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"No se expongan": La muerte de las mendocinas

"No se expongan": La muerte de las mendocinas y un consejo que las mujeres no deberían recibir


"Nos parece natural que las mujeres deban andar por la vida precavidas, mirando sobre su hombro, pidiendo la compañía de un amigo para poder recorrer tres cuadras oscuras sin sentir terror, sin sentir que se están exponiendo a que les pase lo peor – y a que, si eso sucediera, la reacción sea: 'bueno ¿qué esperabas?'"



Las mendocinas Marina Menegazzo, María José Conti, Sofía Sarmiento y Agustina Cano se conocían desde los 12 años y habían planeado empezar el 2016 con un viaje de amigas a Montañita, Ecuador . Todo había transcurrido bien, y el 10 de febrero Sofía y Agustina regresaron a Argentina porque tenían que prepararse para rendir finales en la facultad. Marina y María José aprovecharon que tenían tiempo y dinero y se quedaron unos días más.



¿Qué pasó?
El 22 de febrero fue la última vez que las chicas que comunicaron con sus familias. Encontraron el cadáver de Coni (21 años) el miércoles a metros de una playa de Montañita, entre unos pastizales. El cadáver de Menegazzo (22 años) fue hallado el domingo, cerca del de su amiga y en las mismas condiciones: envuelto en una bolsa de plástico y con golpes en la cabeza y en el cuerpo.


Lo que pasó en el medio, es la verdad todavía algo confuso. Familiares declararon que las chicas planeaban ir hasta Lima, tal vez en autobús o tal vez a dedo, ya que les habían robado en el hostel. Las familias tardaron en denunciar el caso porque sus hijas, que hasta ese momento se habían comunicado con regularidad, les habían informado que podían llegar a estar incomunicadas durante el trayecto a Lima. Sin embargo, nunca lograron salir de Montañita.

El cadáver de Marina, que fue el primero en encontrarse el miércoles pasado, presentaba "presuntamente de 3 a 4 días de estado de descomposición", según se informó. Ese dato ubicaría la fecha del crimen el día 22, el último día en que las chicas se comunicaron con sus familias.

El caso llegó a los medios el 27, el domingo se confirmó el hallazgo de ambos cuerpos y el lunes trascendió la confesión de uno de los asesinos, junto con la foto de los dos autores del crímen: Alberto Segundo Mina Ponce y Aurelio Eduardo Rodríguez.




El fiscal de la causa, Eduardo Gallardo Rodas, detalló cómo fue la confesión de los asesinatos a Radio La Red: "Las chicas se habían quedado sin dinero y se pusieron en contacto con un amigo que, a su vez, las contactó con otro amigo que vivía solo y les dio hospedaje. Según el relato del detenido, él y su amigo estaban alcoholizados y uno llevó a una de las chicas a su cuarto e intentó tocarla, la joven se resistió y éste le pegó con un palo en la cabeza que la mató instantáneamente. Asustado, corrió a la otra habitación y encontró a la otra joven apuñalada en el torax sangrando.”

Medios de Ecuador afirmaban que las chicas habían conocido a estos dos hombres en un bar y que se habrían ido con ellos a su casa.

Sin embargo, ninguna de estas versiones suena convincente para sus amigos y familiares.

"No concuerda absolutamente nada lo que dicen. A mi hermana la conozco. El testimonio de los sospechosos es absurdo. Tenían plata. Esto es un tema de trata de personas", dijo Belén, hermana de Marina Menegazzo.

“Estábamos juntas y nos separamos el 10 de febrero. Ellas se quedaron en Montañita, todo perfecto, tenían plata y pagaban su alojamiento", afirmó Sofía Sarmiento, una de las compañeras de viaje, agregando que si las chicas hubieran tenido un problema “no se hubieran acercado a gente mayor” ya que “hay argentinos viviendo allá”. “Si les hubiera pasado algo hubieran recurrido a gente que conocen y que saben que las van a ayudar", aseguró.




"Algo habrán hecho"
Cada vez que sucede una de estas tragedias – y eso es, lamentablemente, muy seguido – están aquellos personajes preparados para señalar culpables a las víctimas, para especular acerca de cómo se vestían, qué tomaban, a dónde salían, con quienes hablaban
. Como si estar de vacaciones con sus amigas y tomar unas cervezas, usar traje de baño en la playa y charlar con alguien en boliche de repente las hiciera merecedoras de esa muerte aberrante.


“Los viajeros, sobre todo las chicas, deben darse cuenta de que estos lugares implican un verdadero riesgo. Francamente, que dos chicas jóvenes pretendan viajar a dedo de Montañita hasta al Perú es jugar a la ruleta rusa.”

