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La batalla de CARRHAE y los 10.000 romanos.


Marco Craso, contemporáneo de Cesar (el original Julito Cesar) y copropietario del triunvirato de la roma del año 54 a.c. (el que falta ahí es “sin cabeza” Pompeyo), tuvo la ilusión o el anhelo de emular a un grande (o magno): Alejandro III de Macedonia.

Con ese objetivo en mente, se le ocurrió conquistar a los partos, pueblo nada pacifico que estaba muy entretenido en luchas internas y limitaban con la provincia romana de Siria en lo que hoy conocemos como el río Eufrates.

Craso, que en la repartija de Roma se quedó con la provincia de Siria, Se movió hasta ahí junto con siete legiones auxiliares, una fuerza exagerada para una mera ocupación.
Obviamente, el muchacho de 70 pirulos tenia otros planes...
Avanzó raudamente sobre territorio parto con la intecion de realizar una gran conquista, logró victorias doblegando ciudades que no se defendían, o que directamente le abrían las puertas por no estar preparadas para pelear.

Cuando se acercó el invierno, Craso decidió volver a Siria. Ahí lo esperaban otro asuntos:
- Los judíos que nunca habían aceptado su forzosa incorporación al mundo romano y continuamente se sublevaban.
- Los constantes ataques de los pueblos árabes vecinos.

Al otro lado del Éufrates dejó sólo 7000 soldados manteniendo sus conquistas.
No se entiende bien si fue por demencia senil o por subestimar a los enemigos (que seguían luchando entre sí), pero lo cierto es que el número de legionarios no alcanzó para evitar que los partos reconquistaran fácilmente sus ciudades.

Los pocos sobrevivientes de esta fuerza de 7000 soldados advirtieron a Craso de lo que se avecinaba. Pero él, lejos de hacerles caso, se dedicó a organizar la pos-guerra (a la mejor manera de EEUU). Desoyendo a consejeros y aliados, cometió abusos contra los pueblos locales que le valieron más resentimiento contra los romanos.

En tanto, al otro lado del Éufrates, los partos tuvieron el descaro de iniciar su organización... con un invierno enterito para hacerlo.

Con los calores de la primavera, el amigo Craso se dispuso a emprender nuevamente la conquista de territorio parto. No le importaron los presagios de mala suerte que los soldados temían (poco importaba el presagio, bastaba con que un grupo grande de gente los creyera ciertos para que se hicieran realidad). Tampoco hizo caso a la advertencia de los exploradores: tras las líneas enemigas había huellas de un gran ejercito replegándose (bah, lo de replegarse fue la interpretación romana).

Por esa época, llego a la zona un nuevo amigo de Craso, un tal Acbaro, señor de los Mardanos y conocido en Roma por sus trabajos anteriores (a favor de Roma).

Acbaro le aconsejó a Craso atacar cuanto antes y lo mas rápido posible a los partos ya que sólo debía enfrentarse a dos generales partos llamados Surena y Silaces. También le aconsejó que para dar alcance de estos generales, lo más conveniente era... cruzar el desierto.

Craso no lo puso en duda y se lanzó con alma y vida a dar alcance de esos generales. A medida que avanzaban, las tropas fueron perdiendo su moral y su estado físico (imaginen a romanos, galos y toda la tropa proveniente de Europa central “corriendo” detrás de un enemigo en pleno desierto). Mientras tanto, Acbaro -el amigo de Craso- y su tropa, se separaron del grueso de ejercito por "razones estratégicas". Obviamente Craso les creyó.

Poco tiempo después se encontraron casi de frente con el ejercito del general Surena. El encuentro tomó por sorpresa a Craso que no esperaba encontrarlos en ese momento ni en ese lugar ya que los informes de Acbaro indicaban otra cosa.

Craso y Surena se enfrentaron. Como era de prever, a pesar de la superioridad romana, Craso perdió la batalla (y a su hijo Publio). Sin embargo gran parte del ejercito romano sobrevivió porque los partos no combatían de noche y se retiraron sin aniquilar a los vencidos.

Craso emprendió una rauda retirada hacia Carrhae dejando atrás a muertos sin sepultura y abandonando a sus heridos (se calculan unos 4000, de los cuales sólo unos 20 lograron, por sus propios medios, llegar a destino).

Entre tanto, la buena noticia era que los partos tuvieron la falsa información de que Craso se dirigía hacia Siria y no hacia Carrhae. Pero el buen Craso se encargó de arrasar con esa ventaja e informó (sin querer...) al enemigo de que su destino era en realidad Carrhae.

Una vez en Carrhae, los romanos se quedaron quietitos esperando a los partos. Recién entonces quisieron disparar hacia Siria, pero ups... apareció un señor llamado Andrómaco, que diciendo trabajar para los romanos los guió al medio de un pantano. Y al otro lado los esperaban los partos.

Tras una batalla que se inclinaba en favor de Roma el general parto pidió una tregua y un acuerdo. Craso, curtido después de tantos engaños, decidió acertadamente que era una trampa. En un principio rechazo la oferta, pero sus propias tropas lo obligaron a parlamentar. En la entrevista murieron Craso y las cabezas visibles de lo que quedaba de las legiones (unas 4 legiones mas los auxiliares).

