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Top 10: Vampiros de cine


Entre la fauna fantástico-terrorífica no hay criatura más legendaria que la del vampiro. Ya sean los clásicos y sensuales mordedores de yugulares o los más violentos y psicópatas asesinos. Todos conocemos sus poderes, habilidades y puntos débiles, y nos acostumbramos (o no) a ver como fueron mutando a lo largo de las décadas gracias -o por culpa- a la literatura o sus diversas versiones cinematográficas, que los terminaron convirtiendo en unos blanditos aristócratas afrancesados o, en su defecto, unos románticos “vegetarianos” que brillan a la luz del sol. Los hay de todo tipo, tamaños y colores, la lista es infinita, pero para reivindicar su supremacía y resaltar sus mejores características, elegimos a diez que sobresalen del resto. A rodearse de cruces, ajos y agua vendita porque se viene un top inmortal y hemoglobínico.

10: Carmilla Karnstein

La clásica historia de Sheridan Le Fanu llega con una versión más morbosa de la mano de la Hammer y la sensual Ingrid Pitt (una de las más famosas “screan queens” británicas). Una fémina chupasangre que acá explota el mito erótico y se despacha con algún tímido desnudo (bueh, no tan tímido) en medio de una apacible aldea de la Alemania del siglo XIX. “Las Amantes Vampiro” (The Vampire Lovers, 1970) marca el comienzo de la decadencia del clásico estudio inglés, que empezaba a dejar su esencia espeluznante y gótica de lado para incorporar mucho más gore, desnudez y subtexto lésbico.

9: Martin Madahas

Un día George A. Romero dejó de lado los muertos vivos y se metió con los colmilludos. Ok, tal vez se pueda discutir si este muchacho es un vampiro o sólo un inadaptado con una incontrolable sed de sangre que, a falta de colmillos, usa hojas de afeitar para rebanar a sus víctimas y juntar hemoglobina. John Amplas le da vida a este psicópata con “Síndrome de Renfield” recién llegado de la ciudad a un decadente pueblito de Pennsylvania donde tratará de salvar su alma y refrenar sus impulsos buscando alternativas menos sangrientas. “Martin, el Amante del Terror” (Martin, 1976) tiene el característico tratamiento realista del director –aunque no le falta gore ni sátira social- y es su primera colaboración con el mago de efectos especiales Tom Savini.

8: Condesa Bathory

Sin dudas, Delphine Seyrig es una de las vampiras más glamorosas y sensuales de la historia del cine. Una Marlene Dietrich chupasangre que exuda sexualidad por todos sus poros, pero mata con la brutalidad de la peor de las bestias. La señora cruza su camino con una parejita en un resort de Bélgica y no puede evitar obsesionarse con la joven fémina, es que no es tan fácil mantener toda esa belleza sin la ayuda de un chapuzón en la sangre fresca de una virgen. “Daughters of Darkness” (Les lèvres rouges, 1971) es un atrevido relato erótico que reflexiona sobre la dominación sexual, basado muy libremente en “Carmilla”, la novela de Sheridan Le Fanu escrita en 1872.

7: Severen

Cuando Kathryn Bigelow no encontró el apoyo financiero para realizar el western que tenía en mente, decidió redefinir las características propias de este género y combinarlas con una clásica historia de chupasangres. En “Cuando Cae la Oscuridad” (Near Dark, 1987) un joven pueblerino debe unirse de mala gana a una banda de vampiros sureños que deambulan por las carreteras haciendo de las suyas. Severen (Bill Paxton) es, sin dudas, el más antisocial y sociópata del grupo, una sádica criatura que no sólo gusta de asesinar y jugar con sus victimas, sino que disfruta con ansias de cada momento del proceso.

6: Miriam Blaylock

En “El Ansia” (The Hunger, 1983) Catherine Deneuve se convierte en una glamorosa y taciturna (también fría y calculadora) chupasangre de Manhattan, una elegante e inmortal coleccionista de arte antiguo, pero también de las almas de sus amantes a través de centurias. Para ella, el líquido vital es tan importante para subsistir como el amor, la soledad tan mortífera como una estaca y su belleza glacial, el arma más sofisticada para atraer a sus “víctimas” a este intrincado y oscuro juego lleno de sed de sangre y de encuentros sensuales y sexuales entre todos y todas.

