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Seguimos ganando

Seguimos ganando
Viernes, 1 de agosto, 2014


hay algo que tenemos en claro es que mandamos a Kicillof a saldar los 100 gramos de salchichón que nos fio el almacenero, y nos arregla un pago de tres mil millones de dólares en dos módicas cuotas. Sin embargo, la idea de que la joda de los fondos buitre nos saliera mal casi se nos borra a último momento y por un instante tuvimos un dejo de esperanza. Infundada, pero esperanza al fin.

No sabíamos bien cómo, pero algo nos decía que, si no zafábamos, la joda nos iba a afectar duro. A pesar de que la razón nos decía lo -obviamente- contrario, nos pusimos a soñar con el imposible de un crédito hipotecario, el préstamo para garpar la impagable fiesta de la nena o, al menos, la utopía de volver a comprar una tele en 50 cuotas. Si nos hubiéramos detenido a pensar por un instante, nos habríamos dado cuenta que nada de eso existe ya, pero somos conscientes de que acá siempre se puede estar peor.

La historia reciente no fue como para tirar manteca al techo, no estamos bien, pero hay otros que están mucho peor, como Australia o Canadá. El apoyo enérgico de los vecinos que no cortan ni pinchan se suma a la tibia simpatía de algunos europeos interesados no por generosidad, si no por no perder la guita. Por si fuera poco, apareció -muy de última- un plan B.

La situación frente a los fondos buitre era paupérrima y no teníamos forma de ganarla con las condiciones que estaban planteadas: ni con lo que pretendían cobrar, ni con lo que pretendíamos pagar. Así y todo, ni siquiera se esmeraron para morir con las botas puestas. Boludearon a un juez que ya demostró que tiene menos simpatía por la Argentina que Analissa Santi, esperaron a que la Corte Suprema de Estados Unidos corrigiera las cosas, pretendieron que Barak Obama nos diera una mano -como si tuviera algo menos importante para hacer frente a los quilombos internos y externos-, faltaron a las reuniones, llegaron tarde a otras y mandaron a unos abogados que no podrían ganar una causa por lesiones ni aunque se tratara de un viejo atropellado por un bondi en el tercer piso de un shopping.

Por si fuera poco, los ministros de Economía intervinientes durante el juicio consistieron en uno que tiene una causa por quedarse con una impresora de billetes y otra por truchar un auto, otro que no pudo responder una pregunta boluda a una periodista griega y un tercero que cada vez que abre la boca se comporta como si estuviera en una asamblea de centro de estudiantes.

La última semana fue caótica e improvisada. Que arreglan como con el Club de París a fuerza de billetazos patrióticos, la delegación es recibida con algarabía popular en la 9 de Julio y no va a saludar porque nadie garantiza la seguridad. Que no arreglamos, Cristina declara el 30 de julio como el Día de la Soberanía Financiera y crean un Museo de la Memoria Negociadora. Que los bancos compran la deuda, se cae el default, reviven al Abuelo Quique para que se la mande a guardar a Griesa en un spot de la TV Pública, Cristina convoca a Fuerza Bruta, inauguran una estatua de Kicillof donde estaba la de Colón y la estatua no se v
e.

Corrieron demasiados rumores, algunos relativamente ciertos, bolazos olímpicos los otros. Así y todo, descreo de quienes aseguran que las negociaciones antes del vencimiento se fueron al tacho por las declaraciones de Kicillof en el consulado. Primero, porque los que lo aseguran tienen menos fuentes que una plazoleta en el Sahara. Segundo, porque muchos de los que tiraron ese verso son operadores baratos y berretas. Tercero, porque nadie en su sano juicio puede creerse que un ser humano que vive de la especulación es capaz de rechazar el cobro de 1.600 millones de dólares porque le dijeron feo.

Lo único que estaba confirmado es que, pase lo que pase, se aplicaría la teoría de los filósofos calabreses: de algún culo saldrá sangre. Y después se ofenden porque salió mal. A tal punto llegó la improvisación que a Kicillof lo tuvieron que llamar a Caracas para que se tome un bondi a Nueva York 24 horas antes de la fecha límite. En el colectivo de atrás llegó la barra de Jorge Brito. El Kici se reunió con Pollack, con los buitres, con Griesa, con la mucama de Griesa y con el negro que toca el violín en la boca del metro.

Para el miércoles, los medios se repartían entre los que esperaban a que se confirmara algo, los que ponían por tercer día consecutivo el adelanto del arreglo con la esperanza de embocarla alguna vez, y los que tenían como exclusiva alguna nota choreada a otro. Entrada la noche, Kicillof sale con los pulgares en alto. Empieza el alivio. El alivio dura poco y, mientras el ministro se manda 46 minutos de historia pedorra para decir que no se arregló, uno se pregunta a qué se debieron los pulgares arriba, si a que salió con vida, quedó embarazado o no le cortaron los dedos.

