Luciano Arruga: la pregunta que todos nos debemos




Luciano Arruga: la pregunta que todos nos debemos

(Por Javier Garcia / 17 de octubre de 2014)

¿En serio ustedes creen que a Luciano lo atropellaron en la noche del 31 de enero de 2009, lo trasladaron al Santojanni y cuando murió lo enterraron en el Cementerio de la Chacarita? Yo no. ¿Ustedes? Sí la respuesta es no, no dejemos de pedir Justicia. Es lo mínimo que le podemos ofrendar a Luciano Arruga. Y, sobre todo, a su familia.


¿Qué pasó?

¡¿Qué pasó?

¡¡¡Qué carajo pasó!!!

Nos toman el pelo. Nos están diciendo boludos en la cara. A todos.

A vos.

A él

A ellos.

A mí.


La historia oficial dice que el 31 de enero de 2009, Luciano Arruga fue atropellado en la intersección de General Paz y Emilio Castro. Una zona que, hay que decirlo, está muy monitoreada por la Policía Bonaerense, ya que es uno de los cruces principales al partido de La Matanza, viniendo desde la Capital. Como por ejemplo la Avenida Alberdi, o Rivadavia. ¿En serio nadie vio si es que ahí hubo un accidente? No nos tomen el pelo, por favor.

¿Qué sucedió después? Según informó la historia oficial, que no es más que la versión de una Justicia de cartulina que intenta armar una historia de otra muy distinta, pasó esto: el cuerpo de Luciano fue enterrado como NN en el Cementerio de la Chacarita. Lugar dónde, al parecer, permanece desde el 1ro de febrero de 2009.

¿En serio? Y entonces, porque no se aceptó el primer habeas corpus interpuesto por la familia de Luciano, cinco días después de la desaparición del menor que, a esta altura hay que decirlo, era perseguido por efectivos de la Bonaerense. ¿Qué querían? Que salga a robar para ellos. Como pasa en todos los sectores más humildes de la Argentina, como pasa en La Zavaleta, como pasa en Fuerte Apache, dónde los canas andan de caño y bajan a los pibes porque sí. Y, por supuesto, nadie pregunta nada.

Luciano y su familia tuvieron “suerte”. Sí, suerte. Pudieron ponerle cuerpo al desaparecido. Encontraron los restos del chico. Lo van a poder enterrar y llorar. Como corresponde. Como jamás tendría que haber sido. Pero ya que fue, por lo menos, que le den la posibilidad de saber dónde se está pudriendo el cuerpo de Luciano. De los porqué, nos tenemos que ocupar todos. No hay que hacerse el boludo con esto. Porque otro día, te puede pasar a vos. O a él. O a ellos. O a mí.

¿Por qué apareció ahora Luciano? Porque finalmente, la valiente familia de Luciano, el CELS y quienes están empujando esta lucha desde hace muchísimo más tiempo que yo escriba este post, consiguieron que la Justicia acepte el Habeas Corpus. Eso obligó a buscar. Obligó a desenterrar cuerpos en los cementerios. Obligó a revolver en la tierra a ver si, de casualidad, alguien se había olvidado de que había enterrado a un tal Luciano o a un NN de 16 años, hace seis años atrás.

Ahora, y es hora que empiecen las preguntas. ¿No sería lo primero que harían ustedes, pedir que busquen el cuerpo en morgues de hospitales y cementerios? No hace falta ser Einstein. A la familia de Luciano no la dejaron. Le rechazaron el pedido, uno de los tantos jueces que se hizo el pelotudo en este caso. Amenazado, tal vez. Obligado, quizás. O simplemente porque el caso Luciano Arruga nos desnuda frente a una realidad que, no por dolorosa, deja de ser real. En este país no hay Justicia para los pobres. O no interesa que haya Justicia para los pobres. Lo cual no es lo mismo, pero es aún más grave.

Horacio Verbitsky, por el CELS, dijo en conferencia de prensa, apenas dos horas después que la familia de Luciano se entere de la noticia que “si Luciano era de Palermo Rúcula no tardaban tanto en encontrarlo”. Y, quizás, tiene razón. Ironía mediante. Esta sociedad a dado sobrados ejemplos que la Justicia tiene que llegar para las “Ángeles Rawson”, pero que sin duda las “Melina Romero” algo habrán hecho. Bueno, Luciano Arruga ni siquiera “gozó” de la banalización de los medios. Directamente, su causa, se fue apagando, se fue extinguiendo hasta desaparecer. Como él, claro. Las voces que se alzaban pidiendo por él no llegaban a conmover los cimientos de una Justicia que es cualquier cosa menos plural e imparcial.

Vanesa Orieta es la voz “Oficial“. La que pidió, en conferencia de prensa, “respeto” y pidió que los medios “recurran acá”. Claro, afuera te mienten. O te tergiversan. O te cambian en el aire. Vanesa es quién hoy llevó la voz cantante. La que dijo, mientras la sociedad se pregunta ¿Qué pasó?” que “VENCIMOS“. Sí, vencimos. “Yo quería encontrar a mi hermano y lo encontré”, dijo Vanesa, antes de quebrarse. Algo que de tan simple, resulta inverosímil.

La misma que dijo haber escuchado como a su hermano lo torturaron en la Comisaría de Lomas del Mirador, aquel 31 de enero de 2009. La voz que no fue escuchada. “Esto es una falta de respeto a los pobres, los pobres tenemos derechos”, aseguró, quebrada, Vanesa. Y como ella hay muchos. Luciano Arruga no es el primero ni el último caso en que queda expuesta “La Bonaerense”, ese órgano siniestro e impune que existe y que, cuando quiere, opera como si esto fuera Buenos Aires, 1976. Y todos dormimos tranquilos, ignorando eso que pasa. O haciéndonos los boludos. ¿Qué sería más grave?

“Yo sabía que a mi hermano lo iba a encontrar muerto, pero no tenía ni esperanzas de encontrarlo”, dijo Vanesa, que recordó que pasaron 5 años y 8 meses para encontrar a Luciano. Para que la Justicia le aceptara a esa familia y su defensa un puto habeas corpus para encontrar el cuerpo de quién creíamos que no íbamos a encontrar nunca más. A Luciano se lo reconoció con una huella dactilar. Algo tan pequeño para dejar en evidencia un dolor tan grande.

Lo único que nosotros podemos regalarle a Luciano es preguntarnos “¿Qué pasó?” y si en esa pregunta hay dudas,si hay cosas que no cierran. Ruidos. Cosas que molestan. Que suenan increíbles. Que no parecen posibles. Entonces, busquemos Justicia. Clamemos, por una vez, que la estatua que está en Tribunales abandone su recia pose y mire para el lado de los que menos tienen, pero,no por eso, menos merecen.

¿En serio ustedes creen que a Luciano lo atropellaron en la noche del 31 de enero de 2009, lo trasladaron al Santojanni y cuando murió lo enterraron en el Cementerio de la Chacarita? Yo no. ¿Ustedes? Sí la respuesta es no, no dejemos de pedir Justicia. Es lo mínimo que le podemos ofrendar a Luciano Arruga. Y, sobre todo, a su familia.