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Moverse en bici en montevideo: experiencia tercermundista


Auto estacionado en la ciclovía de Misiones y Rincón


En Uruguay, el parque automotor ha crecido exponencialmente. En los últimos 9 años, Montevideo duplicó la cantidad de automóviles, la cifra trepa al día de hoy a unos 500.000 autos. Al mismo tiempo la Intendencia capitalina no ha podido adaptarse, ni adaptar la ciudad a estos vertiginosos cambios, incluso aún carece de un control de emisiones de gases vehiculares, y de niveles de ruido.



En esta selva de asfalto, de motores, de ruido y de aire contaminado en la que se ha convertido la capital del país, el ciclista urbano en Montevideo sufre todo tipo de peripecias. Desde respirar concentradas bocanadas de aire contaminado, u oír pasar por su lado algunos de los tantos vehículos "rompeoidos" que circulan por las calles capitalinas; hasta que algún bus le haga "el fino" o lo encierre al llegar a la parada, algún auto lo roce y lo tire, o incluso hasta que un motorista mal estacionado sobre una ciclovía le quiera pegar.

Y tal es el caso de este ciclista urbano que describe una historia más de tantas, en la que se evidencia que los mismos son tratados como objetos de 2da. mano, manoseados por una cultura que aún no comprende a las personas que optan por moverse en bicicleta, ya sea por necesidad, por placer, o por mera convicción. Esta convicción ideológica, por lo general suele cimentarse en un profundo respeto al prójimo, y también a sí mismo, y que lleva a creer con solidez ética, que los únicos medios de transporte viables en una ciudad, son: el transporte público y la bicicleta.

Era viernes, 16:30 hs, este ciclista circulaba por la novel ciclovía de la calle Misiones en la Ciudad Vieja. En el recorrido había que ir esquivando autos estacionados, taxis que se detenían a levantar o a dejar pasaje, y gente caminando, o parada sobre la propia ciclovía esperando para cruzar la calle.



Era la primera vez que este ciclista urbano utilizaba esta ciclovía de Montevideo (la ciudad importante más rezagada de la región en políticas diseñadas para el transporte sostenible), pero de pronto una situación que al parecer es bastante común, lo dejó perplejo: un auto estacionado sobre la ciclovía y su conductor dentro.

El ciclista lo esquiva, se detiene a su lado izquierdo, y lo mira a través de unas ventanillas cerradas y negras, era evidente que aquel pretendía ignorarlo, entonces el ciclista con voz fuerte -para que aquel lo escuchara- le hizo saber lo que era obvio.

- Señor, está estacionado sobre una ciclovía.
- ¿Y? -dijo el motorista con cierto grado de soberbia mientras bajaba el vidrio-.
- Y que no se puede estacionar en una ciclovía -respondió el ciclista amablemente-.
- Yo estaciono donde quiero.

El ciclista experimentado y por lo tanto acostumbrado a recibir improperios por parte de motoristas, tranquilamente estacionó la bicicleta y se dispuso a tomarle una foto al vehículo mal estacionado, pero cuando la sacó, el motorista se bajó y lo quiso golpear. Para tratar de evitar que esta situación pase a mayores, el ciclista tomó el teléfono celular y le hizo saber al conductor que estaba llamando al 911, para que de esta forma sea la propia policía la que constate la doble falta: la de tránsito y la de agresión.

De mientras, el motorista lo miró de arriba-abajo y le dijo:

- Mirá como estás vestido.
A lo que el ciclista respondió:
- Estoy vestido como ciclista porque además yo cuido el Medio Ambiente.

La vestimenta del ciclista cumplía con las exigencias que demanda la nueva ley de tránsito y seguridad vial aprobada en enero de 2013: chaleco reflectivo y casco protector.



El conductor quedó atónito ante una respuesta fuera de lo normal para un insulto también poco normal dentro de la adultez. Pues ciertamente, la última vez que este cronista había escuchado insultar a alguien con el "mirá como estás vestido", fue cuando iba a la escuela.

El ciclista respondió con un tajante:
- ¿Por qué mejor no te vas a contaminar a Marte? Luego te hago llegar la multa.
- Mandamela por mail que no contamina -respondió el conductor subiéndose al coche-.
- ¡Barbaro! Te la mando. Pero sabés que esto es innecesario y que podemos convivir en paz, no seas malo.

El motorista aceleró quemando ruedas. El ciclista, en tanto, fue ovacionado por 3 albañiles que presenciaron esta ejemplar actitud de civismo, que cada vez cuesta más practicar en un país que se sumerge en antivalores propios del tercer mundo, como la intolerancia, la falta de respeto, la carencia de valores y la contaminación del Ambiente común. En un país así, será muy difícil que los ciclistas en algún momento sean bienvenidos, a no ser que antes se acabe el petróleo, o que el aire se vuelva tan irrespirable como el de algunas ciudades de China. Pues en este sentido la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República junto al Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, estimaron en 2012 que la calidad del aire montevideano era peor que el de Roma (la ciudad más contaminada de Europa), y similar al de algunas ciudades contaminadas de China.


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