabe que probablemente sus hijos no podrán irse fuera a estudiar en la Universidad, ya que, en los últimos 14 años sólo se ha permitido estudiar en Cisjordania a 3 residentes en Gaza. También ha abandonado el hábito de leer por las noches, a causa de los habituales cortes eléctricos, que llegan a durar hasta 16 horas.

Su vida ha cambiado mucho en estos 7 años de bloqueo. Quizá lo peor de todo, como decía Lara Contreras en un post anterior, es la ausencia de futuro para ella y para sus hijos, la incertidumbre de no saber qué pasará en unos años, pero que, si sigue este camino, no será nada bueno.

Esta Salma que nos imaginamos en, concreto, no existe, pero en Gaza hay muchas Salmas. El 80% de los habitantes de la Franja viven hoy gracias a la ayuda humanitaria. El bloqueo transformó sus vidas. Sólo si este acaba, podrán empezar a recuperarse. Sólo si este acaba podrán ver un futuro más esperanzador.
0
0
0
0No comments yet