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Me robaron por eBay y te lo cuento

Llegó el día. Me cansé de arrastrar mi pesado portátil por la calle. Parecía evidente que me había equivocado en optar por las prestaciones en lugar de un equipo mucho más ligero y versátil. Se trataba de un ordenador premium con apenas dos años de muy poco uso y que costó en factura cerca de los 2.000 euros. Me estaba doliendo el asunto casi más que la espalda, pero no dudé en recurrir a eBay para poner en venta el equipo.

Hasta la fecha, mi experiencia con el conocido servicio de subastas había sido bastante buena: algún susto con algún comprador poco serio, o algún vendedor lento en los plazos. Pero fiándome de las estrellas (básicamente, el número de votos positivos), la experiencia ha sido bastante buena. Así las cosas, puse el ordenador a la venta y al vencimiento de la subasta y tras atender a muchas preguntas de usuarios, me llegó el aviso de la venta. Sin duda, que yo contara con todo votos positivos durante varios años contribuyó a que la venta fuera fluida.



El comprador tenía un perfil lleno de estrellas. Vaya, era mi día de suerte, sin duda. El precio final subastado me supo a ganga dado el estado del ordenador, pero es el fair play que uno debe asumir si vende a través de un sistema de subastas. A partir de ese momento, todo fue muy rápido. Contacto con el vendedor preguntando si deseaba pagar por transferencia o PayPal, y optó de cabeza por lo segundo aludiendo a “malas experiencias” en el pasado.




El servicio de pagos online, propiedad del mismo eBay, cuenta con un sistema de protección de pago para aquellos casos en los que en lugar del móvil se recibe un ladrillo (que los hay, aunque cueste creer). Ni un problema. ¿Qué iba a ir mal con semejante despliegue de galones? Pero no pasó mucho tiempo cuando el intercambio de mensajes despertó en mí alguna suspicacia: el comprador insistió hasta la saciedad que el embalaje fuera perfecto “para evitar daños”.

Un secuestro exprés en toda regla




Y vaya que lo embalé bien. La caja original de la marca junto con otra extra, protección de espuma y cinta de embalar hasta aburrirse. Una vez recibido el pago, limpié bien el equipo y lo guardé en su caja original. Aquello estaba totalmente nuevo. Hecho esto, volé a la empresa de mensajería para que el comprador disfrutara de su compra cuanto antes y en ella me confirmaron que el paquete llegaría al día siguiente, gastos a mi cargo, y que recibiría un mensaje en el móvil en cuanto se hiciera la entrega.





Y así fue. A media tarde y cumpliendo lo acordado, la empresa de transportes me notificó la entrega del paquete al comprador y es en este punto cuando comencé a temerme lo peor. Hasta este momento, la comunicación había sido exquisita: mi interlocutor contestaba puntualmente a los correos y se veía que tenía tablas en esto de la compraventa. Demasiadas. Pasó apenas una hora y sin novedad del comprador, algo extraño dada la locuacidad mostrada hasta el momento. Y fue entonces, cuando de repente recibo un correo de Paypal advirtiendo que el dinero ingresado se había congelado dado que el comprador había abierto una incidencia, indicando que el producto “no se correspondía con lo anunciado”.

Incredulidad, sorpresa… ¿Habría recibido algún golpe? ¿Qué habría salido mal? En este punto descubrí el lado más siniestro de eBay y algunos de sus usuarios estrella: recibí un correo electrónico con multitud de fotos, muy elaboradas ellas, con flechas, zoom en zonas determinadas, indicando golpes, marcas y demás defectos que increíblemente yo no había visto. Una de dos, o realmente le había vendido una chatarra sin mala fe, o este comprador había maquillado las fotos para deteriorar el producto.








Bien, transmití mi sorpresa y mi voluntad de solucionar el entuerto, y en este punto mis sospechas se quedaron cortos: el comprador ofreció una rebaja de casi 300€ por los daños de un equipo, que estaba impoluto. Mi primera respuesta fue negativa: deshacíamos el camino y probaba suerte con otro comprador y así lo hice saber, pero en ese punto el comprador elevó la incidencia a reclamación y mis cuentas de eBay y Paypal se bloquearon automáticamente. Me había convertido en un delincuente a ojos del sitio de subastas.

Lo vi claro: se trataba de un secuestro exprés en toda regla. La forma de salir lo mejor parado posible era aceptar sus condiciones y rebajar el importe indicado. Siempre quedaba la puerta abierta para la devolución pero… ¿cómo iba a fiarme ahora de ese comprador? ¿Cuándo lo mandaría? ¿En qué estado? ¿Me mandaría el mismo ordenador? Un rápido vistazo en Google me hizo ver que este caso no es aislado: muchas situaciones similares en las que el vendedor, con el amparo de eBay-Paypal, está totalmente vendido al arbitrio de un comprador que sabe donde pisa.





Se trata de un chollo en el que además va acumulando estrellas: se hace con productos de primer nivel a precio de ganga, y claro, con la posibilidad de venderlos a su precio real. En el momento en el que escribo estas líneas, las cuentas de eBay y PayPal siguen bloqueadas. Y eso pese a haber suministrado todas las pruebas de compra y la disputa haberse cerrado. Humillantemente, eso sí.
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