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Tercera semana de Pascua



Domingo 08 de Mayo de 2011
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Blanco



LO RECONOCIERÓN AL PARTIR EL PAN


Primera Lectura: Hechos 2, 14.22-33
"No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio"

El día de Pentecostés, se presentó Pedro con los Once, levantó la voz y dijo:
«Escúchenme israelitas: Les hablo de Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes mediante los milagros, prodigiosos y señales que ustedes bien conocen. Conforme al plan previsto y sancionado por Dios, Jesús fue entregado, y ustedes por medio de los paganos lo clavaron en la cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice refiriéndose a él:
Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, goza mi lengua y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el camino de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia”.
Hermanos, permítanme hablarles con toda claridad: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero, como era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento que un descendiente suyo ocuparía su trono, con visión profética habló de la resurrección de Cristo, el cual no fue abandonado a la muerte ni sufrió la corrupción.
Pues bien, a este Jesús Dios lo resucitó, y de ello nosotros somos testigos. Llevado a los cielos por el poder de Dios, recibió del Padre el Espíritu Santo prometido, y ahora lo ha comunicado, como lo están viendo y oyendo».


Salmo Responsorial: 15
"Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya."

Protégeme, Dios mío, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tú eres mi Señor. El Señor es la parte que me ha tocado en herencia: mi vida está en sus manos.
R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.

Bendeciré al Señor que me aconseja; hasta de noche me instruye internamente.Tengo siempre presente al Señor, con él a mi lado jamás tropezaré.
R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya

Por eso se me alegran el corazón y el alma y mi cuerpo vive tranquilo: porque tú no me abandonarás a la muerte, ni dejarás que sufra la corrupción.
R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.

Enséñame el camino de la vida, sáciame de gozo en tu presencia, de alegría perpetua junto a ti.
R. Señor, enséñanos el camino de la vida. Aleluya.


Segunda Lectura: I Pedro 1, 17-21
"Ustedes han sido rescatados con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha"

Hermanos: Si ustedes llaman Padre a Dios, que juzga imparcialmente a cada uno, según sus obras, vivan siempre con temor filial durante su peregrinar por la tierra.
Bien saben que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, al cual Dios había elegido antes de la creación del mundo, y por amor a ustedes lo ha manifestado en estos tiempos.
Por Cristo, ustedes creen en Dios, quien lo resucitó de entre los muertos y lo llenó de gloria. De esta forma, su fe y su esperanza están puestas en Dios.


Evangelio: Lucas 24, 13-35
"Lo reconocieron al partir el pan"

El mismo día de la resurrección, iban dos discípulos a un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús se acercó y comenzó a caminar con ellos. Pero sus ojos estaban velados y no lo reconocieron. El les preguntó:
«¿De qué vienen hablando por el camino?»
Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?» El les preguntó:
«¿Qué ha pasado?»
Ellos le respondieron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel.Y ya ves, hace tres días que sucedió esto.
Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y vinieron contando que habían visto unos ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres; pero a El no le vieron».
Entonces Jesús les dijo:
«¡Qué insensatos y duros de corazón son para creer lo anunciado por los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y comenzando por Moisés y siguiendo con los profetas les explicó los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo donde iban él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le insistieron diciendo:
«Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto oscurecerá».
Y entró para quedarse con ellos. Sentados a la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron:
«¡Con razón nuestro corazón ardía mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!»
Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».
Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.






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Lunes 09 de Mayo de 2011
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Blanco

Primera Lectura: Hechos 6, 8-15
"No podían refutar la sabiduría inspirada con que hablaba Esteban"

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes signos y prodigios en medio del pueblo. Algunos de la sinagoga llamada “de los Libertos”, a la que pertenecían cirenenses y alejandrinos, y algunos de Cilicia y de la provincia de Asia, se pusieron a discutir con él; pero al no poder contradecir la sabiduría y el espíritu con que hablaba, sobornaron a unos hombres para que dijeran:
«Hemos oído a éste blasfemar contra Moisés y contra Dios».
De este modo amotinaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas. Luego, llegando de improviso, lo arrestaron, lo llevaron al Consejo y presentaron testigos falsos, que decían:
«Este hombre no cesa de hablar contra el templo y contra la ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá este lugar santo y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés».
Todos los que estaban en el Consejo lo miraron con atención, y les pareció que su rostro era como el de un ángel.


Salmo Responsorial: 118
"Dichosos los que siguen la ley del Señor."

