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La mujer es el cáncer del hombre (Esther Vilar)



Esther Vilar



La primera cosa con la que empezaría yo antes de presentar este libro es con lo siguiente:

ADVERTENCIA: Este libro presenta el peligro, si no se lee con la mente abierta y con lectura crítica, de convertir en misógino a cualquiera.

SEGUNDA ADVERTENCIA: Este libro podría convencer a cualquier hombre de que, al unirse a una mujer, su único destino en el mundo será el de ser su esclavo.

Pero yo he leído con mucho placer «El varón domado», escrito (originalmente en alemán) en 1971 por Esther Vilar (Buenos Aires, 1935), escritora argentino-alemana que estudió Medicina, Psicología y Sociología. No estoy de acuerdo con muchas de las premisas que se exponen en este libro; pero sí con algunas de ellas. Además, está claro que aunque Vilar generaliza, en su manera de referirse a las mujeres, está ella también consciente que hay mujeres que se salen de esa casilla reducida en donde a través de su discurso las ha colocado.

Conocí este ensayo a través de un amigo ya hace muchos años. Cuando llegué a buscarlo a su casa él no estaba y pude intercambiar un par de palabras con su esposa; estaba muy enojada porque recién acababa de darse cuenta qué estaba leyendo mi amigo con tanto entusiasmo desde hacía un par de días : «El varón domado».

La verdad es que estoy seguro que algunas mujeres al leerlo se verán como en un espejo y aun así se sentirán ofendidas (como la mujer que entrevistó a Vilar en 1973. Ver el vídeo abajo). Otras sólo se verán reflejadas muy parcialmente ¿o desenmascaradas? Pero a ellas le digo que lo racional sería encontrar en él una especie de crítica constructiva para sí mismas. Nadie tiene toda la verdad, porque la verdad es relativa. Y Esther Vilar tiene su verdad planteada de una manera abierta y llena de argumentos. Si uno no está de acuerdo con sus premisas, lo lógico sería combatirlas con ideas. Por ejemplo, estoy de acuerdo en que en muchas ocasiones las mujeres (no todas, por supuesto) usan su sexualidad para manipular a los hombres o para alcanzar ciertos objetivos. De eso todos, hombres y mujeres, hemos sido testigos en algún momento, durante nuestros años en la universidad o en los trabajos.




Para despertarles a ustedes la curiosidad por leer este libro extraigo de él unas cuantas líneas, unos cuantos fragmentos para que puedan entender un poco el punto de vista de Esther Vilar:

«A diferencia de la mujer, el varón es hermoso, porque, a diferencia de la mujer, es un ser espiritual. Eso significa que el hombre tiene curiosidad (quiere saber cómo es el mundo que le rodea, y cómo funciona).Que piensa (obtiene inferencias de los datos que encuentra). Que es creador (hace cosas nuevas sobre la base de lo que conoce acerca de lo ya existente.) Que tiene sentimiento (el varón registra lo habitual, pero con los más sutiles matices, en su amplísima escala emocional, extraordinariamente rica de dimensiones. Y, además, crea o descubre nuevos valores emocionales y los hace accesibles a las demás personas mediante sensibles descripciones o ejemplificaciones artísticas). No hay duda de que de todas esas cualidades del varón la curiosidad es la más acusada. Se trata de una curiosidad tan diferente de la de la mujer que la cosa requiere imprescindiblemente algunos comentarios. La mujer no se interesa en principio más que por cosas que puede aprovechar directa y útilmente para sí misma. Cuando una mujer lee un artículo político, es mucho más probable que esté intentando capturar a un estudiante de Políticas que interesándose por la suerte de los chinos, los israelitas o los sudafricanos. Si consulta en un diccionario el artículo dedicado a un filósofo griego, eso no quiere decir que se le haya despertado repentinamente el interés por la filosofía griega, sino que necesita alguna palabra relacionada con aquel filósofo para resolver un crucigrama. Si está estudiando los prospectos de publicidad de un nuevo automóvil, es que se lo quiere comprar, y no que esté platónicamente interesada por sus posibles novedades técnicas. Es un hecho que la mayoría de las mujeres -incluidas las que son madres- no tienen idea de cómo surge el fruto humano, de cómo se desarrolla en su cuerpo ni qué estadios atraviesa hasta llegar al nacimiento. Y para ellas sería completamente superfluo saber algo sobre esas cosas, puesto que, de todos modos, no podría darles influencia alguna sobre el desarrollo del feto. Lo que les importa saber es que el embarazo dura nueve meses, que hay que cuidarse mientras dura y que a la menor complicación hay que ir al médico, el cual, naturalmente, lo arreglará todo. La curiosidad del varón es muy diferente: se basta a sí misma, no está directamente ligada a ningún efecto útil. Y, sin embargo, es más útil que la de la mujer.»

