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¿Qué pasaría si fuésemos el doble de inteligentes?



¿Cuánta inteligencia promedio hace falta para que tengamos la Humanidad de las películas, esa que, pese a sus defectos, merece sobrevivir al ataque de los extraterrestres? ¿Alcanzará con el doble de inteligencia?




El valor de la inteligencia






Debo admitir que la inteligencia (en general, no la mía) está un poco sobrevalorada1. Ser el más inteligente de los humanos no evita los problemas, el sufrimiento ni el intangible torrente de tiempo que todo lo hace polvo. Lo acertado es que los idiotas son las personas más felices, tal como lo demostraran impecablemente Erasmo de Rotterdam2 y las modelos que no paran de reír cuando se les pregunta algo que no entienden69.

En otras palabras, la inteligencia no asegura la felicidad: si me dieran un dólar por cada mujer que se enamora de mí por mi inteligencia, tendría que trabajar toda la vida para pagar la deuda que tengo.

La inteligencia vale tan poco que yo mismo, de verme obligado a elegir, me llevaría a una isla desierta a la más anodina de las modelos antes que al bueno de Erasmo, muy a diferencia del rey hindú Balī, a quien tras perder una guerra se le dio a elegir su castigo: ir al paraíso acompañado de cien tontos o marchar al infierno junto con un sabio. Balī, precavidamente, eligió la segunda opción, alegando que de todos modos los estúpidos rápidamente transformarían el paraíso en un infierno. Tenía razón, pero, ¿fue una decisión inteligente, suficientemente inteligente?

La inteligencia por sí misma no necesariamente es suficiente, como saber construir una casa no es bastante refugio. La inteligencia es importante pero no es buena ni es mala en sí misma (no es bueno, por ejemplo, que un asesino sea inteligente) y, por lo tanto, es insuficiente; requiere algo más que la dote de un signo positivo o negativo, y ese algo tiene que ver con su manifestación. Una cosa es ser inteligente y otra es usar la inteligencia inteligentemente, saber actuar con inteligencia.

Los dos amores del sabio –la verdad y lo útil– pueden generarle conflictos cuando de decisiones personales se trata: lo que es lógicamente verdadero no siempre es bueno en la práctica. Aquí entra la sabiduría, que es a la inteligencia como el amor es al porno, y por lo tanto es tema para otro artículo (probablemente de otro blog, de otro autor). Hoy hablamos de la inteligencia a secas, que es un amor ideal, matemático, pura fórmula: lógica.

Ahora sí, habiendo puesto en su lugar a la inteligencia aislada, vayamos a la pregunta del título...



¿Qué pasaría si fuésemos el doble de inteligentes?





¿Cómo voy a saberlo? Debería ser el doble de inteligente para imaginarlo, o al menos eso pienso con mi estúpida media-inteligencia. Pero intentaré acercarme a la respuesta: para hacerlo más fácil, digamos que los seres humanos tenemos un Coeficiente Intelectual promedio de 100, e imaginemos qué pasaría si lo normal fuese 200 –cosa difícil de imaginar porque no se conoce a nadie que haya obtenido ese resultado en un test de Coeficiente Intelectual–.

El Coeficiente Intelectual promedio de un chimpancé entrenado es de aproximadamente 60. Es decir que no llegamos a ser el doble de inteligentes medidos con esa vara. ¿Se va entendiendo lo que quiero decir con que la inteligencia humana está sobrevalorada? Algunos primates no humanos llegan a obtener 80 o 90 puntos en el mismo test. Si bien ese método no es el único ni el mejor para medir la inteligencia, es un buen punto de partida para este ejercicio mental de duplicar la razón humana e intentar deducir un posible futuro donde quizá por el simple hecho de ser inteligente uno pueda ser codiciado por todas las hijas de Zeus...

Hay quienes dicen que Newton tenía un Coeficiente Intelectual de 200 o más, y hay pocas dudas de que fue el hombre más inteligente de la Historia. Pero mucho más que a la ciencia, Newton se dedicó a la alquimia y a su búsqueda inherente de la piedra filosofal y la pócima de la vida eterna, y podemos decir que si este hombre –que en su tiempo libre inventó el 90% de todo lo que usamos hoy– no las encontró, no existen.Como el sistema para determinar el CI se basa en símbolos y relaciones (equivalencias entre lo explícito y lo implícito), tener un CI duplicado nos facilitaría, en principio, todo lo referente al lenguaje y los conceptos, el entendimiento. Podríamos aprender chino en un par de días, pensar con mucha más claridad las cuestiones lógicas y tomar decisiones más cimentadas en la probabilidad que en las expectativas.

Pero, ¿sólo eso?

Se ha demostrado que las personas más inteligentes –al menos dentro del concepto occidental de esta peculiaridad– tienen más conexiones entre neuronas, especialmente entre aquellas que están más alejadas entre sí. En otras palabras: si el planeta fuera un cerebro, sería más inteligente si China no censurase la mitad de Internet. Los cerebros sobresalientes son físicamente más complejos que los del sapiens promedio, y de esta mayor complejidad se alimenta la inteligencia, como una araña que atrapa ideas en una red informática. A su vez, las ideas alimentan a la arañita para que pueda tejer más trampas para ideas.

Y una supercomunicación neuronal favorece no sólo a la lógica sino también a otros procesos neuroquímicos, como las emociones, y es sabido que éstas son a fin de cuentas las que nos llevan a hacer estupideces la mayor parte de las veces. Pero ateniéndonos a lo lógico hay otras razones por las que duplicar nuestra inteligencia multiplicaría también nuestras desdichas...



