River siempre va a ser River, por Andrés Staccioli.


River siempre va a ser River, por Andrés Staccioli.


Allá por la temporada 2010-2011 leí por Facebook una imagen que decía algo así como "River es como un amigo que está en terapia intensiva. Si no lo acompañás ahora, ¿cómo vas a mirarlo a los ojos después cuando se recupere y salga adelante?". Una de las típicas boludeces que circulan por las redes sociales, pero me tocó el alma. Yo ya iba a la cancha siempre, en ese entonces, pero a partir de aquel momento esta imagen volvió a mi mente durante mucho tiempo.
La terapia intensiva se prolongó por meses, los domingos eran una procesión de pena dentro y fuera de la cancha, y el resto de la semana una angustia generalizada. Las cosas fueron a peor, hubo un momento de tremenda oscuridad, donde todo parecía un túnel sin luz al final. Recuerdo que especialmente esa tarde fatídica estaba como en estado de shock, como un mal sueño del que uno no puede despertarse. El partido nunca terminó, para peor. La angustia generalizada pudo más. Luego de ese caos que duró horas (y que en la mente, al recordarlo, parece aún no haber terminado), al volver a la ciudad, a la vida, algo era extraño. Es como si nos hubiesen robado el alma. Un estado de vida zombie, autómata. Vivíamos porque sí. No sabíamos qué hacer.
Recuerdo que inmediatamente decidí no ver televisión e intenté evitar todo contacto con noticias sobre el tema. Sostuve eso por semanas, creo que un mes de hecho sin tele. Es el día de hoy que prácticamente no tengo imágenes fotográficas o televisivas de la tragedia, casi solo mis propios recuerdos.



Hoy River volvió a ganar jugando bien, campeonato local, copas internacionales. Hoy mismo de casualidad vi en la tele que pasaron unas imágenes de aquella tarde nefasta. Vi llorar a Jony Maidana, al mismo que hoy en día veo hacerse enorme junto a los otros gladiadores. Vi llorar desconsolado al pueblo millonario, el mismo que en la actualidad delira de alegría. Pasamos un 2014 hermoso, con momentos de una euforia indescriptible. Quedan en mi mente grandes momentos, pero también pequeños detalles, como cuando más de una vez en que una jugada magistral hacía que entre desconocidos nos miráramos en las gradas con las sonrisas más grandes imaginables que, sin hablar, decían "No lo puedo creer". Así es, en poco tiempo pasamos de no poder creer la tragedia a no poder creer la excelencia, la magia. River salió de terapia intensiva, y puedo decir con alegría y orgullo que siempre estuvimos ahí, puedo mirar a los ojos al pueblo millonario y saber que pase lo que pase, River siempre va a ser River, y el amor es lo más lindo que nos puede pasar en la vida.