Trucos para llegar a viejo

Mirar los pechos a las mujeres, hablar mucho con mamá, ver comedias o hurgarse en la nariz son modos contrastados por la ciencia para alargar la vida





Ser cura
¿Ciencias o letras? ¿Derecho o Medicina? ¿Qué profesión elijo? No descartes ser cura. Es de las pocas profesiones sin paro, y aunque el sueldo es más bien cortito, tiene una compensación: la esperanza de vida es unos cuatro años superior a la del resto de trabajos. Se supone que para la otra esperanza de vida, la eterna, tienen influencia, por eso de haber trabajado un montón de años en la empresa del patrón. Porque en este gremio no hay jubilación anticipada, como en la Banca. Los curas se retiran a los 70 años, y los obispos a los 75. Curiosamente, estos viven más incluso que sus subordinados. Vistos los datos, alguno pensará que la clave de la longevidad está en jubilarse muy tarde (la vida laboral de un obispo puede llegar a los 50 años), pero, según los expertos, la razón de la alta esperanza de vida del clero se relaciona más bien con factores como la ausencia de estrés, llevar una vida ordenada y dedicarse a una profesión vocacional.



Leer
“Un libro alarga la vida”. Le ofrecemos el lema al Ministerio de Cultura para la próxima campaña de difusión de la lectura, y renunciamos a los derechos de autor. Pocas veces un eslogan podría ser tan certero, porque, según los médicos, después del tabaco el factor que más contribuye a la longevidad –en este caso, para bien– es la comprensión lectora. Tanto que las personas que no culminan el bachillerato viven nueve años menos que los que completan este nivel, según una investigación de la Universidad de Chicago. Siguieron durante seis años a más de 3.000 pacientes mayores de 65 años, y comprobaron que la mortalidad se cebó en los de menor nivel de estudios (39%) frente a los mas instruidos (19%). El estudio atribuye esta diferencia a la habilidad para leer, procesar y entender información básica sobre salud. Los médicos la llaman “alfabetización en sa­lud”; traducido al español políticamente correcto y cursi, “cultura de la salud”. El autor de la investigación, David Baker, considera tan importante este factor que ha diseñado un programa para enseñar a sus compañeros a olvidarse de la jerga médica cuando se dirigen a los pacientes y, entre otras cosas, les ayuda a traducir los términos que suelen usar. Por ejemplo, se entiende mejor azúcar que glucosa.



Practicar ¡sexoooo!

Esta es la clave para retrasar el envejecimiento; tan importante resulta que es uno de los pilares de las terapias antiaging, tan de moda. “Es la actividad fisiológica que mas positivamente influye en el ánimo y en el bienestar de la persona, porque, entre otros efectos, el sexo mejora el sistema inmunitario”, según Manuel Castillo, catedrático de la Universidad de Granada. Y además, no hay limitación en la dosis. Si se prescribiera por escrito, en la receta se leería algo así como “a discreción”. Dicho de otra forma: cuantos más orgasmos tengamos, mas años viviremos. Y no porque sirva para bajar peso (las calorías que se pierden son irrelevantes, salvo que el orgasmo dure varias horas). Un estudio publicado en el British Medical Journal asegura que los que disfrutan de una vida sexual activa tienen una especie de seguro de vida. George Dawey-Smith y sus colegas de Bristol lo han comprobado con 918 varones cuya salud han chequeado durante 10 años. Los resultados hablan por sí solos: “La probabilidad de morir se reducía a la mitad entre los que practicaban sexo dos veces por semana frente a los que solo lo hacían una vez”. Y además de vivir más, los 918 investigados fueron los “conejillos de Indias” más felices del mundo.



Ganar el nobel
Este premio es el mejor colofón para cualquier currículo, y una foto al estilo Cela-Castaño marcándose un vals queda bien en cualquier sitio. Pero lo mejor del galardón no es esto, ni siquiera los 10 millones de coronas (1,5 millones de euros) que se embolsan los laureados, sino la garantía de longevidad que supone obtener dicho premio. Según un estudio de la Universidad de Warwick, Reino Unido, los galardonados con el Nobel viven una media de 1,5 años más que quienes han sido simplemente nominados. Así que en esta carrera lo importante no es participar; para vivir más años hay que ganar. Según el autor de la investigación, Andrew Oswald: “El estatus funciona como una especie de magia que da salud”. Desde luego, lo fue para los 135 galardonados que obtuvieron el premio entre 1900 y 1950: vivieron una media de 77,2 años. Aunque, echando un vistazo a los Nobel patrios de la época, la cifra no es para tanto. Vivieron 83 años como media. Claro, que la muestra no es muy representativa, porque en esos 50 años solamente tuvimos dos galardonados: Santiago Ramón y Cajal, que murió con 82 años, y José Echegaray, quien llegó a celebrar su 84º cumpleaños.