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¿Tiene razón Szifron?

El trabajo de las "fabricas de ideología" como ya en 1935, llamaba Gramsci a los diarios y a la religión, hace que "saber" en el sentido de estar anoticiado del sentido en que se desarrollan los acontecimientos que afectan y afectarán nuestra vida, se haga cada día mas arduo.

Los diarios parcializan la información para construir sentidos que respondan a su versión. La television machaca con imagenes únicas con el único objeto de sesgar y ocultar. Los "opinologos" construyen un relato interpretativo sin dar fundamentos serios.

La única salida es tener la brujula política y desentrañar el "cui bono" (quien se beneficia).
Pero para hacer eso hay que ubicarse en un plano de observación, saber donde uno está parado.



Para un militante o un politico (honesto, o no) es facil, saben que intereses eligieron defender.
Para el tipo de a pié, ya no lo es tanto.


No aprendimos a pensarnos (no pudimos), como entes sociales. ¡Si no estudiás, nunca vas a conseguir un buen trabajo! ¡Tenes que elegir una buena carrera! ¡Lo importante son los mangos! O Szifron dixit: ¡Yo si fuera pobre saldría a robar! O los bién pensantes: Yo antes pediría limosna o trabajaría de sirviente, pero robar ¡no!



Nadie se piensa a si mismo como actor social, como protagonista de su vida y la de los demás. Partimos de la idéa que el mundo ya esta hecho y solo nos cabe sufrirlo y ya ni siquiera creemos en el consuelo de que hay una vida después de la muerte en la que seremos felices en la gloria del señor o en el regazo de las huries.

Sin embargo Szifrón lo dijo claramente: "Se necesita a los pobres para que hagan el trabajo que nadie quiere hacer"

¿Y quienes son los pobres?, los que tienen que vender horas de su tiempo para ganar su sustento.



Su desahogada posición economica y su posicion en la escala mediatica lo hizo perder de vista (o tal vez no), que el también está haciendo un trabajo que otros no pueden hacer, que ocupa un lugar en la cadena productiva.

El no es el dueño de su trabajo. Lo tiene que vender.



Y el productor que compra el trabajo de Szifron y lo empuja a que recorra los medios vendiendo -indirectamente- lo ya hecho.

Y el analista económico que nos pronostica catastrofes y después nos explica porque no se produjeron.

Y el periodista y profesional médico que diagnostica calumniosamente a tanto por palabra alquilando su juramento hipocrático.

Y el juez que prevarica sus fallos siempre a favor de quien lo soborna.

Y el fiscal -mimado de los medios- que tiene una galería de los culpables de siempre para seleccionar de entre ellos a quién acusar.



Es decir: la absoluta mayoría de los seres humanos tenemos que vender horas de nuestra vida para cubrir nuestras necesidades.

Y hay horas inconmensurablemente caras, horas que permiten vivir y hasta comprarnos en cuotas un futuro (eso sí... siempre con el corazón en la boca) y horas baratitas, despreciablemente baratitas.



Y las horas que nadie compra.

Los que compran o dejan de comprar todas las horas, estan en -como diría María Elena Walsh- "un cielo en technicolor donde muy poquitos - se fatigan jugando al golf."
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