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Un recurso viejo y barato: echarle la culpa a otro

Un recurso viejo y barato: echarle la culpa a otro



Cuando las cosas no salen bien, hay un remedio barato: echarle la culpa a otro. Es un recurso viejo pero efectivo. Ni siquiera es necesario que la acusación tenga alguna traza de veracidad. En una comunidad, siempre habrá mucha gente dispuesta a prestar atención a quien critica a los extraños.



El kirchnerismo conoce bien esa estrategia. Empresas, gobiernos y dirigentes de otros países figuran siempre en las actualizaciones de su lista de demonios. Este año, la Presidenta se cansó de esas sutilezas y aburridas clasificaciones y decidió señalar a los "extranjeros" en general. Habló sin demasiadas precisiones de expulsar a los que cometan delitos y luego envió al Congreso un proyecto de Código Procesal Penal que limita ese impulso a las transgresiones menores.

Sergio Berni se encargó también de vociferar esa idea presidencial en cada oportunidad que se descubrió un delincuente con pasaporte de otro país. Lo mismo hicieron el Frente Renovador y el PRO. ¿Importa si el que cometió un delito nació en Almagro o en un barrio de Montevideo?

No existe ninguna estadística confiable -con perdón del término, señores funcionarios del Gobierno- que vincule la llegada de extranjeros con el crecimiento de la inseguridad. Mal que les pese a quienes buscan el rédito fácil, los que rompen la ley somos los argentinos.

No se trata en este caso de dejar de controlar las fronteras: según marcan las leyes, el Estado debe saber qué persona ingresa o se va del país. Incluso, la norma publicada ayer por la Dirección de Migraciones recoge una rutina que aplican muchas naciones. Cualquiera que haya viajado a Europa o Estados Unidos lo sabe. En esos países también los sectores más conservadores piden un incremento de esas restricciones e interrogatorios a los extranjeros.

Allí también hay funcionarios como Sergio Berni y políticos de la oposición que se montan sobre prejuicios prehistóricos para buscar votos. Por suerte esa fue una situación prevista por los redactores del Preámbulo de la Constitución, que en una frase bellísima -al menos para el gusto de este cronista- prometieron asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.




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