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No hay que trabajar gratis. ( Arquitectura)

Por SILVIA ODDONE

Existen arquitectos que no cobran por visitar una obra y efectuar un diagnóstico preliminar. Es una falta de ética que desmerece a la profesión.




Hace unos días recibí un mail solicitando plan y planos de evacuación para un hostel en San Telmo, de parte de su dueño, que además fue intimado a presentarlo justamente por ausencia del mismo. Una vez que pude coordinar una visita con el ingeniero con el cual realizo estas tareas, me comuniqué telefónicamente con la persona interesada. Luego de presentarme, le hice algunas preguntas y después le indiqué cuales serían los pasos a seguir.

“En primer lugar para este tipo de trabajos es necesario recorrer y reconocer el lugar, visitar las distintas habitaciones, espacios principales y de servicio, saber cuántas personas trabajan en el lugar y en que horarios, conocer la dificultad que presenta el edificio en cuanto a la evacuación y a la elaboración del plan y los planos. Visitaríamos el lugar ambos profesionales especializados, recomendaríamos las modificaciones necesarias para ajustarse con la ley y haríamos algunas sugerencias iniciales. La visita tiene un valor de $ 300”, detallé. (¡$ 300! ¡Dos profesionales especializados!) La respuesta fue la siguiente: “¡Ah! No, entonces no, porque ya recibí visitas y sin costo.” Quedé indignada, no por los $ 300. No por no obtener el trabajo. No por la respuesta casi descortés del interesado. Sino por lo perjudicial e irresponsable del accionar de los colegas que visitaron sin costo la propiedad. ¿Cómo es posible? ¡Qué alto desmerecimiento de la profesión! ¡Qué descuido de la responsabilidad que les compete! Es una falta de ética hacia los demás colegas.

Algunos ejemplos para considerar: un médico cobra honorarios (el rango de los mismos es muy amplio) por “recibir” a sus pacientes en su consultorio; el supermercado cobra por el envío a domicilio; el service del lavarropas cobra por “acercarse” al domicilio y elaborar un diagnóstico (no hablo de reparar el electrodoméstico); por revisar un celular y hacer el presupuesto para su arreglo cobran $50; por abrir una computadora cobran $100 (por supuesto después vendrá el valor por el arreglo en si mismo). Y la lista puede extenderse por muchas líneas más.

¿Por qué actuamos con tanto desmerecimiento con nuestro trabajo? Después escuchamos y leemos cosas hablando del mercado, y de las políticas (que no quiere decir que no sean ciertas) que atentan sobre nuestro beneficio laboral.

Se generan debates y hasta cursos y seminarios de “Cómo cobrar los servicios de arquitectura”. Así de simple señores, como se cobra todo servicio. ¡Al menos a mí, me los cobran todos!

¿No somos nuestros propios enemigos? Lo digo para reflexionar sobre este tema, que sigue saliendo a la luz no solo en este caso sino en muchas ocasiones, y que solo puede cambiar con nuestras acciones y conciencia por el valor de nuestro trabajo, para el cual nos preparamos años y debemos seguir haciéndolo constantemente, por nuestros propios intereses y para no “quedar afuera”, actualizándonos en tecnologías, sistemas, legislación, obras realizadas en todos el mundo y acá nomás también, y la larga lista que todos conocemos, acciones que por más que disfrutemos, como nos pasa a la mayoría, no quita ni el tiempo ni el esfuerzo realizado para llegar a los objetivos. Tampoco está bien desconocer que nuestra palabra profesional carga con responsabilidades como muy pocas profesiones lo hacen: a la hora de entrar a una cirugía el propio paciente o un familiar, recibe en mano del médico en el medio de la tensión nerviosa que genera la situación de quirófano, un extenso e ilegible formulario para firmar con su deslinde de responsabilidad por “si algo malo ocurriere”.

Muy diferente es el caso de los arquitectos, quienes, si nos hacemos cargo de un proyecto somos responsables a lo largo de los próximos 10 años tanto en lo civil como en lo penal.

¿Y nosotros regalamos nuestra palabra aunque sea en este caso preliminar? Quiero aclarar que estoy muy a favor de las acciones solidarias y tuve la suerte de formar parte de varias, pero por supuesto el caso citado nada tiene que ver con esto.


Mis anteriores post:

Llegue a los 37 años y no quiero tener hijos.

Cuanto dinero gastar con tu novia por mes.
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