¿Ser más inteligentes sería mejor?





Una mente más compleja es también más una mente más acomplejada. Por mucho que se potencie la inteligencia, el inconsciente seguirá ahí, acumulando conflictos entre todo aquello que no logra comprender del todo, que ahora será por lo menos el doble, ya que cada respuesta encontrada conduce a una pregunta mayor, más compleja.

Dicho de otro modo: tener una inteligencia superior, un cerebro más complicado, no nos hace más aptos para entendernos a nosotros mismos, ya que aumenta nuestra complejidad al mismo tiempo. Es como en la clásica paradoja de contratar dos detectives para que se espíen mutuamente. Por cierto, el espionaje está muy mal visto en la industria de los binoculares.

Con una doble-inteligencia, en el mejor de los casos, todos seríamos capaces de resolver la infame paradoja de Fulano de Tales: Si me como a mí mismo, ¿desaparezco o duplico mi tamaño? Pero no sería tan fácil resolver este dilema: Si me pienso a mí mismo, lejos de anularme, mi conocimiento se incrementa; pero si logro duplicar mi conocimiento pensándome a mí mismo luego deberé pensar ese nuevo autoconocimiento, y aquí me limitaré a imaginar un "etcétera" porque creo que se va ilustrando la idea.

La inteligencia humana no es tan grande como para que al duplicarla obtengamos un resultado estremecedor. Simplemente nos serviría para pensar y aprender más rápido. Mejoraríamos como personas, pero, ¿mejoraría el mundo? Es dudoso...

El propio Newton era un personaje violento y antisocial. Una sociedad de Newtons probablemente avanzaría con gran velocidad... pero, ¿hacia dónde?Mientras que solemos creer que las desgracias del mundo ocurren por los estúpidos (¡los otros!), lo cierto es que remover la estupidez del mundo no es suficiente para que la sociedad evolucione. El cambio lo dejaríamos, como siempre, en manos y mentes de los más adelantados, los del modelo CI-300, mientras que los de coeficiente 200 formaríamos una masa mediocre mirando pasivamente un programa de memes sobre la teoría de cuerdas conducido por alguna stripper CI-100. Como mucho, pensaríamos mejor a quién vamos a votar, y hasta quizá cobraríamos una visión clara de que en un 90% de las ocasiones la democracia siempre fue, es y será un descarado fraude (frase con un 10% de descuento).

–Pero los inmorales seguirán a la altura de la credulidad media y serán el doble de fraudulentos –no intervino el Pesimismo, sino la Historia–.

Más que la inteligencia, lo que se necesita duplicar es la acción. Y si bien la teoría nos deja siempre a las puertas de la práctica, algo nos suele faltar que aglutine ambas cosas. Las masas inteligentes por sí mismas no mueven al mundo. Como la mayoría de las buenas masas, requieren un ingrediente esencial: huevos.



Conclusión





La verdadera inteligencia es la que nos permite tomar las mejores decisiones. Y por supuesto me atrevo a dar que decidir bien exige un paso extra; no es cuestión de pensar "decido que haya paz en el mundo". Así faltaría algo.

¿Qué?

Es la inteligencia creativa de la que estoy hablando, la que crea -por si no queda claro-, la que actúa coherentemente, la que se manifiesta. Es en la acción donde se pone a prueba la inteligencia, y esta no es una afirmación para tomar a la ligera. Quedará más clara con la siguiente clasificación:

Cuando un malvado actúa, se beneficia a sí mismo pero perjudica a los demás.
Cuando un negligente actúa, beneficia a los demás y se perjudica a sí mismo.
Cuando un idiota actúa, perjudica a los demás y también a sí mismo.
♦Cuando un inteligente actúa, beneficia tanto a sí mismo como a los demás.

De acuerdo con esto, evidentemente, las acciones de Balī revelaron negligencia, si no estupidez: se condenó a sí mismo al tormento eterno y por si fuera poco arrastró consigo a un genio y negó el paraíso a 100 101 tontos. Se trataba de un falso inteligente (después de todo, ya había perdido la guerra en la que se había metido). Probablemente él esté ahora en silencio junto a su sabio, perplejo como un vegetariano frente a una planta carnívora.

Comprender significa ser capaz de hacer.

GoetheInteligencia verdadera y acción, en cambio, dan como resultado genios y héroes dependiendo de cuál virtud tenga mayor peso en el individuo. Y bajo cualquier proporción de ambas se cuentan con los dedos de una mano las personas que crearon casi todo lo necesario para que estés leyendo esto en una pantalla mágica, incluyendo la posibilidad de estar vivo.

Mi conclusión para este artículo es que duplicar sólo la inteligencia sin duplicar la acción no cambiaría nada más que la indignación. Seríamos héroes de guerra en tiempos de paz: inútiles. Estaríamos más conscientes de todo lo que hay que cambiar, pero habría más cosas por cambiar y estaríamos igual que hoy.

Y ya sabemos bastante qué es lo que hay que cambiar; entendemos mucho más de lo que necesitamos entender. Tal vez deberíamos actuar primero y volvernos más inteligentes después. Porque, como en el juego de la rayuela, la diferencia entre el paraíso y el infierno está en saber mover los pies.



link: http://www.youtube.com/watch?v=xHBeF1HlBsM








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