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Manuelita vivía en Pehuajó

una amiga me hizo recordar a las tortugas y siguiendo a mi psicologa, que me dijo que tenía algunos razgos obsesivos, me puse a boludear, al toque encontré este artículo.... Para destacar la parte en que enumera las distintas manera en cómo termina su existencia una tortuga ... POBRE BICHO!!!

FUENTE:http://www.vidasilvestre.org.ar/servinfo/tortugas.asp


Tortugas terrestres

"Caminan despacio y desaparecen rápido"
Por Claudio Bertonatti*

Seguramente, si hiciéramos una encuesta preguntando quién tiene o quién tuvo tortugas, la mayoría levantaría la mano. Es lógico, porque entre todos los animales silvestres, estos reptiles son los que figuran en el primer puesto en el ranking de las mascotas más populares. Pero lejos de beneficiarlas, esta "distinción" las amenaza de extinción día a día.

En nuestro país existen tres especies de tortugas de tierra (chaqueña o cuyana, yabotí y patagónica, todas del género Chelonoidis) y viven en una franja que ocupa el centro de la Argentina desde Salta y Formosa hasta Chubut. Todas ellas se encuentran amenazadas de extinción. y, para sorpresa de muchos, su venta está PROHIBIDA. Esto quiere decir que todas las que vemos a la venta en pajarerías, veterinarias y ferias de pájaros son ILEGALES. A pesar de que algunos comerciantes dicen que proceden de criaderos, lo más probable es que no sea verdad. Ninguno de los pocos existentes tiene capacidad para "producir" una cantidad tan grande de tortugas como las que vemos a la venta, y desgraciadamente, la mayoría de ellos se limitan a capturarlas de la naturaleza. Anualmente, se estima que se venden ilegalmente varios miles de tortugas por año.

Pero es justo aclarar que el tráfico de fauna no es su único problema, ni el más grave. Los campos donde habitan sufren el pisoteo y sobrepastoreo del ganado o, lo que es peor, son reemplazados directamente por cultivos, donde ellas no pueden sobrevivir. Por éso, la prohibición de su captura y comercio no es un capricho, sino una respuesta gubernamental para evitar que sigan desapareciendo. Lo que resulta contradictorio es que las personas que compran tortugas quieren a los animales y, desde luego, no buscan extinguirlas, pero el efecto que provocan es terrible. Pensemos que si por un lado las capturamos y, por otro, deterioramos los hábitats donde viven las que no capturamos, el futuro de estos animales no es muy alentador.

Además, una tortuga en estado doméstico no vive, sobrevive, porque las condiciones de una ciudad o en un pueblo son muy distintas a las de las áreas naturales donde habitan. Tengamos en cuenta que suelen vivir en suelos áridos, expuestos a muchas horas de sol, cubiertos por plantas "amigas de la sequedad" (xerófilas), como cactus y gramíneas duras. En una casa o en un departamento se le suele ofrecer otro tipo de condiciones: frías baldosas, poco sol directo y una dieta basada en hojas de lechuga o pedacitos de pepino. Esto no es bueno por mucho cariño que se les brinde y será motivo de enfermedades y, a mediano plazo, amenaza o causa de muerte. Por eso, una tortuga difícilmente supera el promedio de tres años de vida en una casa, mientras que en la naturaleza puede vivir hasta 40 años. Por lo general, cuando están enfermas ni siquiera son llevadas a un veterinario ("porque la consulta es más cara que comprar una nueva", llegan a justificarse algunos). De este modo, cuando mueren, son reemplazadas por otras, como si se tratara de una cosa o de un juguete que no siente ni sufre. Y como a tortuga muerta le sigue una tortuga repuesta, el tráfico de fauna se activa, se torna más rentable para los traficantes y más perjudicial para el medio ambiente. Así que detrás de la simpática imagen de una vidriera con tortugas, se esconde uno de los negocios más crueles.

Durante los últimos años, la Fundación Vida Silvestre Argentina ha denunciado su comercio ilegal y ha logrado frenar parte del mismo, pero todavía queda mucho por hacer. Se ha comprobado que las tortugas extraídas de la naturaleza terminan mal: lastimadas, mordidas por perros, aplastadas por persianas, intoxicadas, descalcificadas, raquíticas, semiparalíticas, infectadas por hongos, golpeadas o caídas desde balcones... Podríamos continuar, pero no hagamos más amarga esta lista. Lo importante es que todos podemos ayudarlas, empezando por no comprarlas. Si se interrumpe la demanda, se desmorona la oferta. Si ya tenés una, lo mejor que podés hacer es cuidarla al máximo posible, porque rehabilitarlas para devolverlas a la naturaleza es una tarea titánica, costosa y casi imposible. La mayoría de las tortugas que habitan en una casa son portadoras de enfermedades, muchas de las cuales no presentan síntomas visibles (son asintomáticas) y si las llegáramos a liberar creyéndolas sanas, podemos matar a muchas otras por querer salvar a sólo una. Por eso, apostemos a cuidar bien a la ya fue adquirida. ¿Cómo? Primero, hay que ofrecerle un lugar luminoso, donde pueda recibir sol, donde tenga sombra, y siempre sobre tierra o pasto. Después, hay que ofrecerle una dieta variada, con verduras, flores, hojas y hasta carne picada (un par de veces al mes). Si viven en un jardín, ellas seguramente atraparán insectos, lombrices, caracoles y babosas. Aunque creas lo contrario, un bebedero es necesario (si está enterrado, mejor). Si seguís estas sugerencias, pronto verás que, poco a poco, se tornarán más activas, saludables, y vivirán más y mejor.

Lo importante es no repetir errores. Si hemos aprendido de ellos, les estaremos dando una oportunidad de supervivencia a muchos animales y, al mismo tiempo, cada uno de nosotros será un protagonista de la defensa del medio ambiente. Las tortugas, desde ya, muy agradecidas.

* Claudio Bertonatti, museólogo. Coordinador del Depto. Información y Educación Ambiental.
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