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un lugar peligroso de trabajo


Tres erupciones volcánicas hace 3.500 años crearon seis picos volcánicos en la meseta de Ijen, en la isla indonesia de Java. El paraje es paradójico, vivo y eterno: rocas gigantescas y afiladas buscan las nubes alrededor de un lago inconmovible.


Los trabajadores del volcán cargan con kilos de azufre y pasan junto a las fumarolas volcánicas, donde el sulfuro de hidrógeno y el dióxido de azufre envenenan el aire.


Un trabajador clava su lanza junto a las fumarolas volcánicas, donde el sulfuro de hidrógeno y el dióxido de azufre envenenan el aire que huele a podrido, 40 veces más tóxico que el máximo recomendado en cualquier ciudad europea.


Nadar en esos verdes y azules imposibles sería un sueño, pero los 38.000 millones de metros cúbicos de agua contienen ácido sulfúrico y clorhídrico en concentraciones capaces de disolver ropa, metal y carne humana. El agua del lago ácido más grande del planeta está viva, como el volcán: su PH es como el del líquido de una batería y a veces se acerca a la ebullición y genera enormes burbujas de gas que resultan letales.


Nadie recuerda si fue un turista o un minero a quien se le ocurrió que un pedazo de azufre fuera un souvenir. Los mineros bañan arbustos y piedras en azufre hirviendo y los venden como extrañas esculturas, bonsais de ramas amarillas y tortugas de caparazones minerales.


Los mineros sufren lesiones en las encías, los dientes y la tráquea; bronquitis, asma, enfisema, cáncer... Hasta las lágrimas les duelen, pues el dióxido de azufre en sus ojos crea ácido sulfúrico: escozor durante días y daños a medio plazo. Hay desgaste, cicatrices, llagas en los hombros, cortes en las manos, artrosis, escoliosis… La consecuencia visible de picar y cargar piedra cada día. Dolor cotidiano, un elemento más como el humo, el agua o el azufre.


Cinco céntimos de euro por kilo de azufre: si hacen dos o tres viajes, cargando entre 60 y 80 kilos cada vez, ganan de siete a 12 euros al día, entre 200 y 300 al mes descansando cuatro días. Un salario mísero en Occidente, un sueldo digno en un país donde el 40% de la población vive con menos de tres euros al día


El bambú que se dobla es más fuerte que el roble que resiste. Lo afirma un refrán asiático y, tal vez por eso, una caña de bambú es la que une las cestas en las que los mineros transportan las rocas. Ascienden cráter arriba moviéndose como si no cargaran 70, 80, 90 kilos de piedras, como si el bambú no cortara su piel.


Por un sendero esculpido en la roca recorren los 300 metros de desnivel que les separan de las entrañas del cráter. Un camino a los Infiernos con pendientes de hasta el 60% de desnivel.


Entre ocho y diez toneladas de azufre viajan a diario a la gran ciudad, donde el precio se quintuplica. Las aplicaciones del azufre son infinitas: fertilizantes, neumáticos, cerillas, azúcar, jabón, pólvora, pinturas, plásticos, baterías, pesticidas, medicamentos, conservantes alimentarios...
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