5: Marlow

Danny Huston le pone el cuerpo y los colmillos al bestial, desenfrenado y psicótico líder de un clan de vampiros que deciden invadir el apacible pueblito de Barrow (Alaska) donde, una vez que empieza el invierno, el sol se pone y no vuelve a salir en los próximos treinta días. A Marlow y sus sádicos muchachos les gusta jugar con la comida, no suelen convertir a sus víctimas, pero sí chuparles hasta la última gota de hemoglobina. “30 Días de Noche” (30 Days of Night, 2007) utilizó más de cuatro mil litros de sangre, este terrorífico opus se lo tenemos que agradecer al director David Slade y a su productor, un tal Sam Raimi, que adaptaron el cómic homónimo de Steve Niles y Ben Templesmith.

4: David

A Kiefer Sutherland le pintaba la actitud violenta mucho antes de interpretar a Jack Bauer. De la mano de Joel Schumacher y “Que No Se Entere Mamá” (The Lost Boys, 1987), crearon la figura de culto del nuevo vampiro adolescente, un ícono de la generación MTV que influenciaría a toda la mitología chupasangre moderna. El rebelde ochentero sin causa, pero con actitud y sensibilidad punk/rock, costumbres quirópteras, estilo de vida hedonista y ese peinadito a lo Billy Idol, acompañado del clásico atuendo de cuero y la motocicleta propia del líder de la bandita local de una ciudad costera de California, gustoso de aterrorizar a los nuevos jovenzuelos que arriban al lugar.

3: Eli

Hay un abismo entre la clásica figura del chupasangre y la pequeña Eli (Lina Leandersson) de “Criatura de la Noche” (Låt den rätte komma in, 2008). El director Tomas Alfredson retrata la angustia y el amor adolescentes entre esta pequeña vampiro que no puede escapar a sus sangrientos impulsos naturales y su solitario vecinito víctima del Bullying. Los desolados paisajes de los suburbios de Estocolmo son el marco ideal para la adaptación de la novela de John Ajvide Lindqvist, un violentísimo y apesadumbrado relato que se aleja de las convenciones del género vampírico, para enfocarse en la relación de estos dos personajes y todas sus dudas, su curiosidad y sus deseos.

2: Graf Orlok

El director F. W. Murnau quería adaptar la clásica novela de Bram Stoker, pero como no consiguió los derechos decidió filmar su propia versión que, aunque guarda grandes similitudes con la del conde, difiere bastante de su visión más romántica. La historia de “Nosferatu” (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) -interpretado por el genial Max Schreck-, esta criatura deforme y cargada de simbolismo que siembra la muerte y el terror a su paso, es uno de los mejores ejemplos del mito vampírico y máximo exponente del Expresionismo alemán, que viene creando sustos y alegorías desde hace casi un siglo. En 1979 Werner Herzog decidió recrear artísticamente la clásica criatura del director alemán y, de la mano de Klaus Kinski, se despachó con “Nosferatu” (Nosferatu: Phantom der Nacht).

1: Drácula

Hay vampiros más sexys, más longevos y, por supuesto, más brutales, pero ninguno iguala la figura del mítico conde transilvano en (casi) ninguna de sus personificaciones más clásicas. Complicado elegir a uno sólo, pero nos quedamos con el gran (de pie por favor) Christopher Lee que supo interpretarlo en diez ocasiones, inaugurando con “Dracula” (1958) una serie de películas de la Hammer basadas en el legendario personaje creado por Bram Stoker, mucho más gótico y sangriento. Lee es todo un caballero inglés que derrocha hemoglobina y hace gala de toda su sexualidad, de forma mucho más explícita que el resto de sus congéneres americanos. Toda una marca registrada de las obras salidas del estudio británico que supo revitalizar el género a partir de mediados de los cincuenta. Mención especial para la enigmática criatura interpretada por Bela Lugosi en “Drácula” (Dracula, 1931) y al misterioso y seductor Gary Oldman en “Drácula, de Bram Stoker” (Bram Stoker's Dracula, 1992).


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