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Marie Curie se va a la Guerra

Marie Curie tuvo mala suerte. Para 1914 ella debió haber gozado de ser la ganadora del premio Nobel (dos veces) al ser pionera en radiología y estar a punto de inaugurar el centro de investigación de radio (elemento químico) en su nuevo domicilio en París. Pero los comienzos del siglo XX no fueron en lo absoluto un momento de felicidad y satisfacción para ella por las siguientes razones:



Primero. Un esposo muerto atropellado en una carreta. En 1906, Pierre cayó en un camino lluvioso y su cráneo fue fracturado por las llantas de un auto. Además de compartir la cama con Marie, juntos merecieron el Nobel al descubrir el radio y sus propiedades.
Segundo. Al ser atea, posiblemente judía y extranjera, fue vilificada por los medios franceses, lo cual afectó la votación que la pudo haber hecho miembro de la Academia Francesa de las Ciencias.
Tercero. Las bombas sobre París.
Incluso cuando por fin logró inaugurar el Centro de Estudios del Radio, con la Primera Guerra Mundial comenzada, Marie se encontró súbitamente sin sus colegas masculinos quienes ya habían sido reclutados. De repente, los laboratorios estuvieron vacíos. La guerra sería larga, sangrienta y Marie no tenía manera de apoyar a su nueva patria. Sin embargo, no se quedaría cruzada de brazos. Su primer impulso fue donar el oro de sus medallas del Nobel, mismas que fueron rechazadas por los banqueros. Después de entregar todo el dinero del premio, e invadida por un sentimiento patriótico, optó por hacer de las suyas para apoyar el esfuerzo bélico francés. Investigando un poco más acerca de rayos-X, anatomía e incluso mecánica llegó a fraguar un plan.


Al fin, logró convencer al gobierno de que la nombraran Doctora en Radiología y puso en marcha un proyecto que revolucionaría la medicina. Armada con unos viejos Renault que improvisó para convertir en unidades móviles de rayos-X (las primeras de la historia), se dispuso a alcanzar los campos de batalla para ofrecer a los médicos cirujanos una manera sin precedente de ver las heridas de sus pacientes.



Esta primera camada de petites Curies fueron a las trincheras más sangrientas pero no sin encontrar resistencia de parte de los médicos más tradicionales que no le veían el caso a tener tal equipo en el frente. Para probar su punto, Curie, asistida por su hija Irene de 17 años, fue a la Batalla de Marne a atender a los soldados. Ahí, centenas de elementos heridos no imaginaban que estaban siendo atendidos por una de las mentes más brillantes de su tiempo.

Con el éxito probado de los petites Curies, y con la resistencia de parte de los elementos militares, se dio a la tarea de entrenar a más de 150 mujeres y recaudar fondos para equipar más de 200 estaciones de rayos-X. Para cuando se firmó el armisticio, en 1918, sus unidades habían atendido a más de un millón de soldados franceses. El gobierno francés no reconoció su esfuerzo (aunque su hija Irene sí recibió una condecoración militar). A Marie poco le importó.



A las 11 de la mañana del 11 de noviembre de 1918, la gente celebraba en las calles de París que las bombas habían parado. Marie tomó las llaves de su petite Curie por última vez y vestida en su uniforme condujo hacia al Arco del Triunfo.

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