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Tsutomu Miyazaki "El otaku asesino"


Este asesinó japonés nació con una deformidad en las manos que lo acomplejó e hizo ser marginado, además de que tenía un miembro anormalmente pequeño, por lo que evitaba a las mujeres. Refugiado en el anime, los cómics y la pornografía, su único vínculo cálido era su abuelo, por lo que al morir éste, él se convirtió en asesino necrófilo de niñas…


La bestia detrás del otaku

Entre 1988 y 1989, Tsutomu mutiló y mató a cuatro niñas, de cuatro a siete años; después abusó sexualmente de sus cadáveres y, con su tercera y cuarta víctima, devoró partes de los cuerpos…

Durante el día, Miyazaki era un hombre tranquilo, y un empleado afable y obediente, pero ese mismo otaku descente y aparentemente inofensivo, fue el monstruo que seleccionó más o menos de forma azarosa a cuatro inocentes niñas, siendo incluso tan cruel que, con el mismo cinismo burlón con que Albert Fish envió una carta a la madre de una de sus víctimas, mandó cartas a las familias de las víctimas, describiendo mórbida y detallosamente lo que hizo en cada caso…


Crónica de los horrores de Miyazaki

Poco después de las 3 pm del 22 de agosto de 1988, la pequeña Mary Konno de cuatro años de edad, salió de su casa ubicada en el complejo de apartamentos Iruma, en Saitama. Ella supuestamente iba a jugar con una amiga, pero ya eran las 6:23 pm y no regresaba, por lo que su padre, el arquitecto Shigeo Konno, llamó a la Policía para notificar su desaparición, sin saber que, mientras alguien atendía su llamada, su hija estaba siendo estrangulada a unos 50 kilómetros, en medio del silencio cómplice de los árboles…

Volviendo en el tiempo, Mary estaba caminando en medio del complejo de apartamentos a inicios de la tarde, cuando de pronto un Nissan Langley se detuvo cerca, el vidrio del conductor se bajó y un hombre joven de mirada apacible le preguntó: “¿No te gustaría ir a un lugar más fresco?”. Hacía sol, así que Mary asintió con la cabeza y se sentó junto al desconocido.

En su gran inocencia, Mary jugaba alegremente con los botones de la radio del coche, mientras Tsutomu avanzaba hacia Hachioji, al oeste de Tokio. Justo antes de llegar al puente Musashino, Tsutomu giró a la derecha, en dirección a Itsukaichi.

Había transcurrido una hora cuando Tsutomu se detuvo en un estrecho camino tierroso, en medio de los bosques que rodeaban la central Shintama, un complejo de adusta apariencia, que se alzaba en medio de la vegetación cual si fuera una inmensa y profética lápida.

El hombre y la niña se bajaron del coche y caminaron, hasta donde comenzaba el camino a Komine Pass, por un sendero montañoso rodeado de árboles hinoki y sugi. Las cigarras saltaban por uno y otro lado y el ruido de las palomas se escuchaba en medio de aquel verdor impregnado por un calor sofocante. En este punto cualquier criatura habría corrido o llorado, pero el corazón de Mary era tan blanco como las nubes, y ésta siguió caminando con el monstruo hasta que, tras unos 20 o 30 minutos, ambos se sentaron al borde del desolado sendero.

Mary estaba cansada y algo perturbada, de modo que empezó a sollozar. Tsutomu entró en pánico: ¿qué pasaba si la niña gritaba y alguien venía? Para prevenir eso, mejor era matarla de una vez, así que el monstruo colocó las manos en el cuello de la niñita mientras el rostro de ésta esbozó una mueca de pánico antes de congelarse para siempre… Moría la niña y nacía el asesino de 26 años, quien ahora tomaba el cuerpo inerte de la pequeña, lo desnudaba, lo acariciaba con lascivia, incapaz de sentir remordimiento o pesar alguno… Finalmente tomó las prendas de vestir de la niña, la dejó en posición de reposo y regresó a su coche.

Después de su desaparición, los patrulleros de la Policía advertían con altavoces a los padres sobre el peligro de no mantener vigilados en todo momento a sus hijos pequeños. A pesar de que fue etiquetado oficialmente como un caso de desaparición, desde el principio la Policía inició la investigación como si de un asesinato se tratase.

La búsqueda infructuosa de Mary Konno finalmente disminuyó después de cuatro semanas; pero, apenas transcurridas dos semanas desde el decline de la búsqueda, Tsutomu volvió a cobrarse una vida inocente la tarde del 3 de octubre de 1988, cuando vio a la niña Masami Yoshizawa de siete años caminando al borde de una carretera ubicada en la prefectura de Saitama. Entonces la convenció de subir al coche y se dirigió a las colinas de Komine Pass, donde cometió su primer asesinato. Allí, viendo que no hubiera ningún testigo y en un momento en que la niña estaba desprevenida, el asesino le apretó el cuello, la desnudó una vez muerta y abusó sexualmente del cadáver; sin embargo, se llevó un gran susto al ver que el cuerpecito de la niña, aparentemente inerte, se estremeció súbitamente. En ese momento no pudo seguir, y aterrado corrió al coche y se marchó antes de que el sol cayese, dejando el cadáver de Masami a una distancia aproximada de apenas 100 metros del cadáver de Mary.

Tras reportarse la desaparición, grupos de búsqueda locales se repartieron por toda la zona, y pronto la cara de Masami apareció en cientos de carteles emitidos por la Policía, que terminaría entrevistando a unos 2.300 residentes locales. Otra vez más, no se encontraron pistas sobre el paradero de la víctima.

El 12 de diciembre, el asesinato de una niña de cuatro años de edad, originaria de Kawagoe, haría la diferencia y pondría a Tsutomu en peligro de ser capturado, en gran parte porque el cadáver aparecería poco después del asesinato, y eso desataría una enorme cacería policial bajo la sospecha de que también Mary y Misami habían caído por la misma causa: un asesino serial de niños…

Y es que Tsutomu nunca había mostrado mucho aprecio por la vida: ya antes, había estrangulado un perrito con alambre, lanzado al río un gato y hervido en agua a otro… Como explicó el Dr. Oda, su inmersión en el insano mundo de cierto tipo de vídeos, le había “quitado la conciencia de la realidad”, de modo que “todo se convirtió en un elemento para él, incluyendo a las personas”, por lo que a fin de cuentas, “las niñas que mató no eran más que personajes del libro de comics de su propia vida”…

El caso del 12 de diciembre antes aludido era el de Erika Namba, quien regresaba de la casa de un amigo cuando el asesino la metió en su coche y, sin hacer caso de sus lágrimas, condujo hasta el área de aparcamiento de la Casa de la Joven Naturaleza, en Naguri. Allí, Tsutomu obligó a Erika a desnudarse en el asiento trasero, y empezó a fotografiarla con luz estroboscópica, hasta que otro coche pasó cerca, iluminando momentáneamente el rostro de Tsutomu y haciendo que Erika solloce de nuevo, cosa que encolerizó al asesino, el cual la estranguló, quitándole la vida a eso de las 7 pm.

Tras matarla, el asesino envolvió cuidadosamente el cadáver en una sábana y lo puso en el baúl del coche, se deshizo de la ropa de la víctima dejándola en el bosque cerca de la zona de estacionamiento, y dejó el cadáver con las manos y los pies atados, a unos 50 km de la casa en donde alguna vez fue una niña alegre y llena de vida…



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