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La droga de la felicidad de Huxley disponible en farmacias





El término "soma", que en griego significa "cuerpo", además de su sentido original, incorporado a palabras de nuestro idioma como "somático" o "somatizar", ha hecho referencia a cosas distintas o se ha utilizado para otros fines. Comenzando por el ejemplo más antiguo, "soma" era el nombre que los habitantes de la India antigua daban al jugo que extraían de una planta y que, según el libro sagrado Rig-Veda, les permitía embriagarse para realizar sus ceremonias religiosas, durante las cuales danzaban bajo el influjo de la sustancia sicoactiva. Aunque se siguen practicando esos rituales, tienen lugar sin ninguna droga y no nos ha llegado ningún testimonio fiable sobre cuál era esa planta. El gran investigador Gordon Wasson propuso en 1968 que se trataba nada menos que de la amanita muscaria, una seta con propiedades alucinógenas que hasta nuestros días es consumida en varios lugares del mundo, así como por los siconautas más atrevidos, para los que la LSD ya no supone ningún reto.

Pasando al siguiente caso, Aldous Huxley, buen conocedor de las antiguas tradiciones visionarias, dio el nombre de "soma" a la droga que tomaban los personajes de su novela Un mundo feliz —publicada en 1932—, con la que lograban tranquilizarse, olvidar los problemas y evadirse de la realidad cuando lo necesitaban, sin ningún tipo de efecto secundario.

Y llegando al tema de este artículo, no hay duda de que el nombre que puso Huxley a esa droga aparentemente perfecta influyó en la decisión de la compañía Meda Pharmaceuticals de patentar con el nombre de marca Soma el fármaco cuyo principio activo es el carisoprodol, todo lo cual describiremos con detenimiento. La elección fue tan buena que así es como se le conoce en todo el mundo (Soma), en lugar de por su contenido (carisoprodol).





Los tranquilizantes - El meprobamato​







Dado que estamos tratando con una sustancia que actúa sobre los procesos mentales, debemos hacer un poco de historia de la medicina antes de empezar a hablar sobre el Soma. A mediados del siglo XX, después de largas décadas en que la siquiatría apenas contaba con fármacos que pudiera aplicar y de haber estado utilizando métodos realmente poco atractivos, con algunos que pueden causar aversión o incluso temor, como por ejemplo el electroshock, la lobotomía —consistente en separar los lóbulos frontales del resto del cerebro con un bisturí— la terapia insulínica y la hidroterapia —en la que a los pacientes se les ataba al interior de una bañera, recibían chorros de agua fría y debían quedarse en remojo hasta una noche entera—, comenzaron a aparecer, a finales de los años cuarenta y comienzo de los cincuenta, varios medicamentos que se sumaron al escaso puñado que esta especialidad médica había podido utilizar hasta entonces (el bromuro, el opio, el cloral, el veronal, el barbital y pocos más), hasta lograr precisamente en esta misma década una verdadera revolución farmacológica.

Uno de esos primeros medicamentos fue el meprobamato, descubierto por los doctores Bernard Ludwig y Frank Berger en mayo de 1950, pero cuya licencia compraron muy pronto los Laboratorios Wallace. Con la denominación química sistemática de [2-(carbamoyloxymethyl)-2-methyl-pentyl] carbamate y el nombre comercial de Miltown —en homenaje al barrio de Milltown, de Nueva Jersey–, después de pasar varios estudios que demostraron su eficacia para aliviar diversos síntomas mentales –entre ellos la ansiedad– y tratar el alcoholismo, así como sus características de depresor del sistema nervioso central con propiedades sedantes, se lanzó al mercado, disponible en pastillas de 200 y 400 miligramos. La dosis media para un adulto oscilaba entre 1,200 y 1,600 miligramos diarios, que se dividía normalmente en tres tomas.