Aunque los poderosos conspiren contra mí, medito tus normas. Pues mis delicias son tus preceptos; tus normas, mis consejeros.
R. Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Yo te expongo mi camino y tú me escuchas, enséñame tus normas. Enséñame la senda de tus decretos, y meditaré en tus maravillas.
R. Dichosos los que siguen la ley del Señor.

Apártame del camino falso, dame el gusto por tu ley. He elegido el camino verdadero, he deseado tus mandamientos.
R. Dichosos los que siguen la ley del Señor.


Evangelio: Juan 6, 22-29
"No trabajen por el alimento que se acaba, sino por el que dura para la vida eterna"

Al día siguiente, la gente continuaba en la otra orilla del lago. Se habían dado cuenta de que allí solamente había una barca y sabían que Jesús no había embarcado en ella con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos.
Otras barcas llegaron de Tiberíades, y se detuvieron cerca del lugar donde la gente había comido el pan, después que el Señor había dado gracias a Dios. Cuando se dieron cuenta de que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, subieron a las barcas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús. Lo encontraron en la otra orilla y le dijeron:
«Maestro, ¿cuándo has llegado aquí?»
Jesús les contestó:
«Les aseguro que no me buscan por los signos que vieron, sino porque comieron pan hasta saciarse. Esfuércense por conseguir no el alimento transitorio, sino el permanente, el que da la vida eterna. Este es el alimento que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, lo ha acreditado con su sello».
Ellos le preguntaron:
«¿Qué debemos hacer para actuar como Dios quiere?»
Respondió Jesús:
«Esto es lo que Dios espera de ustedes: que crean en aquél que él envió».






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Martes 10 de mayo de 2011
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Rojo

Primera Lectura: Hechos 7, 51-60; 8, 1
"Llenen la tierra y sométanla"

En aquellos días, Esteban decía a la gente, a los ancianos y a los escribas:
«Ustedes, hombres testarudos, tercos y sordos, siempre se han resistido al Espíritu Santo. Eso hicieron sus antepasados y lo mismo hacen ustedes. ¿A qué profeta no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que predijeron la venida del Justo, a quien ustedes acaban de traicionar y asesinar.
Ustedes recibieron la ley por mediación de ángeles, pero no la han cumplido».
Al oír esto, se llenaron de rabia y apenas podían contener su furor contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, mirando fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y exclamó:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Ellos, dando grandes gritos se taparon los oídos, se lanzaron como un solo hombre contra él, lo sacaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejados sus ropas a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras lo apedreaban, Esteban oraba así;
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego cayó de rodillas, y gritó con fuerte voz:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y dicho esto, murió.
Saulo aprobaba este asesinato.


Salmo Responsorial: 30
"En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu."

Señor, sé para mí roca de amparo y fortaleza protectora. Tú eres mi roca y mi fortaleza; guíame y condúceme por el honor de tu nombre.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

A tus manos confío mi espíritu: tú el Dios fiel, me rescatarás; yo confío en el Señor. Me llenaré de júbilo y alegría por tu amor.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, sálvame por tu amor. Al amparo de tu presencia nos ocultas de las intrigas de los hombres.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.


Evangelio: Juan 6, 30-35
"Es mi Padre quien da el verdadero pan"

En aquel tiempo, la gente preguntó a Jesús:
«¿Qué señal puedes ofrecernos para que, al verla, te creamos? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio a comer pan del cielo».
Jesús les respondió:
«Les aseguro que no fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. El pan de Dios viene del cielo y da la vida al mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de ese pan».
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tend





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Miércoles 11 de mayo de 2011
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Blanco

Primera Lectura: Hechos 8, 1-8
"Al pasar de un lugar a otro, iban difundiendo el Evangelio"

Aquel día, se desencadenó una gran persecución contra la iglesia de Jerusalén; y todos, excepto los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria.
A Esteban lo enterraron unos hombres piadosos e hicieron duelo por él. Saulo, por su parte, perseguía con furor a la Iglesia, entraba en las casas, se llevaba por la fuerza a hombres y mujeres y los metía en la cárcel.
Los que se habían dispersado fueron por todas partes anunciando el mensaje. Felipe bajó a la ciudad de Samaria y estuvo allí predicando a Cristo. La gente escuchaba con aprobación las palabras de Felipe y contemplaba los signos que realizaba. Pues de muchos endemoniados salían los espíritus inmundos, gritando con fuerza, y muchos paralíticos y cojos sanaron. Y hubo gran alegría en aquella ciudad.


