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Un relato a prueba de realidades

Hay que reconocerle a Rosendo Fraga que en el tema de los holdouts tuvo una percepción más aguda que el resto de los analistas. Hace tiempo venía diciendo que la señora de Kirchner por lo general hace lo que dice. Sus palabras y sus gestos apuntaban al default, pero a muchos nos parecía que al final se detendría antes de chocar contra la pared.



Por Jorge R. Enríquez

"Todos los incurables tienen cura cinco segundos antes de la muerte".

Pero el kirchnerismo es un incurable sin cura. Enredado en el laberinto de su relato, no vacila en exponer al país a graves consecuencias con tal de mantener esa épica de café con la que su líder quiere ser recordada. Como Luis XV, la presidente podría decir: "Después de mí, el diluvio".

Flaco favor les hace a los candidatos de su corriente política. Pero no es improbable que prefiera que ellos pierdan. Para un peronista, cuando de disputar el poder se trata, no hay nada peor que otro peronista.

Para edificar esa épica, apela a lo peor del nacionalismo bananero. Explota el sentimiento antinorteamericano y convierte al juez Griesa en el Enemigo Público N° 1.

Nadie dice que la situación generada sea fácil de resolver. Hemos señalado repetidamente que la ausencia de normas concursales internacionales para las deudas soberanas es un problema que genera situaciones de desigualdad. Que un holdout cobre el 100% de su crédito y quien aceptó el canje un porcentaje mucho menor es injusto. Pero los bonos emitidos por el gobierno de Néstor Kirchner establecieron que en caso de conflictos intervendría la justicia de Nueva York. Griesa no cayó de un paracaídas desde un avión militar norteamericano. Es el juez que nuestro país eligió.

Por otro lado, nada hizo Griesa muy distinto de lo que cabe esperar de un magistrado de los Estados Unidos. Se sabe que en ese país el respeto por la propiedad y por los contratos es casi sagrado. Gracias a esa cesión de jurisdicción, los acreedores no exigieron un mayor interés.

Por lo tanto, justo o injusto, el fallo de Griesa fue dictado en ejercicio de la jurisdicción que le reconoció la Argentina. Es, además, un fallo firme, que fue confirmado en su momento por una Cámara de Apelaciones por unanimidad. Entonces, lo determinado por ese fallo es de cumplimiento obligatorio para nuestro país.

El gobierno acusa al “Special Master” designado por Griesa de parcial y le da lecciones sobre cómo debe comportarse un mediador. Pero un "Special Master" no es un mediador. Lo he señalado en reiteradas oportunidades veces y ahora se advierte que no era por un excesivo prurito semántico. El Special Master es un funcionario designado por un juez para asistirlo en la ejecución de sentencias especialmente complejas. No hay equivalente en el derecho argentino; de ahí que los medios lo mencionen como mediador.

La diferencia es sustancial. Un mediador ayuda a acercar a las partes de un conflicto. Es en la etapa en la que existe todavía incertidumbre sobre los derechos en pugna. Se trata de derechos dudosos o litigiosos. De ahí que exista un ancho campo (tanto más ancho cuanto mayor sea esa incertidumbre) para alcanzar acuerdos conciliatorios.

No es ese el escenario en el que interviene Pollack. Aquí estamos frente a un fallo firme. Los holdouts vencieron y cuentan con un derecho consolidado. El Special Master puede ejercer alguna forma de mediación, pero no en cuanto a la existencia del derecho, sino solamente respecto de la forma y el plazo de pago.

Este es el marco real de lo que sucede en Nueva York. Lo demás es pura fantasía.


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