«El hombre no se limita a informarse de todo lo que pasa alrededor suyo (y en todo el mundo), sino que, además, lo interpreta. Como intenta informarse de todo, le resulta fácil hacer comparaciones, reconocer ciertas regularidades de los sucedidos y aplicarlas útilmente, siempre con la finalidad de conseguir algo diferente, a saber, algo nuevo. No hará falta subrayar que todos los inventos y todos los descubrimientos de este mundo han sido obra de varones, trátese de electricidad, de aerodinámica, de ginecología, de cibernética, de mecánica, de física cuántica, de hidráulica o de teoría de la evolución. Hasta los principios de la psicología infantil, de la alimentación de los lactantes o de la conservación de alimentos han sido descubiertos por varones.»

EL SEXO EN CUANTO RECOMPENSA. Una de las partes más controversiales del libro es cuando Vilar muestra a la mujer como prostituta, es decir, cuando la mujer hace: «…que un hombre trabaje para ella, a cambio de poner intermitentemente a su disposición, como contraprestación, la vagina…».

«Toda doma se basa en el principio del látigo y el terrón de azúcar. La aplicabilidad de una u otra punta del método depende en cada caso de la correlación de fuerzas entre el domador y el objeto de la doma. Pero incluso en la doma de niños pequeños se advierte que predomina la tendencia al terrón de azúcar: éste tiene, en efecto, la ventaja de que conserva mejor la confianza de los niños en sus padres; los niños siguen acudiendo con sus problemas a sus padres y se dejan manipular más fácilmente que si fueran enderezados con palizas sistemáticas. Cuando un delfín ejecuta correctamente uno de los actos de su doma, el domador le premia con un pez. El delfín se tiene que alimentar, y hace por su alimentación lo que le exigen. En cambio, un varón es capaz de procurarse por sí mismo su alimento: el dinero pasa, al menos, por sus manos. Por eso sería hasta cierto punto insobornable si no sintiera otra necesidad muy intensa que no puede satisfacer por sí mismo: la necesidad de contacto físico con el cuerpo de una mujer. Es una necesidad tan intensa y el hombre experimenta tanto gusto al satisfacerla que aquí se encuentra quizás el motivo más robusto de su sumisión a las mujeres…».

El hombre: «…tiene que satisfacer su necesidad, y el fundamento de la economía sigue siendo el trueque. El que pide la prestación de un servicio tiene que ofrecer a cambio algo igualmente valioso. Ocurre, empero, que los varones han llegado a encarecer hasta precios insensatos la utilización en exclusiva de una vagina. Esto permite a la mujer ejercer una explotación intensísima que supera ampliamente al sistema capitalista más conservador. Ni un solo varón se salva de ello. Y como lo femenino es ante todo un hecho social, y no tanto un fenómeno biológico, ni siquiera los varones homosexuales se libran de esa explotación. Entre ellos, el miembro menos instintivo de la pareja descubre pronto la manipulabilidad del más fuerte sexualmente y adopta el papel de explotador -o sea, de mujer- incluso en su comportamiento externo: ser femenino quiere decir ser el de menos impulso sexual. Del mismo modo que no se pueden permitir grandes sentimientos, las mujeres renuncian también a una libido intensa (si no, ¿cómo se podría explicar que las chicas se nieguen al amigo que les gusta, pero sigan hablando de amor con él y respecto de él?). La mujer reprime la libido -siguiendo los consejos de su madre- ya durante la pubertad, en interés del capital que eso ha de rentarle más adelante. Antiguamente la única novia valiosa era la novia virgen, y todavía hoy se considera que una muchacha de pocos amantes vale más que una que haya tenido muchos.»

