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Te cuento por que la Mona lisa es tan conocida

Te cuento por que la Mona lisa es tan conocida


Bienvenidos!








Italia, diciembre de 1913. Un hombre llega a Florencia tras 16 horas de viaje. Se aloja en un pequeño hotel. Esta allí para reunirse con dos de los mayores expertos en arte de Italia, y tiene algo fabuloso que vender, el cuadro más famoso del mundo, la Mona Lisa de Leonardo DaVinci. Los expertos solo tardan un par de minutos en darse cuenta de que es la auténtica...

La Mona Lisa había desaparecido del Louvre dos años antes, en uno de los “golpes” más increíbles de la Historia del Arte y que generó una investigación policial por Europa, un supuesto intento de falsificación en Estados Unidos e incluso la detención de Pablo Picasso. Esta historia fascinó a la prensa mundial.

Martes 22 de agosto de 1911, París. El Museo del Louvre acaba de abrir al público. Sobre las diez de la mañana llega uno de los primeros visitantes, un artista llamado Louis Béroud, y viene a pintar su propia interpretación del famoso cuadro. Cuando Béroud se da la vuelta para pintar la cara más famosa del Louvre, no ve la obra maestra de Leonardo, la pared estaba vacía...




Sorprendido y molesto va a buscar a un vigilante para preguntarle donde está el cuadro, y a este no pareció preocuparse. Solo le dijo “puede que la hayan enviado al estudio del fotógrafo del museo o quizás a la sala de los conservadores...”. El vigilante salió a buscar la pintura, pero no la encontró por ningún lado. La calma del Louvre estaba a punto de romperse. Unos minutos más tarde, el vigilante volvió gritando “¡Ha desaparecido¡”; había sucedido lo impensable...



A las once en punto, el director llama desesperado a la policía, se acordona el Louvre, se cierran todos los accesos, y empieza una búsqueda desesperada de sesenta detectives recorriéndolo palmo a palmo. Se sucede el caos, el pánico y la sorpresa...

El Louvre estaba abierto seis días a la semana, y cada lunes cerraba para hacer reparaciones y limpieza. El día del robo era un lunes, y los trabajadores y vigilantes podían andar por sus galerías sin ninguna supervisión. Vincenzo Peruggia era un carpintero de treinta años, que había trabajado antes allí durante un año como uno de los cuatro responsables de instalar los cristales que protegían las pinturas.

7,30 hs de la mañana del lunes... Peruggia sale de su apartamento, cruza París y se dirige a una de las entradas laterales del museo. Aunque ya no trabajaba allí, su cara seguía siendo conocida. La cuenta atrás para el robo acaba de empezar...

Aunque parezca increíble, la puerta estaba abierta, así que le fue muy fácil entrar. Se dirigió al salón Carré y descolgó la Mona Lisa de la pared, pero ¿como esquivar a los vigilantes y salir sin ser descubierto?




Estaba en una situación muy arriesgada, así que tenía que encontrar una manera de sacarlo de allí y pronto. Le quitó el marco y el cristal cuidadosamente, y cubrió la pintura con una tela blanca. Entonces, bajó por la escalera para comprobar si la puerta estaba abierta, pero cuando llegó, la encontró cerrada. No obstante, mantuvo la cabeza fría y empezó a quitar los tornillos del pomo, pero seguía siendo un blanco fácil para los vigilantes. De repente su suerte volvió a cambiar. En ese momento pasó un fontanero que lo conocía, siguió manteniendo la calma, y en una conversación informal, le dijo “Algún estúpido ha cerrado la puerta”. Su excompañero le contesta “No te preocupes, tengo la llave...”, y se la abrió. Así de fácil...
Se apresuró por la acera del Lovre llevando la Mona Lisa bajo el brazo envuelta en una tela blanca, y se adentró por las calles de París hasta llegar a su apartamento. Eran las 8,00 de la mañana, lo había conseguido...

En el cochambroso apartamento donde vivía, “descansaba” la Mona Lisa en un rincón, mientras los titulares de la prensa no dejaban de sucederse. Se empezaba a preocupar, porque la habitación no tenía calefacción y había mucha humedad; era un hombre muy cuidadoso y no quería dañar el cuadro, así que le pidió a un amigo italiano que vivía en su misma calle que guardara el cuadro en su habitación durante un mes o dos...