Enseguida, el ejercito romano se dispersó: unos 10.000 se entregaron al general parto, el resto huyó hacia Siria, una gran parte de ellos lo logró.

A Surena, el prestigio de general ganado en la guerra le jugó en contra. No pasó mucho tiempo antes de que el Rey parto lo ajusticiara.

El resultado: Sólo 2 legiones pudieron rearmarse de entre los despojos romanos que no se entregaron a los partos. Luego fueron puestas al servicio del cuestor llamado Cayo Casio Longino (uno de los sobrevivientes), quien quedó al frente de la provincia Siria, para defenderla en caso de un contraataque de los partos.

Los partos no se hicieron esperar, dos años después de Carrhae (en el año 51 AC.) llegaron a las puertas de Siria. A la cabeza del ejercito iba Pacorro, hijo del rey Parto, acompañado por el experto general Osaces.

Como no había mucho con que defender Siria, los invasores se pasearon como panchos por su casa con excepción de los puntos defendidos por las dos legiones de Casio.

Igualmente, a la primera de cambio, los legionarios se tomaron revancha atacando por sorpresa a los partos y hasta mataron al general Osaces.

En el año 50 a.C. Pacoro pactó con Marco Bíbulo, sustituto de Casio como gobernador de Siria y se volvió de Siria contra su padre.

Enfrascados en una nueva guerra civil, los partos se retiraron al este del Eúfrates y Roma, por fin, recuperó parcialmente el control de Siria.

No fue hasta la época de Augusto cuando llegó la paz definitiva entre ambas naciones. Firmaron la paz en el año 20 AC con Phraates IV, hijo de Orodes II (al que había asesinado, para variar), y Augusto consiguió que se le devolvieran las siete águilas perdidas tras la derrota de Craso.

Para rematar les cuento que Cayo Casio Longino pasó a la Historia principalmente por ser uno de los asesinos de César y por ser quien derrotó a Espartaco. Y que lo de Craso Error viene de este tipejo que perdio hasta la vida en una campaña estupida.

Y acá llego a donde quería: ¿A donde fueron a parar estos 10.000 romanos capturados? Según la información que leí, más o menos pasó lo siguiente:

Una buena parte de los 10.000 fueron reclutados por el rey parto para defender fronteras del otro lado del reino. El resto fue enviado a la región de Margiana que era una región del Asia Central que limitaba al este con Hircania, al sur con Ariana y al este con la Bactria.

En esta zona fue fundada por Alejandro Magno en el 328 a.C. una de las muchas ciudades que llevaron su nombre (Alejandría) en las proximidades de la ciudad que después sería llamada Merv y actualmente Erk Kala de la República de Turkmenistán.

Dicha ciudad fue destruida por una invasión de los pueblos escitas del norte y reconstruida por Antíoco I Sóter a principios del III AC quién la rebautizó como Antioquía. Este rey, pobló la ciudad con súbditos sirios cerca del nacimiento del río Margo, actualmente conocido como Murghab, y la rodeó en círculo con una muralla de 1.500 estadios. Aún existía en tiempos de Orodes II de Partia y allí fue donde se envió a los prisioneros romanos.

A partir de ahí se pierde la pista de los 10.000 según las fuentes clásicas.

Pero en el año 1955 el sinólogo norteamericano Homer Hasenpflug Dubs descubrió una secuencia entre las crónicas romanas de la perdida de las legiones romanas y la aparición de legionarios en las crónicas de los chinos.

La campaña de pacificación de la frontera occidental de los chinos culmina con el asalto y la toma de la capital de los hunos en el año 36 a.c, actualmente Tashkent, en Uzbekistán.

Los historiadores de la dinastía Han documentaron con detalle las fortificaciones cuadradas y las tácticas militares de los defensores.

En esta región, los exámenes de ADN emparentán a los actuales habitantes con los actuales europeos occidentales.

Nuevamente derrotados, esta vez por los chinos, el resto de estos legionarios (unos 1000 parece) fueron expatriados (previa reclutación por parte del ejercito chino) a una frontera remota en el desierto de Gobi. Se apostaron en un pueblo que el emperador chino llamó “Li-Jien”. Parece que en chino (y en castellano) el nombre suena parecido a “Legion”, y además es como los chinos solían referirse a los romanos.

Recientes excavaciones parecen confirmar la presencia de romanos en regiones tibetanas, además el ADN de pobladores de la zona parecen confirmar que existe un parentesco reciente con los europeos.

Imaginen ser romanos, en el años 36 antes de Cristo reclutados para pelear en el Tibet a 7000 kilómetros de su Roma, en el corazón de Asia, ¡1300 años antes que Marco Polo!

Personas que como soldados sirvieron a un imperio y quedaron olvidados en la otra punta del mundo. Romanos tan buenos en lo que hacían que terminaron sirviendo a 3 pueblos diferentes. Increíble, ¿no?


Fuente: http://www.satrapa1.archez.com/articulos/antiguedad/craso/Carras.htm y chorificado de www.fabio.com.ar
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