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Muertes absurdas de famosos de la historia.

Isadora Duncan

Fue una gran bailarina estadounidense, pero su estrella le duró poco. Al subir a su coche, se le enredó la bufanda que llevaba en la rueda y murió estrangulada a los 50 años.


Allan Pinkerton

Fue el fundador de la primera agencia de detectives del mundo, la ‘Agencia Pikerton’, pero hasta los más astutos tienen sus momentos tontos. Resbaló mientras caminaba y se mordió fuertemente la lengua, lo que al poco tiempo le provocó una gangrena que acabó con su vida.


Maximiliano de Austria

Comer fruta siempre es bueno, pero en exceso ya se sabe… Eso le pasó a este emperador germánico romano, que murió por una fuerte indigestión por comer melones.


Alejandro I de Grecia

Tuvo un reinado muy poco fructífero y, por si fuera poco, su muerte tampoco fue digna de un gran rey. Un mono que tenía de mascota le mordió y le contagió la rabia, lo que acabo provocándole una infección grave que acabó con su vida.


Esquilo

Este dramaturgo de origen griego fue el creador de la famosa tragedia griega, aunque su muerte más que trágica parece sacada de una comedia. Su vida acabó cuando una tortuga cayó de las garras de un águila y le golpeó la cabeza.


Agatocles

Conocido como “el tirano de Siracusa”, este político y militar griego tuvo una muerte un tanto absurda. Tras una comida, se atragantó al utilizar un palillo y falleció.


Francis Bacon

Este célebre filósofo, abogado y escritor murió por curiosear. Intentaba comprobar si el frío era bueno para la conservación de los alimentos, y salió a la nieve a enterrar un pollo con la mala suerte de pillar una neumonía, que poco tiempo después acabaría con su vida.


[color=#F7921E]Jean Baptiste Lully[/color]

El peso de la batuta de este compositor francés pudo con él, literalmente. La pesada barra de hierro que portaba para marcar el compás en la orquesta se le cayó en el pie, y debido a las heridas que le produjo el accidente, murió por la gangrena que se le formó.


Arquímedes

Conocido por el principio hidrostático que lleva su propio nombre y el principio de la palanca, entre otras muchas teorías sobre física y matemáticas, este gran científico de la Grecia clásica murió sin pena ni gloria a manos de un soldado que se hartó de las reprimendas del sabio, y en un impulso, le atravesó con la espada.


Enrique I de Castilla

La historia suele contar como los reyes morían en el campo de batalla o en su cama por alguna enfermedad tras años y años de duro reinado, pero Enrique I no corrió esa suerte. Con tan solo 13 años, sin apenas oler el trono, falleció de una pedrada mientras jugaba con sus amigos.


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