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Periodistas perseguidos, corrupcion impune

La Justicia al revés: periodistas perseguidos, actos de corrupción impunes



La Brújula, un medio de Bahía Blanca, y su director sufren el acoso del Poder Judicial, empeñado en que revelen la fuente de unas grabaciones, que obtuvieron de manera legítima y legal, que vincularían al acusado de narcotráfico, Juan Ignacio Suris, con el empresario Leonardo Fariña, preso desde marzo por “evasión agravada e insolvencia”. Las escuchas dejarían entrever supuestos lazos del narcotraficante con el Poder Judicial de esa ciudad.


German Sasso


Juan Ignacio Suris

El medio fue allanado días pasados porque el fuero federal bahiense cree que reveló información secreta vinculada a una causa judicial. La Justicia tiene una mirada muy particular sobre qué es lo secreto, mirada que no comparte la prensa, siempre afanosa por revelar a los ciudadanos lo que ignoran, sobre todo si se trata de corrupción ligada a los organismos de poder.

Ya en tiempos de la presidencia de Menem, la Justicia impulsó varias ideas, proyectos y deseos contra la prensa para lograr una única finalidad: que la corrupción no sea ni investigada ni revelada. La Justicia bahiense parece mantener los reflejos de hace casi dos décadas.

Cuando la prensa revela, luego de chequear y confirmar los datos, la información que le fue cedida por una fuente, ya fuere sobre los lazos de un narco o sobre el misil de última generación, no está revelando ningún secreto. El secreto ya fue roto por la fuente que lo reveló. Tampoco está faltando a la ley. Si alguna falta existe, jueces y fiscales deberían atribuirla al infidente y no al mensajero. Cuando una información llega a la prensa a través de una fuente, la prensa asume que ya es pública y que en ese momento la conocen otros medios, otros periodistas, decenas de personas y que, por tanto, debe ser publicada. Resulta difícil comprender cómo algo tan simple no es percibido por mentes lúcidas y brillantes del derecho.

Pero en estos casos, la reacción del poder frente a la prensa siempre es unánime: exige que los periodistas revelen quién habló. Es un modo de intentar terminar con un amparo profesional que resguarda a los periodistas, que es pilar de la profesión y que mantiene vivas las técnicas de investigación. Un adagio de la prensa dice: si lo sabemos los periodistas, lo sabe el poder. Hacia allí debería mirar la justicia bahiense y, de paso, permitir que los periodistas cumplan con su dura misión de todos los días.

Hace varios años, un periodista que se negó a revelar sus fuentes en un juzgado federal porteño, se sorprendió por la pregunta de quien lo interrogaba: “No me diga quién fue su fuente, pero dígame cómo llegó a ella”. El periodista contestó: “Caminando”. El interrogador anotó la respuesta y dio por cerrado el acto.

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