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¿Que siento cuando mi hijo se porta mal?





¿Has vivido alguna vez una situación parecida a la que describe esta madre?
Ayer tuvimos mi primera rabieta en un lugar público, en el vestuario de la piscina, lleno de gente, ¡qué horror! El motivo fue que se quería poner el gorro de la piscina sola y yo le ayudé, entonces se enfadó.Yo calmada intenté sacarla de la frustración, pero era imposible. Se puso como un demonio, los mocos le colgaban como un trol, la cara roja, chillando…. bueno, bueno, ¡un auténtico chou! Al final se calmó y entramos a la piscina. Nos bañamos las dos juntitas, aunque media hora más tarde.Lo pasé mal, pero no por la rabieta en si, sino porque todo el mundo me miraba y una señora mayor encima se atrevió a decirme: “Si se pone así ahora, ya verás con 15 años…”, en fin, que me he dado cuenta que el comentario me ha afectado, claro, esta mujer de la vieja usanza vio, que ni le chillé, ni le pegué, sino que le decía cariñosamente: “cariño cuando se te pase el enfado puedes venir donde mamá, que te abrazará y nos iremos a bañar…. Cariño, entiendo que te quieras poner el gorro de la piscina sola…”
 
Rabietas en público y en casa, las vivo diferente
Cuando un niño llora,  podemos responder de forma diferente ante su llanto, podemos consolarlo, ignorarlo para que no se salga con la suya o simplemente esperar a que se le pase. ¿Pero qué es lo mejor? Quizás no se trata tanto de saber qué hay que hacer en cada momento, sino de  ser conscientes de si nuestra respuesta está favoreciendo o no el desarrollo emocional de ese niño.
Es conveniente reflexionar si al tranquilizarlo le estamos ayudando a ser consciente de lo que siente para que en próximas ocasiones sepa tranquilizarse por si mismo, o simplemente queremos que deje de llorar porque su conducta nos está poniendo nerviosos, algo que no es raro cuando no conseguimos calmar a un niño.
También podríamos pararnos a pensar si cuando le ignoramos y conseguimos que cese la rabieta, hemos aprovechado esa oportunidad para darle herramientas con el fin de que pueda canalizar su enfado o simplemente pretendíamos controlar su comportamiento molesto.
Qué siento cuando mi hijo tiene una rabieta
Las familias que acuden a las escuelas de padres y madres me habrán escuchado decir más de una vez, que no es tan importante la rabieta que tenga el niño sino la respuesta que tengamos ante ella. Si nos viéramos en un espejo cada vez que la conducta de nuestro hijo nos desagrada, probablemente no nos gustase lo que sale de nosotros, se remueven tantas emociones por dentro que ni nos reconocemos. Llegamos a decir, ¡yo ante tenía más paciencia pero desde que yo madre/padres no se que me pasa…!
Por lo general somos conscientes de que no queremos hablar con dureza pero no sabemos cómo gestionar la rabia o frustración que muchas veces generan nuestros hijos en nosotros y  lo peor de todo  es que esa falta de autocontrol va acompañada de sentimientos de culpabilidad y no nos permiten conciliar el sueño muchas veces.
Cómo gestionar mis propias emociones
Cuando los niños se acercan a los dos años, la crianza se vuelve un poco más complicada. La palabra NO empieza a ser muy repetida en los niños aún sin saber hablar y hay muchos momentos que resultan estresantes porque no sabemos entenderles aumentando en ellos la frustración a veces por no conseguir lo que quieren y otras por no ser comprendidos.
Cuando se acercan a los tres años, parece que aumentan las rabietas y cada día tenemos exposiciones muy distintas, lloros a la salida del colegio, negativas a la hora de comer, se quitan los zapatos y se niegan a caminar más, etc.
En momentos así toca respirar y gestionar lo que el comportamiento de tu hijo produce en ti. El tipo de respuesta que tenemos que dar a nuestros hijos se gesta en nuestra mente, se trata de conectar con el mundo emocional de nuestros hijos sin juzgar la conducta sino entender la causa que lo genera.


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