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"Sherlock", la mejor serie de los últimos tiempos



"Sherlock", la mejor serie de los últimos tiempos

Una de las grandes series de los últimos años es británica y se llama “Sherlock”. Una adaptación inteligente de la historia del célebre personaje de Arthur Conan Doyle, detallista, muy bien pensada. En ella, Sherlock Holmes usa mensajes de texto, investiga en Internet y echa mano de todo tipo de recursos modernos para resolver sus casos. Todo respaldado por una soberbia actuación de Benedict Cumberbatch, a quien el papel del famoso detective le quedó como anillo al dedo.



Encontrar la perfección resulta utópico para los que nunca se han topado con ella. Hallar una cualidad tan subjetiva, identificarla, y demostrar que cumple los requisitos para que se la pueda denominar así es muy complicado. En las series pasa lo mismo. Para que una sea considerada redonda basta con opiniones mayoritarias en ese sentido, con los elogios como ejemplos. Y de éstas tenemos muchas.



Estoy convencido de que muchos encontrarán perfecta a su ficción favorita, de acuerdo a los gustos personalísimos de cada uno auspiciados por un respaldo abrumador. O todo lo contrario: para alguien puede ser la hostia algo que el resto considere mediocre o directamente malo.



La perfección se puede asociar en la actualidad a algunas producciones según su temática y argumento. Pero creo que la que puede recibir el calificativo sin reservas es Sherlock. Todos estamos cautivados con ella. Y creo que es así por una serie de rasgos que la hacen única. Porque ha dado los diez sencillos pasos (podrían ser muchos más) para ser la serie perfecta. Porque Sherlock es la hostia. Y punto.



Juega con las tramas y cumple tu sueño. El propio Steven Moffat, su creador, lo dijo: Sherlock es un juguete con el que está cumpliendo una antigua aspiración. Y Mark Gatiss (guionista principal que también hace el papel de Mycroft Holmes) y él se deben estar divirtiendo, porque el espíritu de la obra de Conan Doyle es patente en secuencias repletas de actualidad que tienen como protagonistas a teléfonos móviles o bombas a control remoto.



Las tramas de Sherlock solo serían plausibles en una época cargada de tecnología como la actual. O eso nos hace creer la serie, al estar tan elaboradas y contar con una notable influencia científica y/o tecnológica. Pero no es así: son adaptaciones de la obra creada en el siglo XIX. ¿Cómo se puede transponer algo de dos siglos atrás de una manera tan genial?
Periodicidad, duración y entregas definidas. Dejar claro desde el primer momento que tus capítulos durarán hora y media, que las temporadas estarán compuestas de tres episodios, y que las ofrecerás con un año de diferencia, sugiere que los responsables tienen un plan del que hacen partícipe al espectador. Sobre todo porque éste tiene claro cuando será la emisión y puede hacer planes para no perdérsela.



Capacidad de aglutinar drama y comedia. . Mejor dicho: solo en Sherlock ocurre esta unión tan acertada entre humor y tramas más profundas. Al menos a mí no se me ocurre otra serie que haga esto de forma tan redonda. Es la única que te hace sonreír a cada momento y a la vez transmitirte que se está desarrollando algo muy serio.



Diferencia muy bien los momentos serios de los cómicos. Hay momentos para todo. Las conversaciones entre Sherlock y Watson suelen ser desternillantes por los gestos de desaliento que hace Martin Freeman ante el inefable consulting detective. Pero cuando se dan momentos como una persecución, un interrogatorio o una huida, las bromas desaparecen. La perfecta representación de este rasgo la hace el segundo capítulo de la primera temporada. El resto lo hacen, pero no de forma tan redonda.



Sacia y deja con ganas de más a la vez. Una entrega semanal de hora y media es suficiente para satisfacer a los que vemos Sherlock. Pero que solo sean tres en un año nos quema la vida porque necesitamos más.
Sorprende a cada momento, no solo en el final. Sherlock te deja muy loco en el momento menos indicado para ello. Eso es así. De hecho, sus finales suelen ser lo menos impactante si se compara con el discurrir de los episodios. Ya sea por unas de sus situaciones cómicas o por una nueva pista para el caso que les ocupa, las disquisiciones argumentales son constantes. Y en ésta, imprescindibles, ya que una serie que bebe del misterio debe romper al espectador con un simple giro a la trama.
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