El Miltown nació oficialmente en 1955, enseguida se convirtió en el ansiolítico de moda, la "droga milagro" consumida incluso por las estrellas de Hollywood (recordemos que la tesis más plausible de la muerte de Marilyn Monroe es la de una sobredosis de Nembutal, sustancia perteneciente al grupo de los barbitúricos, a los cuales se encuentra muy cerca el meprobamato), y siguió siendo muy popular durante muchos años, a pesar del creciente control que fueron imponiendo las autoridades médicas estadunidenses. Un hecho que demuestra su popularidad es que se dice que los Rolling Stones estaban pensando en el Miltown cuando compusieron la letra de su famosa canción Mother's Little Helper ("El pequeño ayudante de mamá"), de 1966, que trata sobre la existencia cotidiana de un ama de casa, con todas sus obligaciones, su monotonía, el deber de ocuparse del marido y de los hijos y la frecuente aparición de casos de ansiedad por culpa de su frustrante forma de vida, que el "pequeño ayudante de la madre" —es decir, el meprobamato o Miltown— contribuyen a aliviar o sobrellevar. A continuación van algunos fragmentos traducidos de la letra:


Mamá hoy necesita algo para calmarse
Y aunque no esté enferma de verdad,
hay una pequeña pastilla amarilla.
Va corriendo al refugio del pequeño ayudante de la madre
que la ayuda con sus obligaciones
y consigue que sobreviva a su atareada jornada
(...)
Doctor, por favor, deme más de éstas
Al salir por la puerta, se tomó cuatro más
(...)
Pero si tomas más de esas, sufrirás una sobredosis
Ya no correrás hacia el refugio del pequeño ayudante de mamá
sólo te ayudaron en tu camino hacia el atareado día de tu muerte​








Otros estudiosos de los Rolling Stones creen que se referían a las pastillas de Valium, no a las de Miltown, si bien en contra de las primeras está el hecho de que sea muy difícil sufrir una sobredosis con ellas, a menos que se mezclen con alcohol; pero dejemos a los especialistas con sus debates y prosigamos con nuestro tema.

Sumando las compañías que compraron la necesaria licencia, las que no tuvieron reparos en replicar la fórmula química sin pedir permiso y las que esperaron a que caducara la patente, el meprobamato se ha vendido con más de cien nombres de marca distintos. Para hacernos una idea de su popularidad y de las cifras que movió, basta decir que en tan sólo dos años después de su comercialización se habían expedido más de 36 millones de recetas solo en los Estados Unidos, lo cual supuso la tercera parte de las medicinas prescritas en ese país durante ese período de tiempo.

Sin embargo, con la llegada de las benzodiacepinas, a finales de esa misma década —con menor toxicidad y efectos secundarios— y el endurecimiento de los requisitos de control farmacológico, en 1965 las autoridades sanitarias estadounidenses declararon que podía ser adictivo (se encuentra más cerca de los barbitúricos, productos que pueden ser peligrosos y tienen poco margen de dosificación, que de las benzodiacepinas), y en diciembre de 1967 se añadió a la lista de medicamentos bajo control por su posible abuso y dependencia, tanto física como psicológica. No obstante, se siguió fabricando, y ha sido solo en el año 2012 cuando la Agencia Europea del Medicamento ha recomendado su suspensión porque "sus beneficios no compensan sus riesgos". Actualmente —salvo error por nuestra parte—, entre los países desarrollados, solo se continúa sintetizando en Estados Unidos y Canadá, donde se trata como una sustancia controlada. No hemos podido dar con él en una búsqueda realizada en varios mercados de la Deep Web, lo que nos hace pensar que a los vendedores ilegales les resulta difícil conseguirlo.



El nacimiento del Soma

Como hemos dicho, el meprobamato nació a comienzos de la década de los cincuenta y tuvo un gran éxito en sus inicios, pero después de las cifras millonarias de sus primeros años de existencia tuvo que empezar a soportar la competencia de un rival muy fuerte, el grupo de las benzodiacepinas, con el clordiazepóxido (Librium) como primer representante cronológico, y el diazepam (Valium) como segundo en el tiempo y el más importante desde su comercialización hasta nuestros días; tanto que se le suele considerar la benzodiacepina estándar.

¿Qué podían hacer los Laboratorios Wallace, propietarios de la patente del meprobamato, con el doctor Frank Berger a la cabeza, para contrarrestar la fuerza con que llegaron al mercado unos rivales que, según casi todos los estudios, parecían ser más seguros y que ofrecían tantos beneficios, o más? Por supuesto, lo que los investigadores mejor saben hacer: crear un nuevo compuesto que mejore tanto al suyo anterior como al de la competencia. Y así, en 1959, el doctor Berger obtuvo el carisoprodol, un relajante muscular que, al menos en un principio, parecía presentar menos riesgo de abuso y de sobredosis que su antecesor, el meprobamato. Para reforzar aún más las expectativas de relajación y bienestar asociadas a la nueva sustancia, la bautizaron con el sugerente nombre de Soma, acto con el que comienza propiamente la historia de este fármaco, que ofreceremos en una siguiente entrega.
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