La República Oriental del Jingle

La caída del muro de Berlín tuvo en Montevideo una consecuencia extrañísima. Originó una verdadera corrida de artistas de izquierda hacia el mundo de la publicidad. Acicateados por profundas reflexiones sobre la no revolución y su consiguiente sálvese quien pueda, observando la crudeza del entorno económico y sus escasas ventajas para el trabajo artístico, un abigarrado número de actores, directores, cantantes, poetas, ejecutantes y compositores se convirtieron en locutores publicitarios, redactores publicitarios, cantores publicitarios y fabricantes de jingles. O sea: talentos otrora al servicio del realismo socialista se pasaron al realismo de la guita.

link: http://www.youtube.com/watch?v=YfAKtqldt0w

Vale decir: un enorme caudal de experiencia, sabiduría artística, talento creador, producto de años de preparación y práctica, fueron transferidos al servicio de -digámoslo de un plumazo- la estupidez pública.
Por lo visto y oído en los medios, Uruguay es un país donde todo parece resolverse mediante jingles. Cuestiones políticas de altísima responsabilidad, asuntos sociales, deportivos, económicos, sanitarios, educativos y por supuesto comerciales, inevitablemente desembocan hoy en sendos jingles.


link: http://www.youtube.com/watch?v=XUd9yUNsip8

A través del tiempo y del espacio, decenas de miles de jingles acribillan cerebros uruguayos. Y los dejan como coladores por donde gotean los remanentes de buen gusto.
Los políticos, los fabricantes de perchas, los choriceros, los estafadores de guante blanco, los sepultureros, etc., han sido rotundamente convencidos por los “creativos” publicitarios de que el jingle adecuado les dará el triunfo en sus emprendimientos profesionales.


link: http://www.youtube.com/watch?v=G8rmedPUA50

Y ¿qué es un jingle?

Digámoslo de otro plumazo, señores. Un jingle es una letrilla estúpida -o cínica-, apoyada en una musiquita definitivamente estúpida por lo general plagiada al extranjero, y los dos elementos se conjugan para hacer presión sobre el consumidor, a fin de que éste compre algo que en realidad no necesita. ¿Por qué se suministra tanta estupidez a la gente? Muy sencillo. Porque los redactores publicitarios parten de la base de que la gente es estúpida e inmadura. La mayoría de las publicidades uruguayas se basa en una grosera ridiculización del consumidor. Éste, a los ojos del redactor, aparece como una especie de “cuadriplégico mental” que debe ser guiado hacia la luz por el comerciante. Así, una y otra vez se insulta la inteligencia del consumidor, al tiempo que se le aplana el nivel de escucha.

link: http://www.youtube.com/watch?v=j0TcszA3sEM

link: http://www.youtube.com/watch?v=GmmpXrkcExs


Puede decirse que los jingles compuestos e interpretados por artistas uruguayos constituyen la única “música uruguaya” que se propala segura y regularmente por los medios de difusión locales.
No es objeto de estos escritillos el enjuiciamiento del mundo de la publicidad, o cómo los artistas logran sobrellevar la esquizofrenia de realizar dos actividades de signo contrario , ni quiénes logran salir moralmente indemnes de estos malabarismos. Pero sí nos ocupa el juzgamiento de ciertas facetas de la publicidad, particularmente de las toneladas de musiquitas de telepredicador de cuarta en que se apoyan sus textos propagandísticos y que de algún modo inciden todo el tiempo en la formación estética de la gente.



link: http://www.youtube.com/watch?v=cJIRDNFNInM

link: http://www.youtube.com/watch?v=NPcNPijNWFw


Mientras un artista verdadero se sube al escenario para decir sus verdades más grandes, un publicista verdadero dice lo que sea, a veces mintiendo sin escrúpulos
con tal de vender. ¿No es así?


link: http://www.youtube.com/watch?v=VtdjjClzYwo


link: http://www.youtube.com/watch?v=K0M8JSY-9F0
La misma persona escribió jingles de los tres partidos
"Somos hoy, somos ahora" del Partido Nacional (PN), el "Que no se detenga, no dejes de soñar" del Frente Amplio (FA) y el "Vamos a vivir en paz, vamos a soñar despiertos" del Partido Colorado (PC) son todos obra de Gonzalo Moreira.


Gracias Jorge Bonaldi