El día después nos devolvió la normalidad de fumarnos unas dos horas cincuenta minutos de Cristina hablando, con Kicillof y Julián Álvarez de teloneros. El titular de Economía se mandó un showcito en el cual aprovechó 60 minutos para contarnos por qué no estamos en default. Luego de recordar que el arreglo con el Club de París fue felicitado por todo el mundo “menos dos o tres de acá”, se quejó porque le decimos default al default, cuando así lo llama todo el mundo menos dos o tres de acá.

Sin embargo, el Kici no pudo con su genio y le dio una patada en los gobelinos a Fábrega mientras éste se ataba los cordones, al contarnos que la única posibilidad seria de no entrar en default no sería permitida por el Gobierno porque “utilizarían la plata de los ahorristas y no la de su propio bolsillo”.

Una hora y media más tarde, después de que Cristina mostrara que somos potencia al inaugurar la reforma de una peatonal del conurbano, anunciara que los jubilados recibirán un aumento que los mantiene por debajo de la línea de la pobreza y leyera un discurso de Néstor Kirchner en que el aseguraba que al país lo endeudaron los corruptos, la Presi retomó la teoría de Kici, repitió sus conceptos sobre el arreglo bancario, a lo que agregó que “con la plata ajena cualquiera es generoso” y que “si quieren ser patriotas, que lo hagan con su bolsillo”.

Parece ser que los ahorros de la Anses dilapidados para mantener a la AFA o para comprar likes en la fanpage de Diego Bossio, no es algo que aparente atentar contra la Patria. Tampoco pareció joder demasiado que ninguna de las obras anunciadas por Cristina para reparar el daño hecho por los políticos de antaño se haya pagado con la guita de su bolsillo, engrosado como el de cualquier otro político de antaño y del presente.

Pero la Presi tenía un día tan especial que pasó del homenaje a Néstor Kirchner a la crítica a los siete ministros de Economía que tuvo el kirchnerismo antes de la llegada de Kicillof. En medio de un pico de volatilidad histórica afirmó que ella fue perseguida por todos los poderosos, con lo que no quedó claro si el Gobierno más poronga de los últimos seis milenios no tenía tanto poder, o si la persecución consistió en una carrera de embolsados en una kermese con los presidentes de las multinacionales mineras, sojeras y petroleras. Para que tengamos y guardermos, también sostuvo que su Gobierno “no fabrica la plata con una maquinita”, por lo que está más que claro que Ciccone no es una imprenta sino una Pastalinda.

Sin embargo, cuando parecía que ya nada podía superar al chistecito de los trenes de la semana pasada, Cris se fue por una tangente que la depositó en Oriente Medio y dijo que las imágenes de los misiles la impactaron mucho. No conforme, afirmó que nosotros recibimos misiles financieros y comparó al país con la Franja de Gaza.

Mientras pensaba que quizás la comparación se debía a que algunas partes de la patria parecen haber sido visitadas por el ejército israelí en busca de túneles, Cristina dio por terminada la Cadena Nacional y se fue a saludar a los militantes jardineros del Patio de las Palmeras y a los monotributistas lustradores de muebles de los salones de la Rosada, donde los dejó cantar y hasta les puso el micrófono.

Hace tiempo que los pibes están pensando en renovar su repertorio, sin embargo, al tener que descartar a última hora el himno a Brito quedaron medio en bolas. “Singer decime qué se siente saber que no vamo’ a garpar” podría ser un gran hit. “Somos de la gloriosa juventud difoltista, somos los herederos, los que ya no tienen guita”, estoy seguro que prendería rápido. A pesar de ello, ante la ausencia de ideas, la Presi pidió a los alegres justificadores que para la próxima se aprendan una canción venezolana en la que afirman “Chavez son millones”.

Y así, mientras Kicillof se convertía en héroe, Néstor en visionario y Cristina encaraba la crisis de los bonistas con un cancionero de la pastoral militante, en las redacciones volvían a correr nuevamente los rumores de un nuevo arreglo como quien espera que la FIFA convalide el penal no cobrado de la final y le quite la Copa a Alemania.

Por lo pronto perdimos, aunque nos quieran hacer creer que somos campeones morales y que El Modelo de redistribución de deuda con acumulación de matriz defaulteada continúa de triunfo en triunfo.
Viernes. Tengo muchos y sobrados motivos, pero por sobre todas las cosas, los desprecio por haber tenido que laburar como nunca durante toda una semana. Si hubiera querido trabajar, no me habría dedicado al periodismo.
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