Durante dos años poco más se supo de las investigaciones sobre el robo del cuadro, pero el 29 de noviembre de 1913 llegó a Italia una carta matasellada en París. Iba dirigida a la oficina en Florencia de un marchante de obras de arte, y estaba firmada con el “misterioso” nombre de “Leonardo”...

Peruggia había visto un anuncio que el anticuario había publicado en la prensa, ofreciéndose a comprar obras de arte, y de ahí la misiva. No se tomo en serio la carta, pensó en tirarla, pero se lo comentó al director de la prestigiosa Galería Uffizi, el cual le dijo que respondiera “por si acaso...” La carta ofrecía la posibilidad de devolverle la Mona Lisa a Italia. No hablaba de dinero, pero decía que era pobre y necesitado...

A vuelta de correo, invitó a “Leonardo” a ir a Florencia. Metió el cuadro en su maleta, llegó a la estación de tren y compró un billete de tercera... Por primera vez en más de 300 años, Mona Lisa está a punto de abandonar Francia. Cuando Peruggia llegó a Florencia era de noche, y, cansado por el viaje caminó hacia el centro de la ciudad, y se alojó en un discreto hotelito, donde el cuadro descansaba debajo de su cama...




A la mañana siguiente, las campanas del Duomo lo despertaron. Se levantó, dio un paseo para poner en orden sus ideas y regresó a la habitación. Aparecieron a la hora concretada el marchante junto con el director del museo. Rápidamente se dieron cuenta de que era la original al observar las finísimas grietas en el cuadro, producto del craquelado del oleo durante siglos.

Saben que es la original y le tienden una trampa a Peruggia. Lo convencen diciéndole que se van a llevar la pintura a la Galería para que los italianos puedan admirar su grandeza, y se marchan del hotel con la pintura. El conserje del hotel, los para porque sospecha que se llevan uno de los cuadros de los pasillos (imaginaos las “obras” que habían en las habitaciones y pasillos...). Se la enseñan y le contesta “No, no pertenece al hotel...”.

Nada más salir llaman a los carabinieri que, poco después detuvieron al pobre de Vincenzo Peruggia. Fue acusado, juzgado y condenado a un año y quince días de prisión. Dijo al Tribunal que el motivo del robo fue puramente “nacionalista”. Quería que la Mona Lisa colgara en las galerías de los Uffizi, junto a otras obras del Renacimiento italiano, pero su ingenuidad le pasó factura...

Ahora es la pintura mejor protegida del mundo. Metida en una vitrina en el Louvre, sellada con silicona, y con todo tipo de mecanismos que garantizan que no haya ningún cambio de temperatura para que la madera no se agriete.





Vincenzo Peruggia

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Un comerciante argentino llamado Eduardo Valfierno convenció al carpintero italiano Vincenzo Perugia (ex empleado del Museo del Louvre) para que robase el cuadro, con el fin de venderlo por una cifra millonaria. El 21 de agosto de 1911, Perugia llegó al Museo del Louvre a las 7 de la mañana, vestido con una gabardina blanca como las que usaba el personal del museo, descolgó el cuadro y a continuación, en la escalera Visconti, retiró la tabla de su marco, abandonando este último. Poco después salió del museo con el cuadro escondido bajo su ropa


Este es el argentino.

Fama de la pintura


Es fácil asumir que el caso causó tal sensación porque la Mona Lisa era "la pintura más famosa del mundo". Pero no lo era. Lo que realmente la catapultó a la fama fue el robo.

Fue el primer delito contra la propiedad en recibir la atención de los medios internacionales, anota Charney en conversación con la BBC.

El primer ingrediente de su amplificada fama fue la cantidad de cobertura que se le dio durante el tiempo que estuvo perdida, señala Simon Kuper, del diario británico Financial Times, quien ha escrito sobre el tema.

Antes de eso, mucha gente no la había visto. Gracias a eso, pasó a ser un ícono popular.



Gracias por pasar!

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