Mujeres: no les gusta lo que dicen que les gusta




Están viendo una película de amor, de las que les gustan a ellas. De ésas que con ver el título uno ya sabe que se trata de un hombre y una mujer que se enamoran y luego tienen un quilombo pero después se amigan. 


Esas películas de mierda que tienen nombres tales como “El cariño de tu amor”, “El amor de los dos”, “Dos para un amor”, “Que hermoso es amarte” etc. 

En el final de esa película el galancete de turno, que seguramente tiene una facha bárbara y alguno de los hombres presentes lo acusó de ser puto con el asentimiento de los demás hombre y los “Callate, nada que ver” de las damas, va en busca de una reconciliación. 

¿Cómo lo hace? 

Se pone su mejor ropa, compra un gigantesco ramo de flores y va de noche, debajo de una lluvia infernal a tocar el timbre de su amada y cuando ella sale, le dice con ojos lagrimosos: “He comprendido que no puedo vivir sin ti”,entonces ella lo abraza y lo besa llorando, y es ahí cuando oímos los suspiros de las mujeres presentes y tenemos que escuchar comentarios tales como “Qué divino”, “Cómo no vas a volver con un tipo que hace eso”, “Me muero con un hombre así”.














Si trasladamos esto a la vida real pueden pasar alguna de las siguientes cosas: 

• Que nos quedemos empapados tocando el timbre con las flores en la mano y que nadie salga porque la mina se fue de joda. 

• Que se escuche la voz del padre que le grita a la hija: “¡Che, nena, ahí en la puerta hay un pelotudo todo mojado con unas flores!” 


• Que nuestra ex le diga al tipo que está en bolas en la cama con ella: “Esperá que le alcanzo un paraguas a este nabo para que se vuelva a la casa que se va a enfermar, pobre”.


Del abrazo emocionado y el llanto, nada. 
¿Y entonces? 
Es que aunque parezca raro, a las mujeres no les gusta lo que dicen que les gusta. 



Cuando yo tenía dieciocho años hicimos en la casa de una compañera de colegio, una reunión de todo el curso por el viaje de egresados. 
Los viajes de egresados en aquella época, tenían fama de tener un efecto absolutamente descalibrante en cualquier pareja. Las minas que estaban de novias generalmente volvían “confundidas” de ese viaje. 
Sobre el final de la reunión cayó Juan Carlos, el novio de la flaca Mariela, que tenía unos años más que nosotros y pinta de “guacho me las sé todas”. 






Una de las chicas le preguntó: -¿Y vos que opinás de que tu novia venga con nosotros de viaje de egresados?-. Ahí se produjo un silencio total y todas las miradas, femeninas y masculinas, se dirigieron al bananazo. 

Su respuesta fue contundente: -Ella quiere ir a ese viaje, y como yo a ella la quiero, también quiero que vaya. 
Se escucharon unos “Ahhhh… qué dulce… qué divino… “y si mal no recuerdo, algún que otro aplauso de la platea femenina”. 
-Aprendan ustedes lo que es un hombre… -dijo una. 
Estaban todas enloquecidas con el tipo y nosotros nos sentíamos unos microbios. 
La novia del chabón lo abrazaba como con miedo a perder ese tesoro de hombre que tenía, ante la envidiosa y deslumbrada mirada de las demás compañeras y nuestras caras de orto. 
Dos meses más tarde.....
Bariloche. 
Excursión nocturna a tirarnos en trineo en un lugar llamado Piedras Blancas.
Hora de subir al micro para regresar al hotel.
El mencionado micro no podía emprender el regreso porque la flaca Mariela no aparecía por ningún lado.
Lo estaba re-garcando al romántico del novio atrás de unos pinos con un compañero del colegio. 






¿Cómo se entiende? 

Sencillo, no les gusta lo que dicen que les gusta.
Lo del pibe hubiera estado perfecto si hubiese sido parte del guión de una película.
En la vida real no les gusta. Dicen que sí, pero no.




Fabio Fusaro