Ser optimista es matarse

Un optimista es un suicida en potencia. No es que no se pueda ser positivo en la vida, el problema es cuando las personas te fuerzan, a pesar de que ni ellas se crean sus propias palabras, a verle constantemente un lado feliz a las cosas.



El optimista habla para convencerse. Da cátedra para internalizar conceptos sobre la vida que son imposibles de aplicar pero que son hermosos de predicar. Es esa gente que viene y te habla de la estúpida teoría de “ver la mitad del vaso lleno” como si se les hubiera caído una manzana en la cabeza para descubrir la gravedad con una nueva idea brillante. La mitad del vaso llena ya me la tomé para poder escucharte, salame.

El compuesto básico de la vida es 60% de sinsabor rutinario, 35% de tristeza y 5% de alegría en los mejores casos, por lo general fuera del África. El amor no existe y Dios tampoco y estamos solos en esto. Vos, tu vieja, tu amigo y tu primo se pueden morir antes de que termines ésta oración. Sin explicación, sin fundamento, sin razón. No se puede planificar nada porque todo es aleatorio. Es parte de un guion caótico que se escribe en vivo, improvisado día a día.

Un día, de un momento a otro, vamos a dejar de respirar. Nuestro cuerpo se va a descomponer y se va a convertir en alimento balanceado de gusanos que luego defecarán, fermentarán la tierra y van a permitir que este planeta siga siendo verde. No hay otra vida, no existe el paraíso y todo lo que queda de nosotros es el recuerdo, y está en nuestras acciones que esa suerte de segunda vida, que es la idea que dejamos en la memoria de quienes supieron de nuestra existencia, sea buena, mala, duradera o fugaz, popular o ignota. Así, morir, entre humanos, es ser olvidado. Muchas veces no hace falta ni morir físicamente para ya estar muerto.



¿Hacen todas éstas cosas que la vida sea una basura? Bueno, sí. Pero no se puede pelear más que por trascender, llegar al otro y que esa persona retenga una idea de nosotros que coincida con lo que quisimos ser y nos recuerde así. Quizá, para los más pretenciosos, hasta transformarlo con nuestro esfuerzo por tratar de ser alguien. Que eso que estamos haciendo lo haga dudar y tomar otro camino, que ésta alternativa le resulte agradable y que gracias a ello esté agradecido con nosotros y por ahí, alguna vez, cuando vos te mueras, este otro se acuerde que fuiste vos quien lo cambió y se lo cuente a sus hijos. Reviviste.

Si la alegría fuera eterna la vida sería aburrida como la perfección. La gracia radica en sacar un pie de la cama y tratar de sonreír a pesar de todas estas cosas que implican que cada día es probable que sea el último, tuyo o del que tenés al lado. La valentía de sobrellevar un absurdo. Pero esto no implica vivir como si fueras a morir mañana, sino sólo consciente de ello. Recordarlo por prudencia. Si la vida es una mierda entonces, bueno, ey, tampoco se la vamos a hacer tan fácil.

Ver la mitad del vaso lleno es negar la mitad que te falta. Es feliz, pero es idiota, como todo lo feliz. Esto se trata de brindar y emborracharse con el vaso vacío, disfrutar que la vida no tenga sentido y sea una casualidad sin significado. Pura magia.