Salmo Responsorial: 65
"Las obras del Señor son admirables."

Aclama a Dios, tierra entera, canten en honor de su nombre, alaben su gloria, digan a Dios: «¡Qué admirables son tus obras!»
R. Las obras del Señor son admirables.

Que se postre ante ti la tierra entera, que canten para ti, que canten en honor de tu nombre. Vengan a ver lo que ha hecho Dios, sus hazañas en favor de los hombres.
R. Las obras del Señor son admirables.

Convirtió el mar en tierra seca, por el río cruzaron a pie; así pues, celebrémoslo con alegría.El gobierna con su poder eternamente.
R. Las obras del Señor son admirables.


Evangelio: Juan 6, 35-40
"La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna"

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre; el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero ustedes, como ya les he dicho, no creen, a pesar de haber visto.
Todos los que me da el Padre vendrán a mí, y yo no rechazaré nunca al que venga a mí. Porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y su voluntad es que yo no pierda a ninguno de los que él me ha dado, sino que los resucite en el último día. La voluntad de mi Padre es que todos los que vean al Hijo y crean en él tengan vida eterna, y yo los resucitaré en el último día».






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Jueves 12 de abril de 2011
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Blanco

Primera Lectura: Hechos 8, 26-40
"Aquí hay agua. ¿Hay alguna dificultad para que me bautices?"

En aquellos días, el ángel del Señor dijo a Felipe:
«Ponte en camino hacia el sur por la ruta que baja de Jerusalén a Gaza a través del desierto».
El se puso en camino. Al mismo tiempo un etíope, hombre de confianza y ministro de Candace, reina de los etíopes, y encargado de todos sus tesoros que había ido a Jerusalén en peregrinación, regresaba sentado en su carroza, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe:
«Acércate y ponte junto a esa carroza».
Felipe fue corriendo y, al oír que leía al profeta Isaías, le dijo:
«¿Entiendes lo que estás leyendo»?
El respondió:
«¿Cómo lo voy a entender, si nadie me lo explica?»
Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él. El pasaje que leía era éste: Como oveja fue llevado al matadero; como cordero, mudo ante el esquilador, tampoco él abrió su boca. Por ser humilde no se le hizo justicia. Nadie hablará de su descendencia, porque ha sido arrancado de la tierra.
El etíope preguntó a Felipe:
«Te ruego que me digas a quién se refiere el profeta, ¿a sí mismo o otro?»
Felipe tomó la palabra y, partiendo de este pasaje de la Escritura, le anunció la buena noticia de Jesús. Siguieron su camino y llegaron a un lugar donde había agua. Entonces el etíope dijo:
«Aquí hay agua. ¿Hay algún impedimento para que me bautices?»
Entonces, el etíope mandó detener la carroza, ambos se acercaron al agua y Felipe lo bautizó. Después de salir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El etíope no lo volvió a ver, pero continuó alegre su camino.
Por su parte, Felipe fue a parar a Asdod; y, desde allí, fue anunciada la buena noticia en todas las ciudades por las que iba pasando hasta que llegó a Cesarea.


Salmo Responsorial: 65
"Tu salvación, Señor, es para todos."

Pueblos, bendigan a nuestro Dios, hagan oír con fuerza su alabanza: él nos conserva la vida, y no permite que tropiecen nuestros pies.
R. Tu salvación, Señor, es para todos.

Vengan a escuchar los que respetan a Dios, y les contaré lo que hizo a mi favor. Mi boca lo invocó, mi lengua lo alabó.
R. Tu salvación, Señor, es para todos.

Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi súplica ni me ha retirado su amor.
R. Tu salvación, Señor, es para todos.


Evangelio: Juan 6, 44-51
"Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo"

En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos:
«Nadie puede venir a mí, si el Padre, que me envió, no se lo concede; y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Y serán todos instruidos por Dios. Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Esto no significa que alguien haya visto al Padre. Solamente Aquél que ha venido de Dios ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y, sin embargo, murieron. Este es el pan que ha bajado del cielo para que quien lo coma no muera».
Jesús añadió:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne. Yo la doy para la vida del mundo».