EL SEXO Y LOS ANTICONCEPTIVOS. Con respecto a estos temas, Esther Vila opina que el hombre: «…sigue siendo víctima de su costumbre de aplicar sus propios criterios a la estimación de la mujer. Ahora cree que, como la mujer cuenta con un método anticonceptivo seguro, no va a tener más obsesión que la de recuperar todo lo perdido y dedicarse exclusivamente a lo que él mismo -por la eficacia de su doma- considera el más alto de todos los placeres, el sexo. Error evidente. El sexo es, desde luego, un placer para las mujeres, pero no el mayor. La satisfacción que produce a la mujer un orgasmo se encuentra en su escala de valores muy por debajo de la que le procura, por ejemplo, una cocktail-party o la compra de un par de botas acharoladas de color calabaza.»

«Se puede decir que las mujeres ninfómanas existen casi exclusivamente en el cine y en el teatro. El público tiene curiosidad de ellas precisamente porque son muy escasas en la vida (por la misma razón son tantas las películas y novelas que tratan de gentes riquísimas, cuya proporción en la población total es muy baja).»

«Las mujeres se interesan -cuando se interesan por la potencia masculina principalmente por razón de los hijos que quieren tener. La mujer necesita hijos -como veremos más adelante- para poder realizar sus planes. Es de presumir que muchas mujeres se alegrarían de que la potencia sexual de su marido se agotara tras haber engendrado dos o tres niños. Esto le evitaría una enorme cantidad de pequeñas complicaciones. Que la importancia que da la mujer a la capacidad física del varón es escasa lo prueba, finalmente, el hecho de que los varones que ganan o tienen mucho dinero se pueden volver a casar y seguir casados con toda normalidad cuando ya son impotentes (en cambio, es casi imposible imaginarse que una mujer sin vagina tuviera posibilidad alguna de casarse con un hombre de predisposiciones normales).»

***

Son palabras muy interesantes las que ha escrito Esther Vilar, ¿no lo creen? Y esto que no les he puesto aquí ningún fragmento sobre lo que Esther piensa, por ejemplo, de la relación que hay entre la religión y las mujeres. Aquí sólo les estoy presentando la punta del iceberg. Ojalá que alguna mujer al leer esto comentara con alguna idea contrapuesta y creativa.

Por mi parte, he tenido la oportunidad de hablar con algunas mujeres cuya conversación es muy estimulante desde el punto de vista intelectual y artístico, y creo fervientemente que las mujeres tienen la capacidad de alcanzar todo lo que deseen, en cualquier campo de la vivencia y del trabajo humano.

Pero también me he encontrado muchas veces con mujeres tan banales que se ajustan muy bien (desgraciada y vergonzosamente) a la visión que tiene Esther Vilar de las féminas.

Sin embargo, este libro tiene una evidente contradicción y es que la misma Esther Vilar, quien trata en su ensayo de tontas a las mujeres, es también una mujer y ella ha sido capaz de escribir un libro muy original, brillante y, en muchas de sus partes, bastante cercano a la realidad. Yo entiendo también que ella se refiere al grueso de las mujeres indiferentes con su formación espiritual e intelectual, apáticas al estudio e inclinadas a las cosas más superfluas de la vida.

A mí me parece que este libro de Esther Vilar debería ser abordado por las mujeres y los hombres con un poco de humor y lo deberían de ver y sentir como una crítica a nuestra sociedad.

Quiero dejar claro, también, por cualquier duda morbosa, que no estoy de acuerdo con la violencia en general, y tampoco, por supuesto, con la ejercida contra la mujer. Y digo esto porque algunas feministas creen que no estar de acuerdo con ellas en todo, es estar de acuerdo con la violencia contra ellas. Nada más lejos de la verdad. Estoy además en pro de que las mujeres alcancen altos cargos políticos, artísticos o ejecutivos en una empresa, toda vez que el puesto lo consigan porque están capacitadas para ello.

Por eso, en estos tiempos de reivindicaciones femeninas y en donde se habla tanto de la mujer como un ser superior al hombre, en estos tiempos de excesos como el de ciertas feministas radicales (no todas, por supuesto) que han llegado a convertir su bandera en un machismo al revés, es muy apropiado leer a Esther Vilar, para no menospreciar a los hombres y más bien alcanzar un equilibrio entre los dos sexos.


Para quien esté interesado en leer este libro sólo tienen que buscar google: EL VARÓN DOMADO. Esther Vilar en pdf.
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