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¿No hay nadie más por ahí?



¿No hay nadie más por ahí?




José rodríguez de la borbolla


LA situación actual de la política española me recuerda un magnífico chiste de Eugenio, el malogrado cómico catalán: Estando un hombre agarrado a una rama en un precipicio, pidiendo desesperadamente auxilio, tras un accidente en el que su coche se proyectó al vacío, se oyó una voz, como de ultratumba, que decía: "No te preocupes hijo, soy Dios, que te habla. Confía en mí: suelta la rama y déjate caer al abismo. Y antes de que te estrelles llegarán mis enviados, los ángeles, que te recogerán en sus alas y te llevarán a lugar seguro. ¡Ea, confía en mí! Soy el mismísimo Dios". A lo que pobre hombre, tras breve reflexión, y según Eugenio, respondió: "Vale, gracias; pero… ¿no hay nadie más por ahí, oiga?".
Así está la política española, en términos generales. A la hora de votar, de confiar en los políticos, parece que la gente duda, como preguntándose si no habrá otra posibilidad, si no existen otras alternativas. De ahí, seguro, vienen las abstenciones y de ahí procede la volatilidad del voto en los más recientes comicios. "¿No hay nadie más que pueda encargarse de España?", parece ser la triste reflexión general. Duda trascendental, pero duda cierta.
"Estamos chungos de políticos", se podría decir, parafraseando una frase singular. Ésa es la regla. Una excepción empieza a ser valorada por propios y extraños: Susana Díaz, en Andalucía, sin ir más lejos. Pero en lo que se refiere a España la panoplia de primeras estrellas no es como para dar saltos de alegría. Es verdad que España tiene problemas, pero no deja de ser cierto que los problemas se agravan por las indecisiones, por la búsqueda de soluciones efectistas, por la ramplonería de los debates, por la crispación y las descalificaciones de los contrarios, por la tergiversación de las verdades históricas, por la proximidad con comportamientos delictivos, indecentes o meramente desahogados, etcétera.
En EEUU, creo recordar, Kennedy le ganó una campaña a Nixon con un argumento demoledor: "¿Ustedes, votantes, le comprarían a Nixon un coche de segunda mano?". Hubo gente que se lo pensó, y no votó a Nixon. ¿Se imaginan algunas preguntas de ese estilo, aquí, entre nosotros? Por ejemplo: ¿Le entregarían ustedes, directamente, a alguno de los políticos nacionales actuales, con mando en plaza contrastado ya, la educación de sus hijos, o la búsqueda de soluciones en su comunidad de vecinos, o la gestión del mercado de su barrio, o el desarrollo de su negocio familiar, o su defensa en juicio? Y no incluyo a Pedro Sánchez porque es nuevo, y habrá que darle algún tiempo. Con lo que hay ahora: ¿Ven ustedes a gente capacitada para llevar el país adelante, para hacerse cargo de España, de verdad?
Y no es cuestión de juventud, ni de novedades, ni de meras renovaciones de partidos, ni de trendings topics, ni de impactos en Twitter, ni de frases brillantes en 140 caracteres. No sirve, tampoco, conformarse con ganar escaños europeos por causa de las debilidades del contrario. Hacen falta cochuras vitales, solideces de criterios, consistencia de proyectos sociales, rigidez de comportamientos, búsqueda de acuerdos socialmente integradores e intercambio de miradas con la gente, directamente y cara a cara. Si eso no se busca y se consigue, la desilusión y el alejamiento seguirán creciendo, por muchas EPA optimistas que nos regalen, porque la política no es sólo cuestión de grandes números estadísticos. La política, también, tiene que ver con las creencias, con el respeto a los demás y con la confianza generada.



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