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La “pistolera” argentina que salió de un guión de Tarantino

La “pistolera” argentina que salió de un guión de Tarantino



Hace 30 años, Margarita Di Tullio se hacía famosa por asesinar a balazos a tres hombres que le reclamaban una deuda en su casa. En ese sangriento hecho nació para el país "Pepita la pistolera"





La escena pudo ser parte de un guión de Tarantino. Una mujer, joven y rubia, está acostada en su cuarto cuando escucha golpes en la puerta. Su hija abre y es empujada por tres hombres. Vienen a reclamar por una deuda y están dispuestos a cobrarla. Antes de que lleguen a la habitación, la mujer palpa debajo de las sábanas su revólver 38. Se pregunta si lo va a necesitar. Uno de los hombres la increpa, le grita, promete venganza si la plata no aparece. Finalmente, amenaza con violarla y para la mujer es suficiente. Saca el revólver y le dispara. El hombre, desarmado y sorprendido, cae sobre la cama herido en un hombro. La mujer lo remata con un tiro en el pecho. Antes de que pueda reaccionar el segundo, ella se lo lleva, también de dos disparos: uno en la mano y otro en el pecho. El tercero está armado y la mujer es rápida, pero no tanto. Con la cabellera rubia leonina, enloquecida, siente ardor en una mano y en una pierna, donde el hombre le llega acertar dos balazos. Eufórica con su suerte, la mujer responde con mejor puntería: mata al tercer hombre con dos disparos. Mientras los tres charcos de sangre se ensanchan, probablemente siente que le hizo honor al apodo de "Pepita la pistolera", que al otro día estará en todos los diarios.

Margarita Di Tullio siempre lo relató más o menos así. Ocurrió un 20 de agosto, hace 30 años. En ese momento, uno de los personajes más tarantinescos de la fauna delictiva argentina, dejó de ser "Pepita la pistolera" sólo para el submundo oscuro de Mar del Plata y el apodo se proyectó a todo el país.




La biografía de Di Tullio es equivalente a un largo prontuario. Tenía apenas 20 años cuando entró por primera vez a la Unidad Penal de Dolores. Entre 1969 y 1974, estuvo presa ahí por robos calificados. Ya entonces la llamaban "Pepita la pistolera".

Le fascinaban las armas. Corpulenta y con su melena rampante, en cualquier lado dejaba grabado su "carácter fuerte", eufemismo para advertir que era pesada. Con los años, se hizo un nombre en el circuito delictivo, prostibulario y de la noche en Mar del Plata. Para los 80, ya había ascendido de escala y se la consideraba casi una "empresaria del delito".

En 1985, las bases de su red eran el pool "444" y la whiskería "Gipsy". Entre la maraña de asuntos turbios, en el primero tenía un pequeño negocio, casi naif y anecdótico, con su socio Raúl Alejandro "El Tarta" Lozada, otro personaje con un largo prontuario. Lozada era muy bueno jugando al pool, pero se mostraba a menos para conseguir partidas por plata y sacar su talento para sorpresa del incauto que lo desafiaba. Cuando ganaba, se repartía entre todos, y cuando perdía, pagaba la pareja de Di Tullio, Guillermo Schelling, seis años menor que "Pepita".

Pero algo pasó con "El Tarta". El 30 de agosto de 1985, hacía dos meses que no se veían. Los testigos, después, contarían que la última vez que se habían visto, Lozada había despedido a Di Tullio con una frase que anticipaba tempestades: "Milica, botona, me las vas a pagar".

Ese día, "El Tarta" se juntó a desayunar con su hermano, Mario Lozada, y un compinche corpulento, Américo Omar Córdoba, en un bar de Santa Fe y Bolívar. De allí, juntos, se fueron a la casa de Di Tullio, un departamento del segundo piso de Marcelo T. de Alvear 251, en el Barrio Puerto. Presuntamente, Di Tullio les debía 300 dólares.

Los tres tenían antecedentes policiales. A las 9.30, lograron entrar al edificio y golpearon a la puerta del departamento. Allí ocurrió la escena del comienzo. Con nombres: Margarita Di Tullio mató primero a "El Tarta" Lozada. Después, a Mario Lozada. Finalmente, a Córdoba, el único que estaba armado y el que la hirió levemente.

"Una mujer mató a tres hombres que violentaron su vivienda", fue el primer título de Clarín. Con el correr de las horas, se empezó a conocer el perfil de Di Tullio y sus antecedentes. Y el enfoque empezó a cambiar.

"A Margarita le gustaban las armas y una vez le vi dos revólveres 38 largo y corto, una escopeta de caño recortado y una ametralladora Mauser y, aunque me dijo que no sabía tomar puntería, se paseaba por la casa con el Mauser, inclusive delante de sus hijos, haciéndose la pistolera", dijo después Mónica, la pareja de "El Tarta".




Di Tullio fue procesada por homicidio simple en concurso ideal. Y a los días fue detenido, gracias a las pericias, su pareja de entonces, Guillermo Schelling, quien estaba en el departamento. Pero al mes la causa pasó ser exceso en la legítima defensa. Después de los vericuetos judiciales, los dos fueron condenados a tres años de prisión efectiva.

En el tiempo que pasó después de cumplir su condena, Margarita Di Tullio se alternó entre quebrantar la ley -la mayor parte del tiempo- y reclamarla en algunos casos, como cuando el llamado "loco de la ruta" sembró el terror entre las prostitutas de Mar del Plata. "Pepita la pistolera" fue una de las caras más visibles en el reclamo de una mejor investigación sobre los crímenes de sus "chicas".




Su prontuario siguió creciendo. En el 94, fue detenida por asaltar una farmacia. Tras ser liberada por falta de mérito, se mudó a Chubut. En diciembre del 95 fue detenida por comercio de drogas. Pasó unos meses en la cárcel y volvió a Mar del Plata, a sus "negocios" de siempre.

Y después...

"Pepita la pistolera" tuvo un retorno impactante a las tapas de los diarios a comienzos del 97. El 11 de febrero de ese año, dos semanas después de que apareciera el cadáver del fotógrafo de Noticias José Luis Cabezas, quemado, esposado y con un balazo en la sien derecha. Fue detenida acusada de ser la autora intelectual del crimen y pasó 77 días detenida. Luego fue sobreseída.





Murió en 2009, a los 61 años, después de tres meses de agonía por un derrame cerebral.
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