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Mi virgo historia 3: Casi trío, igual de virgo





Hoy les contaré sobre algo que me pasó hace 4 años más o menos y no le deseo a nadie.






Resumen: Conocí a una tipa, me invitó a una fiesta en su casa. Cuando terminó la joda, nos fuimos a su pieza con otros 2 chabones (uno es puto), me pidieron cambiazo, los dos tipos se pusieron a jugar entre ellos y me tomé el palo de ahí.


 
Como les conté en el anterior post, venía de una relación infructuosa con mi prima, algo que me costó superar. Nos dejamos de hablar, empecé a juntarme con otros amigos (en lo posible que no la conocieran), obtuve una beca para estudiar computación y mi vida dio un vuelco completo a lo que era antes.


En ese curso, donde me tocaba asistir casi todos los días de la semana, éramos 24 linces. De esa cantidad, a la legua se notaba que seriamos futuros taringueros y diamonds, como escondidas entre la maleza, habían 2 minusas. Una de ellas, más fulera que las empresas de los Kirchner, caía con su PSP y solo de la pasaba viciando.


Descripción gráfica de aquel ser (realmente es demasiado parecida):


En la esquina contraria, como rivalizando belleza, aunque la otra no nos moviera un dedo, se ubicaba Romina. Una morocha con buenos genes y empomablemente correcta.



Imagen de aquella Afrodita de los altos llanos del Peloponeso.


Mis compañeros, que sin exagerar, vivían hablando de sus cuentas New full user, sobre el último capítulo de The Walking Dead, con cartucheras de Dragon ball Z, otros viciando el AOE II, la repelían de una manera impresionante. No dejándome llevar por aquel fatídico destino, que tardeo temprano me terminó alcanzando, decidí sentarme al lado y empezar a chamuyarla.



Sacando temas más normales de conversación, como ser que películas le gustaba, actores favoritos, club de futbol, etc., entablamos buena onda. Nos pasamos los números de teléfono, aunque sea un rata que nunca carga crédito hasta que la línea se esté por vencer, y quedamos en hablar más a la noche.


Al otro día, algo que un virgo como yo no se podía esperar, la tipa entró al salón y se sentó al lado mío. Me saludo con un beso, esos que no son tan a la mejilla pero tampoco en la boca y comenzó a hablarme de una. Luego con otro pibe, llamémoslo Juan, comenzamos a recolectar monedas para comprar algunas facturas y encararlo con los mates que iba a preparar Romina.


Mientras estábamos en el proceso de adquisición, como si de YPF se tratara, aquel tipo me contó las ganas que le tenía a la pitufina y que me pasaba con ella. Activando el escudo de virginidad, cuan caballero domando caballos en Jesús Maria (?, le respondí que no tenía nada con la chabona. Este acto tan estúpido, significó que ellos dos comenzarán a salir al terminar la semana.


Habrá pasado cerca de un mes, y pese a que la piba estaba de novia, seguíamos sentándonos en los mismos lugares. Llegó su cumpleaños, me invitó a su fiesta poniendo su mano sobre la mía y casi, como rogándole a un pelotudo para que se despierte de su letargo, me rogó para que asistiera.


Me puse la mejor pilcha que tenía, además del sacrilegio de haberme bañado, y luego de dos bondis llegué al lugar del hecho. Su casa, a simple vista de clase media, estaba bañada de ruidosa cumbia berreta. Entré,como Hitler al observar un judío, la saludé y me fui a sentar en un rincón. Típico dirán, aunque la diferencia radico en que ella vino a buscarme y me pidió que la ayudara con algo.


Sin pensarlo mucho, era demasiado negrerio para mi gusto (con todo respeto a los negros de piel, que no tengo ningún problema con ellos ni discrimino), fuimos hasta la cocina a preparar algunos tragos. En vez de soltarme el brazo, me apoyó su cara en mi hombro y me dijo:

-         Gracias por venir (nombre omitido)
-         No hay drama che
-         ¿Te jode si te cuento algo?
-         Contá
-         Juan parece que no viene hoy –acercándose un poco.
-         Ahh…-respuesta de pelotudo promedio como yo.


Me agarró de las manos y se quedó mirándome, más donada que Caritas en época de inundación. Entendiendo la situación, tampoco soy tan pelotudo, le chanté un beso. La senté en la mesada y comenzamos con ese juego boludo llamado previa. Mano va, mano viene, el amigo izado como águila guerrera y entra el hermano.



-         ¿Qué están haciendo? –evocando la pregunta más idiota que nunca falta en estos casos.
-         Preparando unos tragos – respondo con voz de cagón que no se banca ni un mano a mano.
-         Los vasos están allá campeón… a menos que se los podás sacar de adentro a mi hermana…


Comprendiendo la indirecta y sin ganas de sentir sus choripaneros puños sobre mi cara, como buen perro empecé a hacer lo que en teoría tendría que estar haciendo. Pasó media hora, se acabó la Coca (gaseosa) y mi mojada amiga, me pidió que la acompañara a comprar a un quiosco de la esquina. Salimos, haciendo un desvío a una plaza y reanudamos lo de antes.


Como meado por un elefante, o un dinosaurio putudo y cortamambos, sonó su teléfono. La cosa es que Juan si iba a poder caer al final. Compramos lo que necesitábamos, el vendedor parecía estar re duro y volvimos abrazados. Temiéndome lo peor, cuan final de temporada de Lost, la agarré de la cintura y la llevé contra unas rejas. Siguió otro besuqueo, palpada de concha y después la solté para dejarla con la pica.


La fiesta siguió, con la moral por las nubes hice un poco de sociales, hasta que todos comenzaron a irse. Llegó Juan, acompañado de Marcela (Marcelo en realidad, pero este si se agachaba a conocerlo) y nos fuimos a su pieza para terminar de matar la noche. Eran dos camas de una plaza, así que nos dividimos en pares. Ella con Juan y yo con… bueno preferí no meterme entre las colchas.

Comenzaron a hacer lo obvio, el puto me tomó de la mano, lo miré con ganas de prenderlo fuego si seguía, entendió y paró. 


Mi reacción en ese momento:




Luego de eso, se acerca Juan y me dice:
-          ¿Querés que cambiemos de lugar?
-         Ehh… dale.

Ni lerdo ni perezoso cambié su lugar y continué con mis clases de ginecología. La tipa hizo lo mismo, como cantante buscando su micrófono, tomando un buen ritmo… musical. En eso, cuando iba a conectar la ficha macho con la ficha hembra, escucho a Juan diciendo algo. 




Miro hacia allá, pero había uno solo recostado sobre la almohada… el otro estaba haciendo una respiración boca a boca, aunque el órgano en cuestión estuviese más arriba.


El bicho, que antes quería taladrar, había perdido toda su sangre. Y queriendo mantener mi culo intacto, me puse la ropa como estaba y salí de la casa sin dudar.


Después me pidieron perdón por lo ocurrido, pero decidí no volverles a hablar. Ella cortó con el chabón al poco tiempo y ahora está soltera. Juan salió del closet y vive en pareja con Marcela.


Fin de la historia.



Enseñanza: si alguien acompañado de un puto te pide cambiazo,por más buena que este la mina, decí que no o podrías volverte admin de esta página.

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