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Kim Jong-un: El líder que no puede enfermarse



De todos los disfraces de Halloween, fue uno de los más creativos. En Tokio, Hong Kong y Seúl, la cara redonda de Kim Jong-un, su corte militar y uniforme verde fue el más popular. Su figura de caricatura es la nueva marca de este país comunista, hermético al mundo occidental, del que se conoce muy poco y que sigue asustando a todos con sus bravatas nucleares.

Desde que llegó al poder casi empezando el 2012, luego de la muerte de su padre, Kim Jong-un, ha utilizado los medios estatales para que todas las informaciones que salgan de su país giren en torno a él, para que quede claro ante el mundo que, pese a su juventud, dirige las riendas y las decisiones de los norcoreanos, y que la herencia de los Kim continuará por mucho tiempo más.

Pero durante octubre, la incertidumbre se apoderó de la península coreana y los medios occidentales. ¿Dónde está Kim Jong-un? ¿Por qué no aparece? ¿Dónde están sus fotos caminando sonriente y dando órdenes al resto de la cúpula militar?

Durante 41 días no hubo rastros de él y los rumores empezaron a esparcirse, como suele pasar cuando la única fuente de información es la oficial. Todos apuntaban a un agravamiento de su estado de salud, producto de su obesidad y los males del corazón heredados de su padre y abuelo. Se dijo hasta que estaba mal de las rodillas porque usaba zapatos con tacones. Ya se especulaba un golpe de Estado y hasta se hicieron organigramas familiares para saber quién sería su sucesor.

Pero a mediados de octubre, Kim Jong-un reapareció. Unas fotos de él lo mostraban caminando, apoyado en un bastón, en la supervisión de un complejo de viviendas. Estaba vivo y contento, pero cojeando. Días después, otras fotos de él lo mostraron agasajando a unos deportistas de su país. El jueves, las últimas imágenes lo veían siendo vitoreado por cientos de soldados mientras caminaba sin ayuda.

“Corea del Norte es un país socialista conducido con mano de hierro. La imagen de un dictador derrotado por el dolor y sufriendo enfermedades es inaceptable para el liderazgo norcoreano. Ellos quieren proyectar una imagen perfecta e invencible de su más grande líder. Por eso, necesitaron un tiempo suficiente para que se recupere”, explica a El Comercio desde Seúl el doctor Dong Gu Suh, politólogo del Instituto Coreano por la Unificación Nacional.

Pero si es un país cerrado y controlado, ¿por qué el gobierno tiene que reaccionar ante las especulaciones del mundo exterior? Como en todo gobierno autocrático, las decisiones no se toman a la ligera y todo tiene un motivo. “Kim Jong-un decidió reaparecer primero usando un bastón, explotando la imagen de un líder que hace su más grande esfuerzo para dirigir el país”, prosigue el experto.

A fines de octubre, otro rumor intentó explicar la desaparición de Kim. El líder norcoreano había sido operado de un quiste en el tobillo.

Según Suh, los norcoreanos están un poco más enterados de lo que pasa tras sus fronteras debido al mercado negro de celulares y a la lenta propagación de Internet.
Por ello, más que responder a las inquietudes occidentales, el régimen quiso mostrar a sus ciudadanos que Kim Jong-un sigue controlando el país.

Apenas reapareció en público, el régimen tomó algunas decisiones importantes, como liberar sorpresivamente al estadounidense Jeffrey Fowle, detenido en mayo por haber dejado una Biblia en un hotel. Esto se refrendó con la liberación, ayer, de los otros dos norteamericanos que seguían en las cárceles norcoreanas. Para Paul Carroll, especialista de Corea del Norte de la fundación Ploughshares de San Francisco, esta actitud puede significar que el régimen está intentando posibles vías para reanudar un diálogo con Washington.

LA SENDA DEL NIETO MENOR
Pero el rostro sonriente de Kim Jong-un tiene su lado perverso. En su corto período al frente del gobierno ha mandado ejecutar a decenas de “enemigos”, entre ellos su tío y mentor, Jang Song-Thaek, acusado de traición, y ha acomodado a la cúpula militar según su conveniencia. Incluso, la propaganda norcoreana hizo pisar el palito a los medios occidentales, haciendo creer que su tío había sido arrojado sin piedad a una jauría de perros. Lo último conocido ha sido la ejecución de decenas de personas acusadas de poseer discos piratas de novelas y películas surcoreanas.

“Los norcoreanos son expertos en manipular rumores desde el extranjero para hacer que la percepción internacional sirva a sus propósitos propagandísticos”, asevera Suh.

Pero lo que verdaderamente preocupa a Occidente y sus vecinos asiáticos es su programa nuclear y los lanzamientos de misiles, acrecentados desde la llegada de Kim Jong-un al poder. Mientras Corea del Norte no decida sentarse a negociar sobre ello, el régimen seguirá encerrado en su crisis económica y su dramática escasez de alimentos. Y Kim Jong-un y su redonda sonrisa no podrá salvarlos.
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