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Una aplicación móvil que permite tener encuentros sexuales

El fenómeno no escapa a esta ciudad, donde hombres y mujeres de todas las edades la utilizan en busca de romances fugaces, noviazgos soñados o simples encuentros sexuales.

Desde el celular. La aplicación permite buscar pareja en un radio cercano al domicilio.

La aplicación móvil Tinder se convirtió en poco tiempo en la herramienta más utilizada para conseguir citas. El fenómeno no escapa a la ciudad de Rosario, donde hombres y mujeres de todas las edades la utilizan en busca de romances fugaces, noviazgos soñados o simples encuentros sexuales. Jóvenes rosarinos contaron a La Capital sus experiencias con el programa que asegura ser “igual que la vida misma, pero mejor”.

   La consigna es simple: instalar el programa, conectar con el perfil de Facebook y establecer un mínimo criterio de búsqueda basado en la orientación sexual, la edad y la distancia de rastreo. A partir de allí, empieza el show. Tinder comienza a mostrar acotados perfiles compuestos por nombre de pila, edad, amigos en común, intereses y algunas fotos. El usuario va eligiendo corazón (si le gusta) o cruz (si lo descarta). Las chances de quedar expuesto son nulas, porque a menos que dos usuarios se aprueben mutuamente, ninguno se enterará. En caso de correspondencia, el programa anunciará la buena noticia y habilitará una ventana de chat para que los dos puedan comunicarse directamente.

   Encontrarse o no físicamente será decisión de la pareja, aunque ambos sabrán de antemano que fueron elegidos por el otro. “A diferencia de otras aplicaciones, ahí todos sabemos que nadie busca construir una amistad, aunque finalmente pueda suceder. Es un programa que propone claramente promover encuentros que buscan conectar primero con lo sexual y después con el resto”, opina Nicolás (26), quien asegura usar Tinder desde 2014 con resultados más que satisfactorios. Igual aclara que “si tu fuerte está en el chamuyo y no en la cara, es probable que no sea tu salvación, aunque no está de más probar suerte una vez por día”.

   Los perfiles van pasando uno a uno y el usuario puede ir aprobando o descartando según sus gustos, como si fuera eligiendo figuritas de un álbum. “Me gusta sentirme por un momento el juez de la belleza”, confiesa Franco (29), al tiempo que destaca que Tinder “es una buena primera herramienta para conocer gente, pero yo siempre pido el Facebook de la persona, porque muchas veces 3 o 4 fotos te engañan”.

A tener en cuenta. Los recaudos a la hora de concretar los encuentros pueden ser similares a los tomados en una cita a ciegas tradicional: uno nunca tiene la certeza sobre quién es la otra persona hasta tanto la conoce.

   Hoy Mariana (24) está en pareja con alguien que conoció por Tinder, pero antes del primer contacto físico sus amigas le preguntaban si estaba segura de hacerlo. “Me decían si no tenía miedo que fuera un violador o asesino, pero yo les respondía que si así fuera siempre; Tinder no tendría tantos usuarios”, señala.

La primera cita. Aunque no sabe si lo suyo terminará en casamiento, Natalia (32) asegura que su experiencia fue “la mejor” de su vida. Se eligieron, el programa les habilitó la conversación privada y a partir de allí se escribieron todos los días (“cada noche era esperada con ansias porque era nuestro momento”, recuerda nostálgica), hasta que acordaron verse un sábado.

   “Previo a vernos me puse nerviosa y tomé varias medidas precautorias”, dice antes de confesar que una amiga la acompañó a la cita para tomar nota de la patente del auto del muchacho. “Cuando nos vimos fue muy loco, porque le sentí hasta la energía que tenía, hablamos como nunca lo hice con nadie. Luego de la cena me invitó a su casa, y aunque no me gustó la idea en principio terminé accediendo, y juro que pasé la mejor noche de mi vida”, afirma.

   Los encuentros no siempre terminan con final feliz: Felipe (30) cuenta que la última vez que acordó verse con alguien, fue una verdadera decepción. “Llegué y me encontré con una chica que era bastante más fea de lo que pensaba. Uno puede esperar que las fotos siempre sean mejores que la realidad, pero en este caso la diferencia era notoria. Ya en el ascensor, antes de entrar a la casa, me quería ir, así que le pedí a un amigo que me llamara y así tener una excusa para irme”, rememora entre risas.

   Sin llegar a historias para el olvido, lo cierto es que muchas terminan el mismo día que comienzan. Así le pasó varias veces a Matías (28), quien conoció a cuatro personas por Tinder, pero con ninguna logró entablar una relación sentimental. “Igual, la aplicación me ayuda a desenvolverme de otra manera con alguien desconocido. Creo que puede servir a personas que les cueste acercarse en un espacio físico para tener una conversación”, explica.

Contrapuntos. Uno de los tabúes que este tipo de programas suele tener se relaciona con las diferencias a la hora de seducir a la otra persona. De a poco, las barreras van cayendo y se entiende que se trata simplemente de una alternativa más dentro del abanico de posibles vías de encuentro. “No creo que Tinder le quite el encanto a la seducción, porque a la hora del cara a cara, no hay tiempo suficiente para pensar cómo responder; como lo hay cuando se usa la herramienta”, opina Mariana.

   Similar pensamiento tiene Emilia (27), quien empezó a usar Tinder en 2014. “Sinceramente no tengo un concepto definido de la seducción, pero aún así no me parece que la aplicación le quite encanto a este aspecto. En mi caso particular yo sólo la utilicé para entrar en contacto con las personas que creí que podían llegar a interesarme, pero de ahí en adelante depende como continúas la conexión con esa persona en particular”, expresa.

   Para Franco, en cambio, no es lo mismo “ganarse una mina” por Tinder. “Cuando te levantas a alguien personalmente, en el cara a cara, te hace sentir más orgulloso, más seductor”, valora.

   Las diferencias entre ambos sexos respecto a la herramienta no difiere sólo en estas valoraciones contrapuestas. Aunque están en igualdad de condiciones frente al programa (además, las estadísticas relevan un porcentaje similar de usuarios), no confiesan un objetivo común. De alguna manera sigue presente cierto prejuicio que coloca a la mujer siempre en búsqueda de una relación más seria y al hombre atendiendo al llamado hormonal.

   “Es gracioso lo que pasa a veces. Me suelo encontrar con los perfiles de vecinas o amigas, pero cuando se los comento en la calle me dicen que estaban usando el Tinder de una amiga”, cuenta Matías.
  No obstante, algo es seguro. La aplicación suma adeptos, conquista mercados y forma parejas. Algunas duran más, otras son esporádicas.

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