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Viernes 13 de Mayo de 2011
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Blanco

Primera Lectura: Hechos 9, 1-20
"Es el instrumento escogido por mí, para que me dé a conocer a las naciones"

En aquellos días, Saulo, que seguía amenazado de muerte a los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas de presentación para las sinagogas de Damasco, con el fin de llevar encarcelados a Jerusalén a todos los que encontrara, hombres o mujeres, que siguieran el camino de Jesús. Cuando estaba cerca de Damasco, de repente lo envolvió un resplandor del cielo, cayó a tierra y oyó una voz que decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
Saulo preguntó:
«¿Quién eres, Señor?»
La voz respondió:
«Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra a la ciudad y allí te dirán lo que debes hacer».
Los hombres que lo acompañaban se detuvieron espantados; oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada; así que lo llevaron de la mano y lo introdujeron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver y sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo llamado Ananías. El Señor le dijo en una visión:
«Ananías».
El respondió:
«Aquí me tienes, Señor».
Y el Señor le dijo:
«Levántate, vete a la calle llamada Recta, y busca en la casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. Está allí orando, y ha visto a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista».
Ananías respondió:
«Señor, he oído a muchos hablar del daño que ese hombre ha hecho en Jerusalén a los que creen en ti; y ha venido con poderes de los sumos sacerdotes, para arrestar a todos los que invocan tu nombre».
Pero el Señor le dijo:
«Vete, porque éste es para mí un instrumento elegido para anunciar mi nombre a todas las naciones, a sus gobernantes, y al pueblo de Israel. Yo le daré a conocer cuánto tendrá que padecer por causa de mi nombre».
Ananías fue, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo:
«Hermano Saulo, Jesús, el Señor, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo».
En ese momento se le cayeron de los ojos una especie de escamas y recuperó la vista, y a continuación fue bautizado. Luego comió y recobró las fuerzas.
Después de pasar algunos días con los discípulos que había en Damasco, Pablo empezó a predicar en las sinagogas, proclamando que Jesús es el Hijo de Dios.


Salmo Responsorial: 116
"Que aclamen al Señor todos los pueblos."

Alaben al Señor todas las naciones, aclámenlo todos lo pueblos.
R. Que aclamen al Señor todos los pueblos.

Grande es su amor por nosotros, y la fidelidad del Señor dura por siempre.
R. Que aclamen al Señor todos los pueblos.


Evangelio: Juan 6, 52-59
"Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida"

En aquel tiempo, los judíos disputaban entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Jesús les dijo:
«Yo les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me envió posee la vida y yo vivo por él, así también, el que me coma vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron sus antepasados. Ellos murieron, pero el que coma de este pan, vivirá para siempre».




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Sábado 14 de Mayo de 2011
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Blanco

Primera Lectura: Hechos 1, 15-17.20-26
"Echaron suertes, le tocó a Matías y lo asociaron a los once apóstoles"

En aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos, que eran unos ciento veinte, y dijo:
«Hermanos, tenía que cumplirse la Escritura que el Espíritu Santo había anunciado por boca de David acerca de Judas, el que guió a los que apresaron a Jesús. Era uno de los nuestros y participaba de este ministerio. Así está escrito en el libro de los Salmos:
Que su morada quede desierta, y no haya quien la habite.
Y también:
Que otro ocupe su cargo.
Es necesario, por lo tanto, que uno de los que nos acompañaron durante todo el tiempo que el Señor Jesús estuvo con nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue elevado a los cielos, entre a formar parte de nuestro grupo, para que sea, junto con nosotros, testigo de su resurrección».
Presentaron a dos: a José, apellidado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías. Y oraron así:
«Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, señala a cuál de estos dos has elegido para ocupar, en este ministerio apostólico, el puesto del que se apartó Judas para irse al lugar que le correspondía».
Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, el cual entró a formar parte del grupo de los once apóstoles.


Salmo Responsorial: 12
"Bendito sea el nombre del Señor."

Alaben, siervos del Señor, alaben el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre.
R. Bendito sea el nombre del Señor.

Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor. El Señor está por encima de todas las naciones, su gloria está sobre los cielos.
R. Bendito sea el nombre del Señor.

¿Quién como el Señor, nuestro Dios, que reina en las alturas y sin embargo se inclina para mirar cielos y tierra?
R. Bendito sea el nombre del Señor.

El levanta del polvo al desamparado y alza de la miseria al necesitado, para sentarlo con los príncipes de su pueblo.
R. Bendito sea el nombre del Señor.


Evangelio: Juan 15, 9-17
"No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido"

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
«Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes. Permanezcan en mi amor. Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en práctica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa.
Mi mandamiento es éste: Amense unos a otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.
No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Lo que yo les mando es esto: que se amen unos a otros».







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