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Kicillof juega al 'Pacman' mientras la recesión no cede

Kicillof juega al 'Pacman' mientras la recesión no cede




El creciente número de funcionarios que no quieren a Axel Kicillof asegura que el ministro de Economía aún masculla bronca por haberse apresurado en lanzar una frase que reflejó autosuficiencia y soberbia, luego de que la Corte de Estados Unidos rechazó tomar el caso argentino en su puja con los fondos buitre.

"Quédense todos tranquilos, esto está estudiado en profundidad", disparó el funcionario en aquella oportunidad, cuando lo que vino después fue un calvario de largo aliento que puede terminar en ´knock out´ si es que, como promueven en los mercados financieros, la Argentina acepta pagarle a los fondos buitre el año próximo, cuando ya no esté vigente la cláusula RUFO.




Los funcionarios que suelen recordar ese mal paso del ministro están en alerta porque Kicillof no sólo tiene más poder que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, sino que cuenta con el favoritismo de la presidenta Cristina Kirchner de cara a su último año de mandato.

"Cristina lo escucha y él avanza, pero todavía es poco lo que ha podido mostrar en el área de la que debería ocuparse, que es la economía", disparó con cizaña un hombre que está con el kirchnerismo desde el 2003 y desconfía del camino elegido.

Pero tal vez los mayores escollos para el ministro estén dados en la forma desprolija con la que, a juicio de algunos colegas de Gabinete, está tratando de ganar poder a expensas de otros
funcionarios.

Kicillof vendría machacando oídos de la presidenta en largas tertulias que comparten en Olivos con informes sobre "procedimientos de cuestionable transparencia" en ministerios, secretarías y otros organismos.

Funcionarios que demostraron fidelidad a toda prueba a la mandataria estarían ahora en la mira de un Kicillof que le va tomando el gusto a las mieles del poder.

Existen lecturas contrapuestas sobre el camino que finalmente elegirá la Argentina para tratar de superar el escollo planteado por la Justicia norteamericana.

Cuando la Corte norteamericana ignoró la presentación del país, Kicillof había asegurado que "se tomaron las medidas para impedir que la reconstrucción de la situación financiera de la Argentina
esté en riesgo por pequeños grupos de bonistas que no buscan otra cosa que jaquear a los países".

El escenario es bien distinto, y el país parece más bien acorralado por ese poco más del 7 por ciento de bonistas dispuestos a esperar el tiempo que haga falta pero cobrar sus títulos al 100 por ciento y con intereses.

El mercado financiero internacional descree del argumento de que existe un complot internacional contra la Argentina para que no pague su deuda.

Sólo pretenden que, así como el país logró que más del 92 por ciento de los ahorristas aceptara sus canjes de deuda, le reconozca los títulos a quienes no lo hicieron.

Hasta tanto eso ocurra, consideran que el país sigue en default, porque los financistas están acostumbrados a los fríos números de la especulación en Wall Street, Londres y otros centros del capitalismo mundial.

El problema de fondo no es sólo la negociación inconclusa por la deuda, que tal vez este gobierno no termine de solucionar, sino que la economía continúa sin reaccionar, los capitales ni sueñan con entrar a estas tierras al menos mientras se sostenga el cepo cambiario y los dueños del dinero están pensando más en el gobierno que llegara a fines del 2015 que en lo que pueda ocurrir el año próximo.

Es una curiosidad presente en muchas de las conversaciones con empresarios e inversores que aceptan el diálogo mano a mano: hablan del 2016 pero olvidan que antes hay un 2015, como si el
año próximo fuese a quedar en un limbo, con sus consecuencias sobre la economía, el empleo y las condiciones sociales.

Kicillof parece hacer caso omiso al hecho de que la industria lleve 14 meses de recesión, como si fuera un dato carente de importancia.

Lo llamativo es que algunos sectores empresariales lo vitorean como si la economía marchara a un ritmo frenético, como ocurrió en el último congreso de ADIMRA y también en el "contracoloquio"
armado a último momento en Mar del Plata para restarle protagonismo a lo que ocurría en el encuentro de IDEA.

El riesgo es que el gobierno empiece a convencerse de que todos los reclamos que plantean sectores empresariales, gremiales y sociales no sean otra cosa que "intentos desestabilizadores", como repiten Capitanich y Kicillof.

Mientras la economía no da señales de repunte, y el presidente del BCRA, Alejandro Vanoli, debió activar el swap con China para evitar que las reservas cayeran por debajo de los 27.000 millones de dólares, y la inflación se sigue consolidando, Kicillof parece estar más preocupado por ganar cuotas de poder.

Ese avance del ministro sobre distintas áreas del gobierno ya comenzó a despertar reacciones en sus pares del gabinete y preocupación en el mundo empresarial.

El jefe del Palacio de Hacienda sugiere que en distintas áreas de gobierno hay manejos poco claros, y se muestra como garante de la transparencia.

Entre los objetivos apuntados por Kicillof, con apoyo de la cada vez más influyente agrupación La Cámpora, figurarían los ministerios de Planificación y de Industria.

Ya logró empezar a cambiar las relaciones de poder en el INDEC e intentaría poner más tropa propia en la Aduana.

La Cámpora, dirigida por Máximo Kirchner desde Río Gallegos, tendría los ojos puestos, además, en otro Ministerio, ocupado por una figura que viene levantando el perfil y mostrando logros que
impactan sobre el día a día de la gente.

No son los únicos en la larga lista de adversarios, imaginarios o no, anotados en la libreta negra de Kicillof, a quien Guillermo Moreno apodaba "El soviético".

La relación del ministro de Economía con el jefe de la ANSeS, Diego Bossio, no pasa por su mejor momento, tal vez porque Kicillof envidia la enorme masa de recursos y la influencia que
maneja el responsable de administrar el dinero de las jubilaciones.

El ministro de Economía estaría, además, operando para colocar tropa propia en la estratégica Aduana, donde desde hace varios años, pero especialmente a partir de las trabas a las importaciones, llueven rumores sobre manejos turbios para destrabar el ingreso de containers.

Ricardo Echegaray sigue con atención los movimientos del ministro de Economía y se maneja con una autonomía que, por ahora, le garantiza llegada directa a la presidenta.

El jefe de la AFIP tiene en sus manos información cada vez más sensible sobre vida y obra de los argentinos, y también de los funcionarios, y en distintas oportunidades quedó a milímetros de vulnerar el secreto fiscal.

El antecedente que activó las alarmas en muchos ministerios sobre los manejos de Kicillof fue la forma en que hizo despedir al presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega.

Ni una palabra de elogio hubo en la aceptación de la dimisión del funcionario mientras a un ignoto hombre de segunda línea, que había tenido objeciones de la Justicia, fue despedido con un fuerte "agradecimiento" de la presidenta en los últimos días.

Quienes están cerca de Kicillof aseguran que llegó una instancia superadora a la administración de Cristina Fernández, que incluye un "operativo limpieza".

El problema es que mientras el ministro aparece distraído en estos menesteres, no se observan políticas para sacar a la Argentina de la recesión con la que terminará el año, y menos para avizorar una recuperación en el 2015.





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