“Digamos las cosas como son: estas pobres chicas encontraron lo que fueron a buscar. ¿Te gusta la aventura? ¿Te atrae el peligro? ¿Te excitan los ambientes sórdidos? ¿Querés conocer TODO y exponerte? ¿Te parece muy hot irte a pasar la noche con tipos que acabás de conocer? Bueno, cada quien tiene la libertad de hacer con su vida lo que le venga en gana. Lo que no podemos eludir son las consecuencias de nuestros actos.”

“Lo único que puedo decir, más allá de penas durísimas a sus homicidas, es que las mujeres no viajen solas a lugares que pueden ser peligrosos. Sobre todo cuando son jóvenes. Que vayan con un novio o amigo. Que en paz descansen.”


Estos son sólo algunos de los comentarios que encontré en una de las notas que hablaba del doble homicidio. Incluso aquellos que, como el último, parecen bien intencionados, esconden un turbio mensaje de fondo: “mujeres, escóndanse”, “mujeres, no hagan esto”, “mujeres, no hagan lo otro”. Nunca es: “hombres, no violen”, “hombres, que tengan más fuerza física no les da derecho a forzar a una mujer”, “hombres, aprendan que el rechazo no puede ser motivo de violencia” (y podría seguir así el día entero).

Según este razonamiento, las mujeres tienen que privarse de experiencias que sus pares del sexo opuesto pueden disfrutar sin problemas, siendo alentados y no juzgados. Nos parece natural que las mujeres deban andar por la vida precavidas, mirando sobre su hombro, pidiendo la compañía de un amigo para poder recorrer tres cuadras oscuras sin sentir terror, sin sentir que se están exponiendo a que les pase lo peor – y a que, si eso sucediera, la reacción sea: "bueno ¿qué esperabas?"

El criminal “que se pudra en la cárcel”, dicen todos. Pero, en el fondo, para la opinión popular, vos y tu violador, vos y tu asesino, van a compartir la culpa.






Quiénes eran Marina y María José
Sofía se adelantó a esto. Sabía que la vida de sus amigas iba a ser escudriñada y manipulada por la sed de rating de los medios y bajo el cobarde anonimato de las redes sociales.

"Era un viaje sano para encontrarnos nosotras mismas. No vivimos en pedo ni de fiesta. Nosotras Sofía y Agustina volvimos antes porque teníamos exámenes en la facu y ellas podían quedarse mas días. Nos conocemos desde los 12 años", aclaró.

"No estaban de novias, pero no por eso estuvieran buscando hombres. No fueron con intenciones de nada, no iban a meterse en lugares raros. A la noche se ven policías, a partir de las 4 de la mañana."

“Nunca nos pasó nada, es un pueblo, todos se conocen. Los que agarraron son dos perejiles. Si las chicas estuvieron con estos dos fue contra su voluntad".

Marina estudiaba Fonoaudiología en la Universidad del Aconcagua y María José, Economía en la Universidad Nacional de Cuyo. También eran voluntarias de la organización social mendocina Puente Vincular, dedicada a asistir a personas en situación de calle.

"Todos los domingos a la noche salían a dar de comer y a dar charlas a personas en situación de calle", contó la presidenta de la ONG, Evangelina Albarracín.


No parecen ser personas a las que, como dice uno de los comentarios que compartí más atrás “les excitan los lugares sórdidos”. Pero ¿qué pasaría si fuera el caso? ¿Qué pasaría sí – y vuelvo a citar ese comentario – a las chicas les gustara "la aventura", si quisieran "conocer todo y exponerse"? ¿Eso las hace merecedoras de un intento de violación y una cruel e indigna muerte?

¿Eso hace que una chica mayor de edad que quiera viajar sola y conocer nuevos lugares e interactuar con distintas personas sea merecedora de un destino fatal a manos de un hombre? Porque eso me haría a mí merecedora de una muerte feroz y morbosa
. Y a muchas chicas que conozco. Probablemente te haría merecedora a vos, o a tu hermana, de ese final inhumano.




Al fin y al cabo ¿qué nos importa quiénes eran Marina y María José? Su familia lo sabe, sus amigos lo saben, ¿necesitamos que nos digan a nosotros, que no las conocíamos, que eran miembros de una ONG para que sintamos que no podemos culparlas por su propia muerte?

Ninguna mujer pide que la violen y la maten – por lo tanto ninguna mujer es culpable de que la violen y la maten. Si querer tener el derecho a disfrutar la vida de la misma forma que lo hacen los hombres (viajar, divertirse, usar la ropa que queramos, ir al quiosco de la vuelta sola a las 2 de la madrugada, tomar algún trago de más) es “exponerse”, bien por quienes se exponen.

Porque los hombres tendrían que dejar de violar, no las mujeres dejar de vivir. Parece tan simple, pero aparentemente, en la sociedad en la que vivimos, no lo es.
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